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El juez archiva el caso de la desaparición de Diana Quer

El instructor levanta el secreto y acuerda el sobreseimiento provisional "por no existir indicios suficientes para dirigir el procedimiento frente a una persona determinada"

Diana López Pinel, madre de la joven desaparecida, a la entrada de los juzgados. ATLAS

El juez Félix Isaac Alonso, que lleva actualmente el caso de la desaparición de Diana Quer, ha acordado el sobreseimiento provisional de la causa porque no hay avances en la investigación y la instrucción dura ya ocho meses sin que se concrete un sospechoso. Al ser un sobreseimiento provisional, en el caso de que surgieran nuevas pruebas, la investigación se retomará. Con esta decisión del archivo queda, además, levantado el secreto de sumario justo un día antes de que expirase la séptima prórroga, que el magistrado ha resuelto no renovar. Según ha podido saber este diario, la Guardia Civil trató durante las últimas semanas de evitar este sobreseimiento y reforzó las pesquisas en la comarca gallega en la que desapareció la muchacha tratando de hallar nuevos hilos a los que agarrarse para mantener la instrucción judicial abierta.

El instructor ha convocado a los padres de la joven madrileña a una reunión este miércoles a las 12.00 horas para informarles de este crucial paso. Según ha informado el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), el juez ha tomado esta decisión "por no existir en el momento actual indicios suficientes para dirigir el presente procedimiento frente a persona alguna determinada". La resolución aclara, no obstante, que es "necesaria la continuación de la investigación de la policía judicial" porque se encuentran abiertas "varias líneas de trabajo". En el caso de aparecer "nuevos elementos", se acordaría "la reapertura del proceso penal" y se podría citar a los sospechosos en calidad de investigados.

El secreto fue acordado por el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Ribeira (A Coruña) en agosto de 2016, pero ahora, una vez incorporado el "resultado" de las "grabaciones orales practicadas", Alonso Peláez lo considera "desproporcionado". En el auto el juez recuerda sin embargo que podrá acordar un nuevo secreto "de parte o de la totalidad de las actuaciones en caso de resultar necesario". Y deja claro varias veces que lo que se abre con el levantamiento del secreto y con el sobreseimiento es un paréntesis por tiempo indeterminado, "a la espera" de que se complete algún día "el análisis y cotejo policial de la gran cantidad de datos de tratamiento telefónico obtenidos con autorización judicial".

"No existen indicios para dirigir las actuaciones frente a persona alguna determinada, no existiendo indicios de criminalidad, o habiéndose descartado, sobre las personas policialmente sospechosas, tal y como apunta en su informe el Ministerio Fiscal", recoge el auto judicial que hoy se ha comunicado a los padres. "No se considera pertinente, por no ser adecuado, útil ni oportuno en el momento actual para el esclarecimiento de los hechos, la toma de declaración en sede judicial como testigos de las personas a las que se ha recibido declaración en sede policial", sigue diciendo el juez Félix Alonso, "toda vez que, no estando completa la investigación, podría producirse una vulneración de derechos en caso de variar su condición y resultar finalmente investigados". "Se encuentran abiertas varias líneas de investigación policial, sin que en ninguna de ellas conste la existencia de indicios superiores a las meras sospechas", concluye la argumentación del sobreseimiento.

Diana López, la madre, que ha pasado la Semana Santa en el chalé del lugar de veraneo del que faltó la hija, ha sido la primera en presentarse este mediodía en los juzgados de Ribeira, y ha dicho a la entrada que no quería que se archivase la causa. A la salida, tras recibir la noticia, ha marchado llorando y no ha hecho declaraciones. El padre ha llegado unos ocho minutos más tarde, no ha coincidido a la entrada con su exesposa y ha avisado a la prensa de que no iba a hablar a los micrófonos.

Pero a la salida, mucho más tarde que Diana López, Juan Carlos Quer sí se ha dirigido a los medios para decir que no comparte la decisión judicial y que es una noticia "muy triste". "Es una decisión que respeto pero en modo alguno comparto", ha declarado. "Es una muy triste noticia para mí, para mi familia y para mi hija" y "en modo alguno esto va a facilitar el desarrollo de los trabajos de investigación", ha continuado. "Como padre y como ciudadadano apelo a la responsabilidad del ministro del Interior y del ministro de Justicia para que los responsables de este acto comparezcan ante la justicia y paguen lo que deben pagar", ha dicho también, "porque esta sociedad española se merece que este tipo de actuaciones no queden impunes". Por último, el padre de la muchacha desaparecida ha rogado ante las cámaras "el máximo respeto" para Diana Quer porque "esto no es una página de sucesos, es un hecho lamentable que nos podría haber acontecido a cualquiera".

De momento, según informa también el TSXG, no hay nadie personado en el caso judicial y es a partir de ahora cuando las partes podrán hacerlo. Diana Quer, que tenía 18 años en el momento de su desaparición pero que en este momento ya habría cumplido 19, se evaporó en la madrugada del lunes 22 de agosto de 2016, cuando regresaba a su casa de veraneo en A Pobra do Caramiñal (A Coruña) procedente de la zona donde estaban instaladas las atracciones de las fiestas patronales. Este sábado se cumplen ocho meses de una búsqueda infructuosa en la que no ha aparecido más vestigio material de la joven que el iPhone 6 blanco que usaba.

Hasta hoy, según portavoces oficiales de la investigación "todas las hipótesis estaban abiertas", incluida la del secuestro, posibilidad que se consideraba descartada desde la primera semana de su falta a pesar de que nadie se ha puesto en contacto con la familia para pedir un rescate. Además de esta opción y de todas las demás que se consideran cuando desaparece una persona, seguía en pie la marcha voluntaria aunque truncada de una muchacha que mantenía una relación difícil con su madre y con su hermana.

Los agentes han acumulado unos 200 testimonios y han desechado ya algunos que en distintos momentos de las pesquisas parecieron la clave que iba a despejar el enigma. Después de grandes esfuerzos, según lo que ha trascendido de momento, no han sacado nada en limpio de una investigación tecnológica que los llevó a examinar millones de señales telefónicas para centrarse luego en unas 80 de usuarios que entre las tres de la madrugada y las cinco de aquella noche de fiesta habían seguido el mismo camino que revelaba el móvil de la chica. Tampoco consiguieron buenas pistas de la reconstrucción del aparato de la joven, que en octubre fue hallado en el fango por un mariscador bajo el puente de la autovía que lleva a Taragoña. Ese iPhone roto es hoy por hoy el único vestigio material de Diana que ha aparecido. Pero es que ya tampoco se cree que ella pudiera tirarlo personalmente al agua. Ni siquiera que ella hubiera llegado hasta allí con quienes lo arrojaron, posiblemente para despistar.

El delegado del Gobierno en Galicia, Santiago Villanueva, insiste sin embargo, siempre que le pregunta la prensa, en que la esperanza del caso está precisamente en el "cruce" de esa "infinidad de datos" recabados tanto por vía tecnológica como a través de los interrogatorios. Esa es la fase en la que, según él, se trabaja actualmente.

Hasta ahora, ni la minuciosa revisión de unas 40 cámaras de seguridad, ni la comprobación de miles de matrículas, ni las entrevistas a allegados y el repaso de las comunicaciones con sus amigos de Pozuelo han dado frutos por sí solos. Todo esto ha quedado prácticamente descartado, lo mismo que la investigación a un grupo de feriantes sobre los que se centró el foco al principio por aquel WhatsApp de Diana en el que decía que se estaba "acojonando" porque un hombre la estaba siguiendo.

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