Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La OTAN avisa de que una Cataluña independiente saldría de su paraguas

Su adhesión a la organización requeriría el consenso de todos los países

Ampliar foto
El presidente de la Generalitat , Artur Mas.

La Comisión Europea ha dejado claro en numerosas ocasiones cómo actuaría ante la independencia de un territorio de uno de sus 28 Estados miembros. Si Cataluña o Escocia se escindieran de España o Reino Unido, quedarían fuera de la UE, y los nuevos territorios independientes deberían negociar la entrada de nuevo con 28 países, todos ellos con derecho de veto. A este discurso se ha unido la OTAN. Cualquier miembro que aspire a entrar en la organización militar precisa del acuerdo del resto de aliados, señalan en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

“Para que cualquier nación se incorpore a la Alianza necesitaría obtener el consenso de todos los aliados de la OTAN”, aseguró este lunes la portavoz. Tras hacer estas declaraciones, a respuesta las preguntas, insistió en que se trataba de una cuestión hipotética y rehusó dar más explicaciones.

La OTAN no tiene unas reglas claras que marquen qué hacer en caso de la independencia de un territorio de uno de sus países. Todo lo que dice el Tratado del Atlántico Norte firmado en Washington en 1949, es que las partes podrán, por acuerdo unánime, invitar al club a otro país europeo que pueda contribuir a la seguridad del Atlántico Norte. “El Estado invitado puede llegar a ser parte del Tratado si deposita su documento de adhesión al Gobierno de Estados Unidos de América, que informará a cada una de las partes”, asegura el texto fundacional de la OTAN.

Fuentes cercanas a la organización señalan que en la Alianza Atlántica no existe una preocupación especial por la posible independencia de Cataluña o Escocia. Y recuerdan la voluntad de Alex Salmond, ministro principal escocés y líder independentista, de que una Escocia independiente permanecería en cualquier caso dentro de la UE y de la OTAN.

Este debate se une al ya recurrente sobre qué pasaría en la UE y en el euro si uno de sus miembros se desgajara. Distintos representantes de la Comisión han insistido en que los tratados son claros: la pertenencia a la UE es de cada Estado miembro, no de sus partes. El artículo 49 del tratado de la UE establece que cualquier Estado europeo que desee solicitar el ingreso en la Unión debe dirigir su solicitud al Consejo. Este, antes de decidir, debe consultar a la Comisión y pedir un dictamen al Parlamento Europeo, que se pronunciará por mayoría absoluta. Pero el paso decisivo sería el siguiente: el Consejo debería pronunciarse por unanimidad. Es decir, que en una hipotética independencia de Cataluña, España —o cualquier otro de los 27 socios europeos— podría impedir su entrada en la UE. Los nacionalistas arguyen que bastaría con cambiar el tratado, pero aquí tropezarían con la misma piedra: esa modificación también tendría que hacerse por unanimidad. Se abren así las puertas a un divorcio de mutuo acuerdo —como en el caso de Checoslovaquia— pero se bloquea el acceso a la UE cuando la ruptura haya sido a las malas.

Más dudoso sería el camino a seguir en la unión monetaria. Nada está previsto sobre la división de un Estado miembro en plena eurozona. Salmond apuesta por una Escocia que mantenga la libra esterlina. Una Cataluña independiente podría seguir usando el euro como moneda oficial, pero no está claro que pudiera hacerlo como una divisa propia —con todas las ventajas que ello conlleva— o tan solo como una moneda de prestado.