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La corrupción del PP vuelve a sepultar la imagen presidencial de Rajoy

El resurgimiento de los escándalos dinamita los planes para amortizar la marcha de la economía y la debilidad de los otros partidos

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.

El resurgimiento de la corrupción y Gürtel, la citación en la Audiencia Nacional por primera vez de un presidente del Gobierno y la mediática detención de una figura del rango de Ignacio González han sepultado de nuevo el relanzamiento de la imagen de Mariano Rajoy. En La Moncloa y el PP viven esa situación muy incómodos y molestos por la pérdida de una gran oportunidad política, con los rivales internos debilitados y el escenario internacional inestable e incierto.

Ganadas por minoría dos elecciones, superado con muchas dificultades el año del Gobierno en funciones, logrado con más problemas políticos y personales que prácticos el acuerdo de investidura con Ciudadanos y formado al final un Gabinete más a su gusto, Rajoy ha retornado a la cueva de La Moncloa. Sale del despacho para codearse en los grandes viajes y citas internacionales (en apenas tres semanas pasará por Uruguay, Brasil, Bruselas y China), para compromisos fáciles de partido (clausuras de congresos ya resueltos por sus ayudantes) y para actos muy institucionales (este jueves asamblea de la CEOE y el viernes XXV aniversario del AVE a Sevilla). No da ruedas de prensa y apenas acepta las preguntas obligadas, que resuelve con contestaciones de trámite.

España crece económicamente por encima de lo previsto y de los augurios del FMI, las buenas predicciones de creación de empleo se quieren superar, parece posible cumplir con los compromisos europeos de déficit y están bastante encaminados los acuerdos para tener unos Presupuestos en 2017 y dar cancha a más de la mitad de la legislatura. En el seno del PP no existe ni se imagina una voz de peso crítica y PSOE, Podemos y Ciudadanos no atraviesan desde luego su mejor momento. En las próximas semanas o meses hay elecciones inciertas en Francia, Reino Unido y Alemania y Rajoy acude a esas cumbres internacionales con la etiqueta en teoría de la estabilidad.

La pertinaz corrupción del PP marchita todos los grandes planes. Parece indeleble. Y los pasos adelante de la justicia se tropiezan en los momentos políticos más inoportunos.

Cuando se complican los casos Murcia, Púnica o Gürtel, Rajoy desaparece de escena y manda en su lugar a los lugartenientes más fogosos y correosos. Como si el asunto no fuera con él o procediera de un pasado remoto que no le pertenece. El lunes, tras las reparadoras vacaciones en Galicia de Semana Santa, convocó por la tarde al comité de dirección del PP y varios de los presentes le observaron preocupado. No supieron interpretar la razón. El PP ni siquiera ofreció luego una rueda de prensa de su portavoz.

El martes se conoció la decisión de la Audiencia Nacional de citar al presidente del Gobierno como testigo en el juicio del caso Gürtel, contra el criterio marcado en dos ocasiones por esa misma sala, y en La Moncloa se limitaron a decir que, como siempre, respetaban las decisiones judiciales y mostraban su disposición a colaborar con la justicia. El PP tuvo que reconducir la rueda de prensa prevista esa tarde en Zamora por el coordinador general, Fernando Martínez Maillo, para fijar los criterios en la renovación de los congresos provinciales del partido y lanzar a cambio los mensajes de sorpresa y malestar contra el giro observado en la Audiencia Nacional. Y, sobre todo, para arremeter con la asociación de abogados próxima al PSOE que había reclamado la presencia testifical de Rajoy. Ese fue el tono que luego se endureció también en un comunicado oficial.

La imagen de España

Este miércoles, el PP y el Gobierno volvieron a ensombrecerse lo máximo posible. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, reiteró la idea obvia de que la justicia funciona para todos, aunque más para salir al paso de la sorpresa que causó la mediática detención de Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid. El ruido de esa operación de la Guardia Civil contra González, su entorno y el Canal de Isabel II ayudó a silenciar la citación sobre Rajoy.

El PP se apresuró incluso a abrir a González un expediente en el Comité Nacional de Derechos y Garantías, según lo previsto en los artículos 21.7.c y 54.5 de los Estatutos, para acordar su suspensión provisional de afiliación. En menos de dos horas se ejecutó algo que llevó semanas en el caso de Rodrigo Rato o Rita Barberá.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, apuntó este miércoles en una entrevista con Efe sobre la mala imagen de este nuevo golpe de la corrupción del PP: “Es innegable que para España no es bueno”. No anticipó más pero deslizó que ni el PP ni Rajoy son los adecuados para la regeneración política del país. El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, le rebatió: “La imagen de España y del presidente está a salvo, el Gobierno se dedica a lo que se tiene que dedicar, a que las familias salgan de la crisis, a legislar, esto es lo importante, y otros a enredar y a desprestigiar al presidente del Gobierno”.

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