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ANÁLISIS

¡Menudo lío!

La centralidad política catalana se ha visto desplazada hacia el independentismo

Este es el resumen de la manifestación más masiva que se recuerda en Cataluña

Punto y aparte. La centralidad política catalana se ha visto desplazada hacia el independentismo. Este es el resumen de la manifestación más masiva que se recuerda en Cataluña. Ello es la consecuencia del gran desencanto que supuso el portazo al esforzado proceso de reforma del Estatuto. La evidencia de cómo el anticatalanismo era utilizado sin escrúpulos. La constatación que no hay voluntad política de arreglar el desaguisado que supone que la ordinalidad en la generación de riqueza no quede alterada tras las transferencias entre comunidades (como ocurre en Alemania). Y el gran cabreo general que genera la crisis y el cambio de época. La marea civil ha pasado por encima de los partidos políticos con una iniciativa que ha ilusionado a mucha gente, a pesar de que los tiempos no estén para mucho soberanismo. La manifestación presentaba una gran transversalidad social y territorial. Sin duda, no reflejaba a la sociedad catalana con toda su complejidad. Pero eso no puede restarle fuerza ni significación. En todo caso, supone un elemento más para un futuro lleno de interrogantes.

Los dos grandes partidos españoles no han atendido las repetidas señales que les iban llegando sobre cómo se quemaban etapas, y de lo que iba suponiendo la falta de reconocimiento tanto de la identidad nacional catalana, como de los graves desequilibrios en las balanzas fiscales. Rajoy hablaba anteayer de lío y de algarabía para referirse a lo que se avecinaba. No hizo nada para evitarlo, y ahora no le quedará más remedio que afrontar las consecuencias de su repetida indiferencia y hostilidad. El PSC, atrapado en su laberinto, insistía hace unos días en pedir al PSOE que “abrazara” la causa federal. Una causa en la que apenas ya nadie cree en Cataluña.

¿Y ahora qué? Me temo que ni el rescate ni el pacto fiscal sirvan para detener esa marea. Empieza una nueva y difícil etapa. Una etapa que otros países han abordado con más previsión y sensatez. En Quebec llevan ya dos referéndums y nadie se rasga las vestiduras cuando se insiste en el tema. En Escocia, una comisión del Parlamento británico y otra del escocés están discutiendo la pregunta que servirá para plantear el referéndum sobre la posible secesión. El marco europeo en el que se sitúa la reivindicación independentista catalana está clara. Nadie quiere hacer estropicios. Pero los interrogantes son muchos. Es evidente que entre los miles, miles y miles de manifestantes de ayer, la independencia se entendía como respuesta o solución a un sinfín de preguntas y de problemas de orden muy diverso. Y por tanto, en este sentido todo está por aclarar y discutir. ¿Quién capitalizará políticamente el innegable éxito de ayer? ¿Cómo se abordará el diálogo institucional con Madrid y Bruselas? ¿Cómo se combinará la transversalidad independentista con los dilemas ideológicos y de valores que se plantean en temas como trabajo, educación, sanidad o vivienda? ¿Qué modelo de país emergerá? ¿Quién gana y quién pierde con todo ello? Se me dirá en Cataluña, “ya veremos, pero no hay vuelta atrás”. Y en el resto de España, muchos pensarán, “¿pero de verdad ya estamos en ese escenario?” Mi impresión es que sí, pero quizás aún estoy aturdido por tanto lío y algarabía.

Joan Subirats es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona.