Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

El más malo de la película

La actitud de Thierry hizo ver a muchos en la izquierda ‘abertzale’ que ETA estaba acabada

Durante estos días se está proyectando en el País Vasco Memorias de un conspirador, un documental basado en el libro Confesiones de negociador en el que Jesús Eguiguren narra el proceso de final dialogado del terrorismo etarra de 2006-2007 y en el que Javier López Peña, Thierry,encarna la figura del que la rompió.

Eguiguren cuenta con detalle una cena con Thierry en diciembre de 2006 en Oslo, cuando el proceso estaba al borde del abismo, en el que el entonces jefe político de ETA le llegó a pedir que le pusiera al teléfono con José Luis Rodríguez Zapatero para salvar la situación que, a juicio del etarra, pasaba nada menos que por la concesión del derecho a la autodeterminación al País Vasco y la celebración de una consulta para unir la comunidad vasca con la navarra a plazo fijo.

Aquel personaje disparatado era Thierry. Su aparición en septiembre de 2006 en la mesa de reuniones entre ETA y el Gobierno de Rodríguez Zapatero para negociar un acuerdo de paz por presos —como habían acordado en su hoja de ruta previa Eguiguren y Josu Urrutikoetxa, Josu Ternera— supuso la muerte del proceso de paz. Thierry desplazó a Urrutikoetxea. Se saltó la hoja de ruta de paz por presos e intentó imponer la agenda política de ETA, a lo que Eguiguren y demás representantes del Gobierno se negaron en redondo. Thierry encarnó la muerte de aquel proceso. Fue el más malo de la película.

La narración de Jesús Eguiguren ha permitido conocer a numerosos miembros de la izquierda abertzale el papel que jugó Thierry durante aquel proceso, y no son pocas las gentes de esa ideología que lo lamentan. Aquella ruptura por parte de ETA trajo 11 asesinatos más y una oportunidad de oro perdida para la izquierda abertzale y para los presos de la banda. Pero Thierry no actuaba solo, lógicamente.

Posteriormente a su detención en Burdeos (Francia) en mayo de 2008 se pudo saber que había otros —Garikoitz Aspiazu, Txeroki y Mikel Carrera, Ata, jefes del aparato militar— que estaban en posiciones aún más radicales que Thierry.

A Thierry incluso le expulsaron de ETA, por “blando”, cuando estaba en la cárcel. Lo que da una idea del grado de degeneración, disparate e irrelevancia política a la que había llegado la banda terrorista.

Eguiguren cree hoy que aquella cena en Oslo, en diciembre de 2006 a iniciativa de Thierry, fue un intento a la desesperada del jefe político de ETA de salvar aquel proceso a su manera pasando de la amenaza —“si se rompe el proceso, esto va a ser Vietnam”— al disparate, como cuando le dijo a Eguiguren que él defendía que de la cárcel tendrían que salir antes los presos con delitos de sangre que los de la kale borroka.

El conocimiento de estos comportamientos por la izquierda abertzale ha contribuido a convencer a su gente de que ETA, además de lo injustificado de sus asesinatos, estaba acabada. Thierry ha muerto en una cárcel francesa en la mayor irrelevancia política.