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¿Por qué fallaron las encuestas?

El voto oculto del PSOE o la movilización tardía, motivos que apuntan los expertos

Los sondeos no predijeron la resistencia de la izquierda en Andalucía

Javier Arenas, la noche electoral.
Javier Arenas, la noche electoral. El País

Canal Sur. Ocho de la tarde del 25 de marzo de 2012. Cincuenta minutos antes de la difusión de los primeros resultados oficiales, la televisión autonómica inicia un programa especial dedicado a las elecciones en Andalucía. Arranca con una encuesta a pie de urna que otorga al PP entre 52 y 55 escaños y un 42% del voto. En palabras: la excepción ya no es la mayoría simple de Arenas, sino su mayoría absoluta (el parlamento andaluz tiene 109 diputados). Tras semanas de sondeos en sentido contrario, muchos observan con incredulidad los datos. Desde el PP el mensaje es de tranquilidad; fuentes del partido señalan que sus israelitas (como se conocen los sondeos a pie de urna) detectaban un amplio triunfo con 58 diputados. Cuando acaba el recuento, la candidatura encabezada por Javier Arenas obtiene una exigua victoria: se queda con 50 diputados y su porcentaje de votos apenas supera en un punto al PSOE, que obtiene 47 escaños y, con el apoyo de los 12 diputados de IU, la posibilidad de gobernar. ¿Cómo se llegó hasta ese momento? ¿Por qué no acertaron las encuestas?

Los antecedentes

Victoria clara del PP en Andalucía”, tituló el EL PAÍS el pasado 18 de marzo. Ese era el último día en que la ley electoral permitía publicar sondeos prelectorales y este periódico, como otras cabeceras, había encargado el suyo propio. El titular apuntaba en la misma dirección que el resto de la prensa. Y el estudio, encargado a Metroscopia, señalaba que el PP ganaría las autonómicas con más de un 47% de los votos y una proyección de 59 escaños. El PSOE se quedaba con 41 diputados (34,4% del voto) e IU con 9 (8,8%).

Ese mismo día, Abc apuntaba a otra clara victoria de los populares con 58 diputados (47% de sufragios), frente a 43 de los socialistas (35,6%). Tampoco cuestionaba la mayoría absoluta del PP la encuesta de La Razón, que dejaba al partido de Arenas en una horquilla de 55 a 57 escaños (46% del voto) y al de Griñán en 42 o 43 (36,1%). El Mundo situaba al PP por encima del 45% de intención de voto, que se traducía en un mínimo de 54 diputados y un máximo de 57, mientras el PSOE se quedaba en 43 o 44 escaños y una intención de voto del 36%. Ninguno de los tres otorgaba a IU más de 9 representantes, mientras que pronosticaban la entrada de UPyD en el parlamento.

De todos los sondeos publicados en las últimas semanas, sólo uno acertó un dato: el estudio encargado por el Grupo Joly y publicado en sus medios el 12 marzo señalaba, en su proyección más optimista para el PSOE, que podría llegar a 47 diputados, los mismos que finalmente obtuvo. Por lo demás, fue la encuesta del CIS, publicada en la víspera del inicio de la campaña, la que más se acercó en las intenciones de voto a lo que luego sucedió en las urnas, al ser la que menos porcentaje dio al PP y la que más dio a PSOE e IU. Aun así, se desvió 4,24 puntos por encima del voto que luego recibió el PP, y se quedó corta en 1,82 y 2,09 puntos respecto al PSOE e IU.

Las explicaciones

Antonio Vera es el director de Ipsos Opinión, la empresa responsable del sondeo a pie de urna de Canal Sur. Él mismo fue uno de los sorprendidos por el resultado electoral: “Me dedico a esto y creía en las encuestas prelectorales, yo también pronosticaba la mayoría absoluta de Arenas”. Pasadas las horas y digerido el desenlace, Vera apunta las posibles causas: “Reconozco que lo que nos desorientó fue un fenómeno propio de estas elecciones: el voto oculto del PSOE. En Andalucía el voto oculto es tradicionalmente del PP, y nosotros aplicamos correctores reduciendo el resultado que nos sale en el PSOE para compensarlo, es algo sistemático. Pero esta vez ha ocurrido lo contrario: con el escándalo de los ERE y el paro ya no era motivo de orgullo reconocer que se votaba al PSOE”. Pasaron por alto ese voto secreto, pero las israelitas tienen además sus propias debilidades: “Por muy bien que hagas la muestra no consigues el dato real, casi un 40% de gente no contesta a la encuesta. Hacemos estimaciones basadas en trabajos anteriores, tenemos experiencia, nos dedicamos esto desde el año 82”, defiende Vera.

El voto oculto del PSOE es uno de los motivos en el que coinciden los expertos, pero también lo es la movilización tardía de un importante número de electores. “Las encuestas son una foto fija y la gente se mueve. Una movilización en los últimos 20 días como la que se ha producido es muy difícil de detectar”, defiende Carmen Ortega, directora del Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía (Cadpea). La campaña electoral ha influido más de lo que podía parecer. “En los últimos cuatro meses (desde las elecciones generales del 20-N) el PP ha perdido 100.000 votantes al mes”, explica la investigadora, que apunta varias causas al extravío de votos del PP: “Los populares han sufrido un voto de castigo por la política económica de Rajoy y han pecado de exceso de confianza con una campaña de baja intensidad que ha desmovilizado a su electorado”.

“Es la clásica teoría del vagón de los ganadores”, añade Juan Montabes, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada. “El PP no ha mantenido la tensión en la campaña y eso le ha perjudicado”. Dieron la victoria por segura cuando no lo estaba. A ello se une el propio efecto de los sondeos que pronosticaban la victoria arrolladora de Arenas, “las encuestas también influyen”, indica la directora de Cadpea. Una especie de efecto retroalimentado.

Los especialistas arguyen también que los sondeos no erraron, porque acertaron en las tendencias aunque no lo hicieran en el número de escaños. “Las encuestas se mueven entre la realidad y el deseo", apunta Manuel Pérez Yruela, exdirector del Instituto de Estudios Avanzados del CSIC. El catedrático de sociología cree que en este caso se ha producido una “hipervaloración de la parte máxima de la horquilla de escaños que se daba al PP”. El motivo: “Una proyección inconsciente de que el PP iba a arrasar”, concluye. O lo que es lo mismo: nos dejamos llevar por el “morbo” que daba un vuelco histórico en Andalucía.

“Los sondeos no son matemáticas, son probabilidades. Esto ya ocurrió en el 96”, concluye Carmen Ortega. Precisamente una primera página del 26 de febrero de ese año está hoy entre lo más descargado de la hemeroteca de Abc de Sevilla. Anoche circuló en algunas redes sociales. La foto muestra a un joven Arenas –aspirante entonces por primera vez a presidir la Junta de Andalucía- con un titular a tres líneas en el margen superior izquierdo: “Todas la encuestas dan vencedor al PP por amplio margen en las andaluzas”. El socialista Manuel Chaves le sacó entonces casi medio millón de votos y una ventaja de 12 escaños en las autonómicas celebradas, coincidiendo con unas generales, el 3 de marzo de 1996. El mismo día en que Felipe González patentó la expresión de la dulce derrota.