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Las “dos ranas” de Aguirre son ya multitud

La detención de González y la prisión de Granados confirma que la corrupción en el entorno de la expresidenta madrileña no era algo aislado

Ignacio González y Esperanza Aguirre en 2014. ATLAS

En su mundo virtual, Esperanza Aguirre creía hasta hace poco que ella había sido la descubridora del caso Gürtel de corrupción masiva en el PP y defendía que del casi medio millar de cargos que había nombrado en sus 34 años de carrera política apenas dos le habían salido ranas. Presumía de su buen ojo de cazadora de talentos. Sostenía que solo sus cercanos exconsejeros Alberto López Viejo y Francisco Granados podían considerarse como garbanzos negros. La detención de Ignacio González, que fue su mano derecha durante casi toda su carrera en el Ayuntamiento de la capital de España, el Ministerio de Educación y Cultura y la Comunidad de Madrid, ratifica otra visión de esa realidad. El potaje de la corrupción en torno al PP de Madrid ha desbordado tanto que los secretarios generales de ese partido desde hace 20 años en esta región están a día de hoy en prisión, condenados o detenidos.

El 12 de febrero de 2016 Esperanza Aguirre compareció ante la comisión especial de investigación de la corrupción en la Asamblea de Madrid. Fue una sesión dura y larga. A la expresidenta madrileña le gusta recordar que ese día ya respondió a más de 200 preguntas sobre la implantación de la trama Gürtel en Madrid, en la que la organización corrupta dirigida por Francisco Correa campó a sus anchas durante años. Este jueves tendrá que acudir a la Audiencia Nacional al juicio sobre Gürtel que comenzó en otoño pasado en pleno rebote judicial, social, político y mediático de ese caso que persigue al PP y a Mariano Rajoy desde 2008.

Fue en aquella comparecencia en la Asamblea de Madrid cuando Aguirre hizo balance de su carrera política para desmarcarse de las dos ranas corruptas con las que trabajó codo con codo tantos años.

Alberto López Viejo había sido primero viceconsejero y luego consejero de Deportes y era en realidad el que le organizaba los actos políticos del partido, tras su experiencia en el equipo electoral y de campaña a nivel nacional del propio José María Aznar. Aguirre sostiene que cuando se enteró de que Correa contrataba y se había implantado en varios municipios de la Comunidad de Madrid dio orden expresa de cerrar ese grifo. López Viejo obvió ese mandato y siguió colaborando con Gürtel a través de la firma Easy Concept. Le llamó y a la cara le espetó que había vulnerado su confianza. Lo decapitó y pensó que había acabado con el problema.

Pero el caso Gürtel en Madrid acabó tocando a cargos tan cercanos a Aguirre como Benjamín Martín Vasco, exdiputado de la Asamblea de Madrid que presidió la Comisión de Investigación del Espionaje dentro del PP madrileño (la gestapillo); el exalcalde de Arganda del Rey, Ginés López, donde la trama dio uno de sus grandes pelotazos urbanísticos; el exdiputado Alfonso Bosch Tejedor, organizador de la boda de la hija de Aznar en El Escorial; el exalcalde de Pozuelo y exmarido de la exministra Ana Mato, Jesús Sepúlveda, uno de los grandes socios de Correa; el exalcalde de Boadilla del Monte, Arturo González Panero; y el exalcalde de Majadahonda, Guillermo Ortega. Todos ellos personas próximas y de la confianza política de Aguirre.

Francisco Granados había sido un fichaje de Aguirre desde la banca privada y llegó a acaparar como su vicepresidente la coordinación de medio gobierno y el contrapeso al poder oscuro de Ignacio González. Su detención e imputación de múltiples delitos por el caso Púnica la sintió como una puñalada y una traición bastante personal porque le agradaba especialmente su trato y su talante dicharachero. Granados fue esos años secretario general del PP de Madrid y el responsable de las campañas electorales.

La investigación de la Guardia Civil sobre Púnica ha implicado al final a otra decena de cargos populares en Madrid. Además de Granados, aún en prisión por tener dinero en Suiza, están también imputados el exgerente del partido, Beltrán Gutiérrez; la exconsejera de Educación, Lucía Figar; el exconsejero de Presidencia, Salvador Victoria, y su actual y algo más que jefa de prensa, Isabel Gallego.

Además del caso Gürtel y el caso Púnica, ha habido más cargos cercanos a Aguirre investigados judicialmente y afectados por escándalos y polémicas que han tenido que dejar sus puestos. Especialmente en el sector de la Sanidad, que fue uno de los elegidos en sus mandatos para su proceder a su conflictiva privatización. Los exconsejeros de Sanidad, Juan José Güemes y Manuel Lamela, han sido investigados y acusados de presuntos delitos de cohecho y prevaricación por su implicación en esos procesos.

Los diputados de la oposición en la Asamblea de Madrid que interrogaron entonces a Aguirre sobre la corrupción generalizada en la región le plantearon la hipótesis de que en los próximos meses le podrían salir más ranas en su entorno. La política madrileña, que durante años defendió el comportamiento "intachable" de la prolongada carrera de Ignacio González, ya no se atrevió a poner la mano en el fuego por nadie y respondió: "De momento, dos". Luego remachó que desde que se ocupó de su primera responsabilidad como concejal de Medio Ambiente y Jardines de Madrid hasta su última etapa como presidenta regional había gestionado en total unos 200.000 millones de euros.

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