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Rajoy sella el berlusconismo con Camps

“Eres un gran presidente, los valencianos te votan porque quieren”

Mariano Rajoy y Francisco Camps en el mitin de Valencia. Ampliar foto
Mariano Rajoy y Francisco Camps en el mitin de Valencia. REUTERS

Frente a frente, ante más de 13.000 testigos que abarrotaban la plaza de toros de Valencia, se encontraron y abrazaron anoche dos políticos que son la máxima expresión de una cierta España. Esa que dejó marcada Camilo José Cela en Oviedo, en 1987, en su discurso de agradecimiento del Premio Príncipe de Asturias: “En España, quien resiste gana”.

Mariano Rajoy y Francisco Camps. Dos hombres de aparato, dos políticos profesionales. Dos cachorros de Alianza Popular que empezaron como organizadores de actos y se mantuvieron en segundo plano durante años hasta que un día dieron el salto porque alguien les designó como sucesores. Ambos fueron elegidos porque se creía  que serían dóciles. Dos jugadores correosos, resistentes, buenos conocedores de las claves del poder.

Ambos llevan dos años jugando al quien resiste, gana. A ninguno de los dos ha parecido importarle la mala imagen para el PP y para la política que eso ha provocado fuera de la Comunidad Valenciana. A su alrededor, fuera del PP y sobre todo dentro, nadie entendía por qué Rajoy no echaba a Camps, o por qué este no se iba. La presión interna llegó a ser insoportable, pero ellos lo aguantaron todo. Es su estilo.

Camps jugaba a resistir. Y Rajoy jugaba a resistir más, confiando en que el valenciano acabaría cediendo, marchándose por su cuenta, por la presión, sin que él lo echara. Funcionó con Luis Bárcenas, el extesorero. Pero Camps aguantó, y ganó. Y ayer, dos años después de que empezaran a destaparse los primeros escándalos del caso Gürtel en la Comunidad Valenciana, Rajoy entregó la cuchara, rendido ante la evidencia de su derrota por inacción, y aplaudió a Camps, el gran vencedor, listo ya para una victoria electoral aplastante que hará muy difícil echarlo y complicará la campaña de Rajoy cuando, en octubre, se siente en el banquillo por cohecho.
La rendición suele incluir entrega de armas y pleitesía al vencedor. Las armas ya estaban entregadas —Rajoy lo confirmó cuando podía vetarlo como candidato—. Ayer llegó la pleitesía, en forma de berlusconismo, esa teoría según la cual lo único importante, al margen de lo que diga la justicia, son las urnas.

“Paco, eres un gran presidente”, le dijo Rajoy mientras la plaza se caía: “¡Paco Camps! ¡Paco Camps!”. “Lo han dicho los valencianos, lo volverán a decir el próximo domingo. Porque ejercen su libertad de elegir a aquel que creen que es mejor para defender sus intereses. Te votan porque quieren”. Y ahí llegó la entrega personal: “Tienes mi amistad sincera, y lo sabes; tienes mi apoyo, el de tu partido y el de los valencianos”.

Antes, Camps, eufórico ante la exhibición de su poder total frente a Rajoy, le había echado también algunas flores. “Votad para echar a Zapatero”, le pidió a su gente, venida de todos los pueblos en autobuses. “Mariano, estos son nuestros poderes”, dijo Alfonso Rus ante el llenazo. Y Camps remató: “Votad al PP, y hagamos todos juntos a Mariano presidente del Gobierno de España.

Estamos diciéndole adiós a Zapatero. Ahora solo falta marcar el teléfono de La Moncloa y que al otro lado esté un español de verdad”.

Rajoy remató su idea de que lo único importante son las urnas. “¿A quién van a echar la culpa los dirigentes socialistas en la Comunidad Valenciana tras conocer los resultados del 22 de mayo?
¿Será Camps el culpable? ¿Cómo le van a echar la culpa a Camps después de lo que han dicho de él durante cuatro años? Si le han dicho eso y gana, no le pueden culpar. ¿Le echarán la culpa a los ciudadanos, que no saben votar?”.

Ya todo el mundo en el PP ha asumido que no hay nada que hacer con Camps. Pero no es solo la imputación por cohecho lo que ha provocado que, en privado, la mayoría de los dirigentes piense que Camps tendría que haber dejado paso a cualquier otra persona del PP valenciano. No son los escándalos del caso Gürtel, que han sacado a la luz que la red logró comisiones hasta de la visita del Papa. Ni la sensación de que Camps era un dirigente fuera de juego. También estaban las cuentas de la Generalitat.

Camps no solo contradice el discurso del PP en la parte de corrupción, regeneración política y transparencia, con Carlos Fabra y Joaquín Ripoll sentados en primera fila. También lo contradice su gestión. Rajoy viaja por toda España recomendando austeridad. Pero la Comunidad Valenciana es la más endeudada de todas, 17.600 millones de euros, un 17,2%. Rajoy critica el despilfarro, pero Camps tiene proyectos faraónicos muy criticados, como los 600 millones de euros de sobrecoste de la Ciudad de las Ciencias con su L’Agora, o el aeropuerto de Castellón, con sus 150 millones de coste y aún sin aviones ni un futuro claro.

Rajoy reclama que se pague a los proveedores para no ahogar a las pymes, pero a la Generalitat le han llegado a suspender hasta el servicio de Correos en los juzgados porque no pagaba, y los proveedores de la sanidad amenazan con dejar de suministrar productos si no les pagan.
Rajoy recorre toda España asegurando que la política del PP creará empleo, pero la Comunidad Valenciana, en el primer trimestre de 2011, ha sido la que más empleo ha destruido de España —50.500 puestos de trabajo—, hasta alcanzar una tasa del 24,12%, muy por encima de la media.
Todo eso, desde el punto de vista electoral, el único importante para Rajoy, es irrelevante, porque Camps tiene prácticamente garantizada la victoria, e incluso una subida en votos, con un argumento: todo es culpa de Zapatero. Y así, el gran vencedor de la noche, con una sonrisa enorme, contempló la apoteosis de su triunfo: una vuelta al ruedo con Rajoy y un atronador espectáculo de fuegos artificiales mientras sonaba el himno de Valencia en la versión de Francisco.