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Cuando lo que es simplemente es lo que parece

Podemos arrebata a los ciudadanos el derecho a ser informados por quienes ellos eligen que lo haga

Pablo Iglesias en el Congreso el 14 de junio.
Pablo Iglesias en el Congreso el 14 de junio. REUTERS

El mismo truco de siempre: retorcer las palabras para desvirtuar la realidad. Ni desayuno privado, ni encuentro amigable con algunos periodistas para estrechar lazos, ni ocasión para conocerse mejor y tener una charla personal (así lo intentó explicar en conversación con este periódico un relevante cargo de Podemos). La formación de Iglesias convocó a los periodistas que cubren habitualmente el día a día de este partido, y decidió excluir a seis de ellos. Se trataba de presentar a los nuevos portavoces estatales y sus funciones. Así rezaba la convocatoria. Y con ese propósito se invitó a 17 informadores a un café. Lo que en la jerga se llama off the record. Es decir, sin cámaras ni posibilidad de grabar declaraciones. El modo que tienen los partidos de contar su mensaje sin correr el riesgo de meter la pata o de poner cara y voz a una afirmación.

Sin dar una explicación hasta que se les pidió, decidieron censurar ad hominem a seis medios. Con el mensaje implícito de que, si querían algo de Podemos, se fueran pensando en cambiar de periodistas.

No han entendido, ni parece que quieran, las reglas del juego. No se dan cuenta de que al censurar a un periodista, censuran al medio para el que escribe —que tiene todo el derecho a elegir quién debe cubrir esa información—, pero sobre todo desprecian a todos los lectores que depositan su confianza en ese medio. Impidiendo el trabajo de ese profesional arrebatan a esos ciudadanos el derecho a ser informados por quienes ellos eligen que lo haga.

¿Censura? ¿Veto? ¿el simple derecho de Podemos a elegir a quién invita a un café? Este absurdo debate, planteado a la defensiva, recuerda lo de aquel famoso juez del Supremo estadounidense, obligado a pronunciarse sobre si determinadas acciones constituían pornografía. “No sé cómo definir la pornografía ni en qué límites se mueve. Lo que sé es que cuando la veo, la reconozco”, sentenció.

Por cierto. Los seis medios excluidos, a excepción quizá de EL PAÍS y la SER, responden a líneas editoriales de lo más diversas y hasta contradictorias entre sí. Solo se daba una coincidencia entre casi todos ellos: Excepto uno, todas las periodistas rechazadas eran mujeres. En este caso, al parecer, era solo una coincidencia.

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