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LA CRÓNICA

Sin espacio para la marcha atrás

El emplazamiento de los sindicatos a negociar la reforma laboral no encuentra eco. El Gobierno admite que no tiene margen de maniobra en este asunto ante la UE

Sin novedades. El día después de las manifestaciones en 60 ciudades de España contra la reforma laboral no cabe esperar una marcha atrás del Gobierno, salvo “mejoras técnicas”, que se sustanciarán en el Parlamento a través de enmiendas de los grupos parlamentarios, y no de todos. El emplazamiento de los dos sindicatos mayoritarios, CC OO y UGT, para que el Gobierno, a ser posible su presidente, les llame para negociar cambios “sustanciales” en la reforma laboral y así desconvocar la huelga del 29 de marzo, no tendrá eco, según reconocen fuentes gubernamentales.

Los interlocutores consultados apelan a la reunión de este lunes en Bruselas con el Eurogrupo, en la que el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, se esforzó hasta la extenuación en asegurar que España no puede ahora cumplir sus compromisos pero lo hará el próximo año. En ese contexto, con la sombra de una sanción a España por la desviación del déficit en 2011 ( del 6% al 8,5 % ) y la imposibilidad de reducir el déficit según lo previsto ( del 4,4% al 5,8%), el Gobierno de España no puede dar marcha atrás en la reforma laboral. Esa es una de las medidas que el Ejecutivo de Mariano Rajoy exhibe como prueba de su indeclinable afán reformista.

Así las cosas, las manifestaciones de protesta y la celebración de una huelga general no conmoverán al Gobierno. “No hay espacio para la marcha atrás”, señalan en fuentes parlamentarias. Los emplazamientos de los sindicatos del día después de las manifestaciones están en el mismo guión que el de la convocatoria de huelga. Lo tienen que intentar como hicieron hace tan solo año y medio. En septiembre de 2010 tras las manifestaciones en contra de la reforma laboral, y antes de la huelga del 29 de septiembre de ese año, las organizaciones mayoritarias de los trabajadores requirieron al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a que negociara la reforma.

No lo hizo. Hubo huelga, y esa reforma siguió en vigor hasta ahora que la ha cambiado el nuevo gabinete con unos parámetros que colocan la legislación laboral en perfecta asimetría a favor de las empresas y en detrimento de la capacidad de influir de los sindicatos y de los trabajadores. Juntos o separados. Las cosas no van a ser ahora diferentes. “Es muy importante la paz social, pero el Gobierno tiene que gobernar pensando en el interés general”. Y ese interés, a decir de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, pasa por la reforma laboral que sin crear empleo a corto ni medio plazo, sentará las bases para que los empresarios puedan contratar cuando la economía se recupere.

Este es el discurso gubernamental, recio, sin titubeos y al contraataque contra los sindicatos y los partidos políticos que se oponen a la reforma, singularmente el PSOE. La presencia de dirigentes socialistas en la manifestación, encabezados por la portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez, aunque no detrás de la pancarta sino filas más atrás, sirven al Gobierno para tirar por elevación, saltarse a los sindicatos, y exigir a Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del PSOE que “desconvoque” la huelga. Todos los testimonios de los partidos de izquierda y de los sindicatos conducen a la autonomía absoluta de las organizaciones de los trabajadores. “No hay unidad de acción en absoluto, esos tiempos ya no volverán”, señalan fuentes sindicales. En estos se aprecia un gran celo por preservar y defender su independencia, aunque en la refriega política el Gobierno lo utiliza contra el primer partido de la oposición. Y este, en efecto , mantendrá su exigencia al Ejecutivo para que negocie con los sindicatos. A Rubalcaba se le escuchará esta petición a Rajoy el miércoles en la sesión de control al Gobierno.

No puede negociar nada. Mírese la imagen del presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, rodeando con sus manos el cuello del ministro de Economía español, Luis de Guindos. Así aprieta Europa.