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¿Por qué es tan importante el número 410 para frenar el cambio climático?

La cifra suponer un nuevo récord en la concentración de dióxido de carbono y debería forzar un punto de inflexión para invertir nuestra tendencia autodestructiva

Varias chimeneas expulsan humo proveniente de una central eléctrica en Mongolia, el pasado marzo.
Varias chimeneas expulsan humo proveniente de una central eléctrica en Mongolia, el pasado marzo. BLOOMBERG

En física, aunque parezca paradójico, hablar de números no es suficiente. A cada número le acompañan un conjunto de letras llamados acrónimos, que indican las unidades de medida a la que los números se refieren. Este 410 tiene como unidad de medida: partes por millón, o su acrónimo, ppm. En concreto, el 410 ppm nos indica el número de partes de dióxido de carbono (CO2) por cada millón de partes de aire contaminado.

Tener 410 partes de algo respecto a un millón parece poco, pero si esto supone un nuevo récord en toda la era de la humanidad en la concentración de un contaminante, la cosa ya no parece tan minúscula. Además, si sabemos que este gas es uno de los mayores contribuyentes al calentamiento global, este 410 ppm es más que preocupante.

Concentración de CO2 registrada en el Observatorio de Mauna Loa en Hawai desde 1958.
Concentración de CO2 registrada en el Observatorio de Mauna Loa en Hawai desde 1958.

El CO2 es un gas efecto invernadero cuya concentración ha ido aumentando paulatinamente. Este incremento es consecuencia de la suma de la actividad natural, y más recientemente, la quema de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo. Para establecer la concentración de CO2, y otros gases de efecto invernadero, se realizan mediciones en la superficie terrestre y datos provenientes de los satélites.

Desde 1958, se tienen registros de la concentración de CO2 en Mauna Loa (Hawái) conocidos como la Curva de Keeling, en honor al científico que inició la toma de datos: Charles David Keeling. Mauna Loa es considerado como uno de los mejores lugares para estimar la concentración de CO2, al estar situado en la cima de un volcán apagado y a una altura que permite minimizar los efectos en la medición de la contaminación local. En España, el Observatorio Atmosférico de Izaña de la Agencia Estatal de Meteorología, situado a 2400 m de altitud, en las faldas del Teide, dispone de dichos registros desde 1984. En ambos observatorios este mes de abril se han alcanzado 410 ppm batiendo un triste récord.

Concentración de CO2 registrada en el Observatorio Atmosférico de Izaña (AEMET)
Concentración de CO2 registrada en el Observatorio Atmosférico de Izaña (AEMET)

La variación de la concentración del CO2 en ambos observatorios posee un comportamiento creciente año tras año, con una oscilación anual debida a los ciclos de fotosíntesis de la vegetación del hemisferio norte. Keeling descubrió que esta fluctuación estacional en los valores de CO2 es mayor en la actualidad que en el pasado. El incremento de la temperatura, debido al calentamiento global, da lugar a una mayor fotosíntesis en la vegetación durante su época de crecimiento en el hemisferio norte, consumiendo más CO2. Los bosques del hemisferio Norte, especialmente los situados entre los 45 y los 70º N de latitud, reverdecen en el mismo momento en el que se calientan, alcanzando su máxima actividad durante el verano. Además de este valor máximo, la reactivación primaveral ocurre antes, debido a que el calentamiento global, la nieve y el hielo se derriten más pronto.

Pese a que la vegetación juega un valor crucial en la oscilación anual de la concentración de CO2, la influencia humana en el calentamiento está cambiando este ciclo creando valores récord de concentración año tras año. Si usamos datos paleoclimáticos, extraídos de testigos de hielo, se establece que tanto el valor de la concentración como la velocidad de aumento del CO2 no han tenido parangón en los últimos 800.000 años.

Estos datos resultan fundamentales para establecer una relación entre el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero y el calentamiento global. En el caso de CO2, los problemas no son solo debidos a las altas concentraciones, sino que además, tienen un largo ciclo de permanencia en la atmósfera y los océanos.

Llevar a cabo estrategias de reducción de emisiones parece la única solución para que 410 no sea un récord que perdure en el tiempo, y sirva de punto de inflexión para invertir nuestra clara tendencia autodestructiva.

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