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Duelo de recuerdos

Zapatero publica sus memorias sobre su Gobierno de la crisis que llama "600 días de vértigo"

Solbes habla sobre la desavenencia entre el presidente y el vicepresidente

Merkel, Cameron, Erdogan y Zapatero hablan durante el G-20 de 2011 junto a otros mandatarios. AP

Recuerdos y El dilema son dos visiones en dos periodos dentro de un Gobierno que intentaba sortear una crisis económica monumental e imparable. José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno presenta este martes el segundo título, sus memorias de "600 días de vértigo" al frente de un país al que la canciller Alemana, Angela Merkel, presionó en 2011 para que aceptara un rescate de 50.000 millones de euros. Su vicepresidente económico Pedro Solbes ha publicado este mes Recuerdos (Deusto), donde pone de manifiesto sus desaveniencias con Zapatero y admitió este lunes haberse sentido "totalmente solo" en ese Gobierno que abandonó en enero de 2009, casi tres años antes de las elecciones generales de noviembre de 2011.

Solbes afirmó la semana pasada en una entrevista con este periódico que se fue porque Zapatero y él tenían "una percepción distinta de la crisis". Volvió a la carga el pasado martes cuando, en la presentación de su libro, arremetió contra el "modelo Zapatero" porque "complicó la gestión de la política económica". Este lunes dijo en la cadena SER que cualquier Gobierno es "una coalición" entre el ministro de Hacienda, que debe controlar el gasto, y todos los demás, que quieren gastar, y que "por eso es tan importante la relación con el presidente". Solbes asegura, sin embargo, que no es un ajuste de cuentas con el ex jefe del Ejecutivo. "Es mi historia", matiza, y Zapatero la contrastará a partir de este martes, y defenderá su propia historia.

El libro arranca el 12 de mayo de 2010 con su comparecencia ante el pleno del Congreso, en la que anunció las primeras medidas de recorte: un plan de austeridad para reducir el déficit y alejar el fantasma de un rescate europeo.

Dos años después de la salida del Gobierno socialista de Moncloa, Zapatero es el primer jefe de Gobierno europeo en hacer públicas sus memorias sobre la gestión de la crisis que estuvo al borde de resquebrajar la moneda única. El derrumbe de Lehman Brothers en septiembre de 2008 que precipitó la crisis europea, aceleró también la crisis entre los dos mandatarios que había empezado en la legislatura anterior, según defiende Solbes. Zapatero se había negado hasta dos meses antes pronunciar la palabra "crisis" y creía por entonces que "el pesimismo no crea puestos de trabajo". Solbes lo apoyaba, al menos en público: "Es enormemente exagerado hablar de crisis. Estamos lejísimos", decía en mayo. Pero según la versión del exvicepresidente, Zapatero dio un portazo a sus propuestas económicas: "Le planteé la opción de marcharme antes de las vacaciones de Navidad de 2008 y le dije que le llevaría un papel con las cosas que yo creía que tenía que hacer. Su respuesta fue que ese papel llevaba implícitas dos huelgas generales, y entonces di por supuesto que yo allí no pintaba ningún papel. Por tanto, a partir de ese momento mi sensación fue que los problemas ya no eran míos, sino que solo me quedaba esperar a ver cuándo me cambiaba", declaró en la entrevista a EL PAÍS.

Merkel presionó a Zapatero para que pidiera el rescate en 2011

Dos años después, Grecia, Irlanda y Portugal habían sido rescatados y España e Italia estaban en el centro de todas las miradas. Zapatero había anunciado el 31 de julio que adelantaba las elecciones generales "para que otro Gobierno diera certidumbre". Y el Parlamento había modificado la Constitución para limitar el techo de déficit. En ese contexto, y a dos semanas de las elecciones, la cancieller alemana, Angela Merkel, se acercó a Zapatero para que presionarle para que pidiera el rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI), según los extractos de El dilema (Planeta) adelantados ayer por la agencia Reuters. 

El encuentro fue fugaz, pero rotundo. "Me felicitó cordialmente y casi sin ninguna introducción, formuló una propuesta sobre la que no habíamos recibido ninguna explicación", relata Zapatero sobre esa conversación, antes de la cumbre del G-20 celebrada en Cannes en noviembre de 2011. "Merkel me preguntó si estaba planteándome pedir una línea de crédito preventiva de 50.000 millones de euros al FMI, mientras otra de 85.000 millones sería destinado a Italia", continúa. "Mi respuesta también fue directa y clara: No (...) El poco tiempo que duró la interpretación pareció alargarse para siempre (...) Finalmente, dijo en inglés, mirándome a los ojos: 'De acuerdo. Lo entiendo", puntualiza Zapatero, que cuenta que durante la conversación intentó convencer a Merkel de que España todavía estaba capacitada para financiarse en los mercados por sí misma y que había tomado las medidas acordadas con otros líderes europeos para restaurar la confianza de los inversores.

El ex jefe del Gobierno recuerda en el libro la tensión que vivió durante esa cumbre, marcada por el fantasma de la desaparición del euro. Describe el pánico extendido entre los altos cargos europeos, estadounidenses y los directivos del FMI ante la respuesta de los mercados a los acuerdos adoptados ese fin de semana, con la mirada de "la fortaleza sitiada por los mercados" –como define Zapatero el palacio del festival de Cannes, donde se celebró la reunión– puesta sobre España e Italia para evitar que la crisis de la deuda soberana se extendiese a otros países.

Zapatero admite también en sus memorias, que presentará en Madrdid junto al ex primer ministro británico Tony Blair, que fue un error negarse a utilizar la palabra "crisis" hasta 2008, aunque defiende que hizo "lo correcto" para España. En mayo de 2010, dice, el dilema era "recortar o alimentar la espiral de la falta de solvencia. No había un camino intermedio", avanza EFE. "En poco más de un año pasé de presidir un país que creaba empleo sin cesar, a un país en el que el paro aumentaba sin freno. El cambio de tendencia era tan brutal que costaba asumirlo, y desde luego me provocaba un pesado y doloroso sentimiento de responsabilidad", se lamenta el ex primer ministro que, como Solbes, justifica sus decisiones pero declina dar recetas para un problema que ha dejado atrás.