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Rajoy diseña un programa liberal disimulado con propuestas imprecisas

Habrá privatizaciones en ferrocarriles, aeropuertos, televisiones autonómicas

Plantea más colaboración público-privado en sanidad y educación

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Mariano Rajoy, en una reciente comparecencia ante los medios en la sede nacional del PP.

Las 212 páginas del programa electoral del PP, que se publicaron ayer en la web del partido, son una auténtica obra de orfebrería. Con un documento bien escrito y bien presentado, el equipo dirigido por Baudilio Tomé ha querido cuidar hasta la última palabra con un objetivo más que evidente: no dar miedo, no molestar. Todas las páginas están llenas de eufemismos, circunloquios, apuntes a medias para lograr que el programa no pise ningún callo.

Y sin embargo, el texto tiene un hilo conductor muy evidente: es una propuesta claramente liberal, centrada en privatizaciones en lo que queda por privatizar y entrada de más capital privado en todos los servicios básicos. No hay en las 212 páginas una sola medida para aumentar los ingresos, un nuevo impuesto, un intento de políticas redistributivas.

No hay en el texto nada ni siquiera parecido a lo que han hecho otros Gobiernos de centro-derecha europeos, que han establecido impuestos nuevos a las grandes compañías energéticas —Merkel—, a las grandes fortunas —Sarkozy— o a la banca y subidas a las rentas del capital —Cameron—. Rajoy solo anuncia bajadas de impuestos, mayores incluso de las apuntadas, y no aclara los recortes de gastos que apunta su programa. Nada hay del enorme tajo que todos los expertos económicos del PP dan por seguro para bajar el déficit al 4,4% en 2012.

En algunos apartados, en especial en la educación, el programa sería algo así como la política que defiende Esperanza Aguirre, representante del ala más liberal del partido, pero explicada con el tono cauteloso de Mariano Rajoy, que se ha encargado de darle personalmente una última revisión al texto para suavizarlo aún más.

El programa plantea multitud de medidas privatizadoras. Pero las esconde con eufemismos. En la parte de impuestos, el capital no se define como tal en ningún momento. Es ahorro. En la parte de privatizaciones, nunca se utiliza esta palabra. Se habla de “liberalizaciones”. Las concesiones a empresas privadas de la gestión de servicios públicos son “colaboración público-privada”. En ocasiones, algunas privatizaciones quedan ocultas bajo términos imprecisos como “la entrada de nuevos operadores”, que es lo que se apunta cuando se habla de los servicios de cercanías ferroviarios. La privatización del transporte ferroviario, uno de los pocos servicios rentables que aún se mantienen en manos exclusivamente públicas, queda muy clara en el programa. Además, se apunta la de Correos.

También se plantean las privatizaciones de aeropuertos, ya iniciadas por el Gobierno del PSOE y que le tocará llevar a cabo a Rajoy si llega a La Moncloa. Nada se dice sobre la lotería, cuya venta se suspendió en el último momento. Parece evidente leyendo el programa que al PP le gusta esa línea privatizadora en todo lo que sea susceptible de ser vendido —esto es, todo lo público que sea rentable— pero en esta en cuestión no se compromete. Sí promete una nueva ley para poder privatizar las televisiones autonómicas, aunque muchos dudan de que ahora mismo pueda haber compradores.

Con la enseñanza también hay eufemismos. A la educación pública se la llama así, con nombre y apellidos, y se garantiza su defensa. Pero a la privada nunca se le cita como tal. Los centros concertados, que este programa defiende y apunta a su crecimiento, son definidos como “oferta de iniciativa social”.

Buscando esa línea de no molestar, el PP se ha quedado en el programa mucho más corto de lo que ha propuesto en estos últimos años en la oposición. Es lo que ha sucedido con la mayoría de los asuntos polémicos.

El más evidente es el del agua. Después de años de campañas durísimas en la Comunidad Valencina y en Murcia contra el PSOE por haber derogado el Plan Hidrólogico Nacional y haber frenado el trasvase del Ebro, el PP se olvida por completo del asunto, dedica unas líneas al agua con una redacción ambigua y ni siquiera utiliza la palabra trasvase.

Tampoco hay ni una sola línea sobre el matrimonio homosexual, asunto por el que el PP se manifestó en la calle con varios obispos. Ni se aclara la posición sobre los conflictos por la reducción de interinos en la educación y el aumento de horas lectivas, aunque sí se promete eliminar Educación para la Ciudadanía. No se habla del coste del despido, aunque sí se plantea una nueva fórmula, al estilo austriaco, para el desempleo, sin aclarar del todo.

La parte de los recortes es la que menos clara está de todo el texto, que en cuestiones más amables o novedosas, como la ley de transparencia informativa, sí contiene puntos muy detallados y promesas muy concretas para mejorar la política.

En otros asuntos polémicos, como la enseñanza en castellano en Cataluña, sí entra con la promesa de que garantizará ese derecho, aunque no aclara cómo. Y con las nucleares habla de la posibilidad de prorrogarlas, pero de manera muy ambigua.

Las líneas clave del programa giran en torno a las privatizaciones y las reducciones de impuestos —a los ya anunciados de sociedades y del ahorro se añade bajadas en transmisiones patrimoniales y otros—. Aunque los populares cuidan mucho la redacción para no comprometerse. En la página 32, punto 8, cuando explican qué medidas tomarán para recortar los gastos de la Administración, señalan: “Garantizaremos la calidad y sostenibilidad de los servicios del bienestar incentivando el uso de modelos eficientes de colaboración público- privada con responsabilidad y control públicos. Fomentaremos una mayor libertad y responsabilidad individual en los servicios públicos”. Después, en sanidad, explican su defensa de la libre elección de médico, siempre en la línea de lo ya implantado en comunidades como la de Madrid.

Todo se escribe con extremo cuidado. Incluso cuando hablan de vender empresas del Estado o las comunidades: “Los eventuales procesos de privatización de empresas públicas que prestan servicios cuya naturaleza sea compatible con una prestación más eficiente para el ciudadano por parte del sector privado se hará con total transparencia y evaluación independiente. Fomentaremos la colaboración público-privada para la gestión de infraestructuras y servicios públicos”.

Una obra muy cuidada para no asustar al electorado, marcar una línea clara que es la del PP de siempre, y dejar las manos libres al candidato, que con este programa puede hacer casi cualquier cosa cuando gobierne.

Propuestas clave

  • Colaboración privada en servicios como el transporte, las infraestructuras, la sanidad, la educación o las universidades.
  • Sustituir la asignatura de educación para la ciudadanía por otra materia similar.
  • Prorrogar la vida de las centrales nucleares.
  • Olvido casi definitivo del trasvase del Ebro.
  • Modelo austriaco en la reforma laboral.
  • Privatización de las televisiones autonómicas.
  • Más privatizaciones en el sector ferroviario, aeroportuario, postal, telecomunicaciones y energía.
  • Eliminar el canon digital.

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