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Mecenas de la solidaridad

Fundación Mutua Madrileña distribuye sus ayudas anuales a 33 proyectos sociales de 32 ONG españolas

Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, junto a Guillem Morlà, vicepresidente de la Asociación La Sonrisa Médica de Baleares. Ampliar foto
Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, junto a Guillem Morlà, vicepresidente de la Asociación La Sonrisa Médica de Baleares.

Marta y Carlos no paran de hablar de los castillos de arena que construirán en la playa. Están emocionados. Tanto que se han olvidado de la sesión de quimioterapia. Marta, de 9 años, padece leucemia. Carlos, de 10, un tumor cerebral. En siete días disfrutarán de unas vacaciones lejos del hospital. “Las salidas refuerzan la autoestima de los niños hospitalizados. Dejan de hablar de su enfermedad para contar cómo se lo han pasado”, afirma Carmen Almasanz, psicóloga de la Fundación Blas Méndez Ponce, ONG que, desde hace dos décadas, ofrece a menores con cáncer planes de ocio. Lo hacen posible gracias a la aportación de los socios y ayudas como la que la Fundación Mutua Madrileña concede a través de su Convocatoria Anual de Ayudas a Proyectos de Acción Social.

En su quinta edición esta fundación ha distribuido 680.000 euros entre 33 iniciativas de ONG españolas con el fin de impulsar la cooperación al desarrollo y mejorar la vida de personas con discapacidad, niños y mujeres maltratadas, colectivos en riesgo de exclusión social y menores enfermos de cáncer.

"Aquí se reconoce el trabajo desinteresado y el esfuerzo silencioso de miles de personas. Este trabajo, prioritariamente de las Administraciones Públicas, necesita de la colaboración de las organizaciones sociales”, expuso la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes en el acto de entrega que tuvo lugar ayer en la Torre de Cristal de Madrid. Estuvo acompañada por el presidente de la Fundación Mutua Madrileña, Ignacio Garralda, quien reconoció el valor de los proyectos que se habían quedado fuera de la convocatoria. Este año, se presentaron más de 300, de entre los que el patronato, y un equipo técnico, han seleccionado una treintena.

Niños de la Fundación Blas Méndez Ponce de excursión.
Niños de la Fundación Blas Méndez Ponce de excursión.

Las ayudas de esta cuarta edición también facilitarán la vida de los niños recién diagnosticados de hemofilia de Madrid, colaborando en su adaptación social, y a los menores con cáncer de Baleares a través del programa de payasos de la Asociación La Sonrisa Médica. También jóvenes en riesgo de exclusión social, a través de la formación en hostelería. Dos ONG llevan a cabo estos proyectos en la capital: la Fundación Altius Francisco de Vitoria y la Asociación Cultural Norte Joven. En esta una veintena de jóvenes sin el graduado escolar o desempleados del barrio de Vallecas se convierten en ayudantes de cocina. “Aprenden a gestionar un gran comedor”, explica Carmen García, directora del centro. Los platos que preparan sirven para alimentar a familias sin recursos. “Es una motivación extra para ellos”, agrega. Una vez han terminado el curso algunos deciden retomar los estudios y otros ponerse a trabajar.

Reengancharse al mercado laboral es el objetivo de las mujeres de la Fundación Integra de Madrid, otro de los beneficiarios. “Nos llegan víctimas de violencia de género y les ayudamos a recuperar su autoestima y su autonomía a través del empleo”, expone Lola Sato, responsable del proyecto. Allí imparten talleres de motivación en los que aprenden a desenvolverse en el ámbito laboral y les ayudan a encontrar trabajo en compañías de la Red de Empresas por una Sociedad libre de Violencia de Género, una iniciativa del Gobierno de la que forman parte 91 entidades públicas o privadas, entre las que figuran Inditex, Adif, Cruz Roja, Mercadona o Mutua Madrileña. 39 de las 48 mujeres que atendieron en 2016, fueron contratadas. “Las empresas están contentas. Ellas son muy fuertes, después de superar algo tan duro, pueden con todo”, concluye Sato.

Todos los representantes de las ONG beneficiarias de las ayudas de esta edición junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y el presidente de la Fundación Mutua Madrileña, Ignacio Garralda.
Todos los representantes de las ONG beneficiarias de las ayudas de esta edición junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y el presidente de la Fundación Mutua Madrileña, Ignacio Garralda.

Salud para los refugiados

El 87% de la población rural de Chad vive por debajo del umbral de la pobreza. "Allí hay más de 106.000 refugiados en un territorio de 12 millones de habitantes”, explica Carmele Sáez, del Comité Español de ACNUR, que actúa allí desde 2003. “La tasa de malnutrición roza el 1%, casi al nivel de urgencia”, agrega. La aportación de Mutua Madrileña se utilizará para dotar de nuevos servicios a dos centros de salud al este de Chad y combatir el hambre, el avance del VIH y prevenir enfermedades respiratorias. Tres proyectos para mejorar las condiciones de vida de los menores de cinco años en Burkina Faso, Camerún y Haití y otro que llevará agua potable a poblados de Togo, también han sido premiados.

Devolver la normalidad a la vida de mujeres que han sufrido violencia machista es la finalidad de REDbélate, de la Federación de Mujeres Progresistas —su proyecto está centrado en la atención primaria y prevención de este tipo de agresiones— y de Despégate del Maltrato: reconstruyéndote como mujer, para el empoderamiento de las agredidas, de mano de la Asociación de Ayuda a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica de León (Adavas).

Un guiño, un clic

La mirada de los alumnos con parálisis cerebral del Centro El Camino de Salamanca es su herramienta de comunicación. Gracias a la Asociación de Padres de Personas con Parálisis Cerebral y/o Encefalopatías Afines (ASPACE) y el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, el centro ha adquirido varios dispositivos Tobii, que permiten el acceso al ordenador a través de la pupila. Así, estas personas pueden jugar, aprender y expresar sus necesidades. “Son incapaces de colocar las piezas de un puzle manualmente, pero pueden hacerlo sobre una pantalla”, asegura Olimpia Fernández, pedagoga del centro. "Es genial ver cómo son capaces de comunicarse con nosotros sin necesidad de adivinar qué quiere”, afirma Ana Belén Peramato, madre de Helena, una joven de nueve años con este trastorno que ha comenzado a practicar con el sistema. “Se llena de orgullo cuando alabamos sus avances”.

Escuelas hechas por universitarios

Edificio del proyecto en Arusha, Tanzania.
Edificio del proyecto en Arusha, Tanzania.

Noeli vio pasar sus dos primeros años de vida desde una cama. Ahora, con cinco, tiene problemas de movilidad pero acude todos los días al colegio en Arusha, una ciudad al norte de Tanzania. Y se ha convertido en uno de los "guays" de la clase. En su escuela tienen prioridad los niños con problemas del barrio que, de otra manera, estarían condenados a quedarse en casa o vagar por las calles. El proyecto, puesto en marcha por varios estudiantes españoles, ha ganado la IV edición del Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, entre las 117 propuestas solidarias procedentes de 84 universidades.

La iniciativa, bautizada Chagua Maisha, que significa “Elige vida” en swahili surgió en 2015 cuando María Olivera, estudiante de 22 años, viajó a la población tanzana para montar un campamento de verano junto a varios voluntarios españoles para los niños de la zona. Las necesidades materiales y educativas de los menores eran tan extremas que, a su vuelta, Olivera y dos compañeras de viaje, Marta Bricet, de 24 y Sandra Villanueva de 26, decidieron reclutar voluntarios y recaudar fondos para construir un centro educativo. “Las pocas escuelas de preprimaria que existen tienen hasta 100 alumnos por aula”, apunta Olivera.

Gracias a lo recolectado a través del micromecenazgo y a la ayuda de la fundación de la aseguradora, los 35 alumnos de las universidades Complutense, Politécnica y Carlos II de Madrid que conforman ahora la iniciativa y la ONG Progress for Africa Spain podrán construir nuevas dependencias para que los menores de entre 3 y 7 años tomen el almuerzo y lo más, importante, vayan a clase.