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El espía que Bogart habría admirado en Casablanca

Un libro rescata la vida de Clemente Cerdeira, un agente secreto de la II República que combatió a Franco desde Marruecos

Clemente Cerdeira, con sombrero y gafas, junto a su hijo Clemente, con pantalón corto, en la región de Tetuán.rn
Clemente Cerdeira, con sombrero y gafas, junto a su hijo Clemente, con pantalón corto, en la región de Tetuán.

El niño que ven en esta fotografía tiene ahora 95 años y vive en Ceuta. Y el hombre con gafas y sombrero era su padre, Clemente Cerdeira (1889-1941), el “llamado Cerdeira”, como lo denominaba Francisco Franco. “Mi padre era un hombre recto” cuenta su hijo por teléfono. Cerdeira fue apenas una nota a pie de página en la historia de España, pero una nota que el dictador no pasó por alto.

El padre de Cerdeira trabajaba como guardia en la Legación de España en Tánger en la última década del siglo XIX y decidió inscribir a su hijo en una madrasa coránica. El joven continuó sus estudios de árabe en la universidad Al Qarawiyyín de Fez y estudió derecho en España. La época que le tocó vivir convirtió a este funcionario subalterno en un agente secreto que se movió con igual soltura entre Madrid, Tánger y Fez. Habría sido un digno compañero de aquellos antifascistas que frecuentaban el local de Humphrey Bogart en Casablanca.

Mourad Zarrouk, traductor de árabe y español, profesor en la universidad de Hassan II de Casablanca, ha desempolvado durante varios lustros miles de documentos y acaba de rescatar su figura con la publicación del libro “Clemente Cerdeira. Intérprete, diplomático y espía al servicio de la Segunda República (Editorial Reus, 226 páginas al precio de 22 euros). “Lo que me llamó la atención de Cerdeira era su determinación y lealtad a unos ideales, aunque no tuviera medios para cumplirlos. También me sorprendió su rigor. Cada vez que escribía una carta lo hacía por duplicado. Tenía archivada hasta la documentación de un accidente de coche que sufrió en Tres Cantos. Anotaba las fechas de las enfermedades de sus hijos. Y tenía un conocimiento profundo del árabe”.

Franco nunca permitió a Cerdeira reunirse con su mujer y sus hijos. La familia no podía salir de Ceuta

Mourad Zarrouk, autor del libro Clemente Cerdeira. Intérprete, diplomático y espía al servicio de la Segunda República

“Cuando estalló la guerra”, añade Zarrouk, “trató de unir a las tribus del norte de Marruecos contra los golpistas. A cambio, la II República debería reconocer la independencia del Norte de Marruecos ante la Liga de las Naciones. Finalmente, interceptaron sus comunicaciones con los jefes de las tribus y su plan fue abortado. También coordinó el paso de los buques republicanos en Tánger que iban a bombardear las posiciones de los golpistas en Ceuta”.

El antiguo intérprete fue asignado como cónsul de España en Newcastle en 1937. “Comenzó a aprender inglés en el barco”, comenta Zarrouk, “y en 1939 ya lo tenemos dando un discurso en inglés en Liverpool para sensibilizar a la gente contra las matanzas del País Vasco”.

El régimen de Franco nunca le permitió reunirse con su mujer y sus hijos, según  Zarrouk. "La mayor parte de los bienes de la familia, que disponían de varias casas en el norte de Marruecos, fueron confiscados y a los Cerdeira se les prohibió salir de Ceuta", añade el biógrafo. Su nieta, María Isabel Cerdeira, de 60 años, recuerda desde Ceuta: “Mi padre, que también se llama Clemente, nos llevaba a un parque de Ceuta donde los capitanes de los navíos ingleses traían las cartas de mi abuelo para mi abuela. Pero yo me he enterado de muchas cosas sobre mi abuelo a raíz del libro de Mourad. Porque mi padre nunca quiso que a nosotros nos marcaran como lo marcaron a él. A él le vetaron en las universidades y no pudo estudiar hasta que tuvo cuatro hijos”.

En 1941 Cerdeira intentaba organizar desde Niza su viaje a Casablanca para sacar a su familia de Ceuta. Ese año escribió una postal a un amigo de Tánger donde comentaba: “Después de mil equilibrios para salvar el pellejo, reaparezco en la Côte d’Azur bastante quebrantado en mi salud, pero no dispuesto a morirme tan pronto, como algunos bandidos desean y a los que hay que darles la lata y aniquilarlos inshal-lah”. Un mes después moría en un hospital de Niza. Al pie de la cama quedaron dos maletas repletas de documentos a los que ha tenido acceso Mourad Zarrouk y una bandera de la II República.

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