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IU obvia a su dirección y decide dejar que el PP gobierne en Extremadura

Máxima tensión al recordar Cayo Lara los muertos de Badajoz en la Guerra Civil

Los diputados extremeños Víctor Casco, Pedro Escobar y Alejandro Nogales, de izquierda a derecha. Ampliar foto
Los diputados extremeños Víctor Casco, Pedro Escobar y Alejandro Nogales, de izquierda a derecha. EFE

Sabían que iban a una reunión política muy complicada, pero fue mucho peor que eso. Los cuatro dirigentes de Izquierda Unida venidos desde Madrid se encontraron en Mérida con una olla a presión. A cada intervención a favor de dejar paso al PP en Extremadura, opción muy mayoritaria en los pueblos, un grupo aclamaba. Y a las que pedían lo contrario, frialdad o incluso protestas.

La reunión, de casi cuatro horas, que se suman a las 10 del día anterior, concluyó con el peor escenario posible para la dirección nacional de IU y para el PSOE, y el mejor para el PP: por 28 votos a 19, un 60-40%, el Consejo Político decidió que los tres diputados de IU se abstendrán y dejarán así que gobierne el candidato popular José Antonio Monago, que fue el más votado en las elecciones del 22-M y se quedó a un escaño de la mayoría absoluta. El éxito definitivo de Mariano Rajoy en las elecciones autonómicas y municipales se rematará así con un inesperado poder en Extremadura. La constitución del Parlamento se formalizará mañana, y la investidura será muy probablemente la próxima semana.

La reunión, muy complicada en todo momento, vivió una situación de máxima tensión, con riesgo incluso de pasar a mayores, en pleno discurso de Cayo Lara, el coordinador general de IU, que intentaba convencer a sus compañeros de que dejar pasar al PP va contra lo que él mismo prometió en campaña electoral y puede suponer el fin de las expectativas de IU precisamente ahora que estaba recuperando unos pocos votos —200.000 en las últimas municipales— por el castigo al PSOE.

Dos de sus tres diputados apoyaban a Vara. Perdieron la votación

Lara, en tono muy dramático para que los dirigentes comprendieran la gravedad de la decisión que estaban tomando, llegó a recordar uno de los sucesos más brutales de la Guerra Civil, el asesinato en la plaza de toros de Badajoz de centenares de republicanos, para pedir que no se votara al PP, que está en contra de la Ley de Memoria Histórica y choca frontalmente con la cultura política de la que viene IU. Los que estaban a favor de la abstención empezaron a gritar, a abuchear, a patalear, se salieron de la reunión y hubo que parar para tratar de calmar los ánimos.

Al final, ni la presión de la dirección nacional —Lara habló otra vez al final para hacer un último intento, también el eurodiputado Willy Meyer venido desde Cádiz—, ni el hecho de que dos de los tres diputados autonómicos electos, el coordinador regional, Pedro Escobar, y el excoordinador, Víctor Casco, se colocaran claramente a favor de apoyar la investidura del socialista Guillermo Fernández Vara, sirvió de nada. “A Cayo Lara solo le ha faltado llorar para pedirnos que apoyáramos al PSOE, pero la gente venía ya muy decidida de los pueblos”, aseguraba a la salida un dirigente.

El PSOE acepta la derrota, mientras el PP remata del todo la marea del 22-M

El tercer diputado, Alejandro Nogales, un histórico de IU y del sindicalismo, estaba claramente a favor de la abstención —incluso se planteaba romper la disciplina si perdía la votación— y fue el líder de esa línea durante la reunión, dominada en todo momento por los aplausos y gritos de sus partidarios. Cuando se leyó la votación, el grito que soltaron sonó como un estruendo en la Escuela de Administración Pública de Mérida, abierta solo para la reunión de IU.

Nogales y los demás favorables a la abstención apelaban a un dato muy difícil de gestionar para Lara y Escobar: el 70% de los militantes de IU votaron a favor de dejar pasar al PP. En las ciudades ganó apoyar al PSOE, y por eso la dirección planteó un voto ponderado —dando más valor a los lugares con más votantes de IU— pero también así ganaba la abstención, por un 52% a un 42%.

A la salida, los representantes de los pueblos llamaban eufóricos a sus compañeros amigos. “Que sí, que sí, que ha ganado la abstención, que ha sido fumata azul, que se acabó el PSOE”, gritaban algunos. “Hemos decidido abrirle la puerta al dóberman, ya veremos qué hace”, ironizaban otros. Los partidarios de la investidura de Vara estaban desolados. “Esto no lo va a entender nadie, ni dentro y desde luego mucho menos fuera de IU”, se lamentaba uno.

Cuando acabó, visiblemente descompuesto tras dos días intensos y una clara derrota, Lara abandonaba precipitadamente el centro por una puerta lateral acompañado de sus fieles, para salir camino de Madrid. “Es una muy mala noticia”, solo acertó a decir.

Y mientras, en el PP, que desde el primer momento en que se anunció una consulta entre la militancia de IU daba por hecho que esto sucedería, porque conoce el odio hacia el PSOE en los pueblos, estallaba la euforia. Después de 28 años de mayoría absoluta, Monago, a la primera y tras solo un par de años de liderazgo del partido, arrebatará al PSOE la plaza si IU cumple lo acordado. Lara intentará evitarlo, pero ya parece imposible.

De las tres históricas, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía, ya solo queda esta última en manos del PSOE, y según las encuestas y las previsiones del PP, caerá en cuanto se convoquen las elecciones: en 2012 o antes. El sueño de Rajoy se verá así cumplido, y su estrategia de perfil bajo, de no dar miedo y dejar que sea la izquierda la que se enfrente a sus problemas —también con los indignados—, habrá cosechado un éxito total.

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