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Rajoy zanjó el debate entre Economía y Hacienda asumiendo su coordinación

Dirigentes del PP admiten que el presidente asume todo el riesgo de la crisis

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Báñez, Guindos, Pastor, Gallardón, Santamaría, Montoro, Rajoy, Mato, Cañete, Soria, Fernández, Margallo y Morenés. Wert está detrás de Margallo, en La Moncloa.

Mariano Rajoy no es Mario Monti, pero este viernes Soraya Sáenz de Santamaría ha hecho que se le pareciera un poco. El jefe del Ejecutivo italiano se nombró a sí mismo también ministro de Economía. Rajoy no ha llegado a tanto, pero la vicepresidenta fue muy clara cuando se le preguntó por los motivos políticos para la decisión clave del nuevo Gobierno, esto es la de suprimir la vicepresidencia económica y dividir este departamento en dos ministros que, al menos en teoría, tienen exactamente el mismo poder: Luis De Guindos (Economía y Competitividad) y Cristóbal Montoro (Hacienda y Administraciones Públicas).

“No hay un vicepresidente económico pero hay un presidente volcado en esta tarea, en la recuperación económica y en la creación de empleo”, señaló la vicepresidenta primera. “El presidente del Gobierno quiere asumir en primera persona la coordinación del programa económico y las reformas estructurales, y por eso ha decidido presidir la Comisión Delegada para Asuntos Económicos”.

Esta ausencia de vicepresidencia económica, junto al inmenso poder que atesora Sáenz de Santamaría, es una de las claves más comentadas del nuevo Gobierno. Diversos dirigentes del PP coinciden en que fue una de las cuestiones que más debate interno generó. De hecho, Rajoy había asegurado a los periodistas el 6 de diciembre que aclararía la estructura de su Gobierno en el debate de investidura, y no lo hizo. Muchos señalan que estuvo en el aire hasta el último momento.

El vicepresidente más lógico, porque ha sido estos años el portavoz económico, era Montoro. Pero Rajoy no quiso dejar en inferioridad a De Guindos, que no podría negociar en Europa con fuerza suficiente. Y hacer vicepresidente a De Guindos habría quitado fuerza a Montoro y creado problemas en el entorno más inmediato de Rajoy. Así que optó por una solución salomónica, señalan. Pero que tiene sus riesgos.

Rajoy, analizan varios en su entorno, se ha echado el Gobierno y la crisis a sus espaldas. Al hacer un Ejecutivo de gente muy próxima, incluso amigos personales, será responsable de cualquier cosa que salga mal. Además, al asumir en primera persona las decisiones económicas se arriesga a que los problemas le quemen a él. La mayoría de los consultados, incluso los más escépticos, consideran un gesto de valentía por parte de Rajoy esta decisión. Todos tienen claro que no se ha apoyado ni en el partido ni en cuotas territoriales. Ha hecho un Gobierno compacto en el que se la juega a todo o nada, dicen.

La bicefalia De Guindos-Montoro es el centro de todas las conversaciones del PP. Muchos creen que se formarán rápidamente dos grupos. Por una lado, De Guindos y José Manuel Soria, ministro de Industria, que son grandes amigos. Por otro, Montoro y Fátima Báñez (Empleo), también muy cercanos.

“Hacienda tiene un cometido clave, que es el control del déficit, y ahí las relaciones con las autonomías son claves. A Economía le corresponden las medidas económicas pero sobre todo la reestructuración del sistema financiero”, explicó la vicepresidenta.

El asunto de los equilibrios quedó en evidencia en una pregunta a Sáenz de Santamaria: ¿Quién sustituye a Rajoy cuando no pueda presidir la Comisión Delegada? Esto es, ¿quién manda más, De Guindos o Montoro? La vicepresidenta dijo que eso se verá mas adelante con los decretos, pero fue una de la pocas preguntas en las que puso una sonrisa característica cuando entiende que es un asunto delicado y quiere pasar de puntillas. En el resto, mostró una tranquilidad y un aplomo notables.

Sáenz de Santamaría quiso en su estreno demostrar una gran disposición para todas las preguntas de los periodistas. Estuvo casi hora y media y contestó a todo. Era tal vez una compensación por la llamativa comparecencia sin preguntas que hizo el presidente el miércoles en la que se limitó a leer la lista de ministros a toda velocidad.

Siempre con un tono muy pausado, a veces casi en voz baja, tratando de ofrecer una imagen de moderación y de conocimiento de los asuntos tratados, la vicepresidenta quiso ofrecer su mejor cara en su estreno en la sala de prensa de La Moncloa.

Eso sí, evitando en lo posible cualquier polémica. Tanto que incluso cuando se le preguntó por Cataluña, que prácticamente se ha declarado en rebeldía y ha decidido retrasar los pagos al Estado en concepto de retenciones del IRPF y las cotizaciones de la Seguridad Social, se limitó a señalar que espera que sea “una situación puntual y no generalizada”. También dijo que no iba a hablar del PSOE desde esa tribuna. Todo estaba pensado, como parece la tónica del nuevo Gobierno, para bajar el tono de la política española.

Eso sí, la próxima semana el Gobierno empezará a pisar callos. Decidirá qué hacer con el sueldo de los funcionarios —si lo baja será polémico, aunque parece que lo congelará— y qué plazas se congelan para 2012. Sáenz de Santamaría apuntó que se fijará qué porcentaje de maestros, médicos y policías que se jubilen será sustituido, y de casi todo lo demás se congelarán las oposiciones.

En su afán por contentar a todos, la vicepresidenta también dijo, cuando le preguntaron medios de la derecha especialmente interesados en asuntos como el caso Faisán o el 11-M, que el Gobierno ayudará a la justicia. “Colaboraremos para que se conozca la verdad en todos los casos”, señaló. Pero no llegó más lejos, y no parece que estos asuntos, que fueron muy destacados en la oposición, sean prioritarios ahora. También confirmó que se reformará la ley del aborto, pero no dio fecha y tampoco parece muy cercana.

Sáenz de Santamaría defendió que haya solo cuatro mujeres en el Gobierno. “El número no me parece importante. Gracias a Dios en España las mujeres estamos en todos los ámbitos”, remató. En cualquier caso, quedó muy claro que una de las pocas que hay es la que más poder acumula.

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