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ANALISIS

El convenio de Defensa España-EE UU en la era Trump

El uso de dos destructores basados en Rota para atacar al régimen sirio sienta un precedente

Lanzamiento de un misil Tomahawk contra siria desde el destructor USS Porter. Ampliar foto
Lanzamiento de un misil Tomahawk contra siria desde el destructor USS Porter. AP

El Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y EE UU de 1988, enmendado en 2002, 2012 y 2015 y vigente hasta mayo de 2021, concede a las Fuerzas Armadas estadounidenses instalaciones de apoyo (Rota y Morón) y autorizaciones de uso del territorio, mar territorial y espacio aéreo españoles en el marco bilateral y de la OTAN. “Cualquier uso que vaya más allá de estos objetivos”, advierte su artículo 2.2, “exigirá la autorización previa del Gobierno español”.

Los destructores que lanzaron en la madrugada del viernes 59 misiles Tomahawk contra la base aérea siria de Shayrat, el USS Ross y el USS Porter, tienen su base en Rota desde junio de 2014 y 2015, respectivamente. El acuerdo que autorizó el despliegue de estos dos buques (además del USS Donald Cook y el USS Carney) asegura que su finalidad es “contribuir significativamente al sistema contra misiles balísticos” de la OTAN y que el uso de las instalaciones se concede “de conformidad con el convenio” de defensa, que se le aplica en todos sus extremos.

El USS Porter zarpó de Rota el 7 de marzo y el USS Ross el 3 de abril, antes del ataque aéreo con armas químicas del 4 de abril en la localidad siria de Idlib que desencadenó la represalia estadounidense. El Pentágono no podía informar de la misión que iban a cumplir los destructores cuando salieron de aguas españolas, pero sí cuando se la encomendó.

El Gobierno español ha reconocido que no fue informado del ataque con antelación, al contrario que los países que participan en la campaña aérea contra el Daesh (ISIS por sus siglas en inglés) en Siria (Francia, Reino Unido, Holanda o Dinamarca, pero también Rusia). El embajador estadounidense en la OTAN remitió una carta a sus homólogos aliados que estos leyeron el viernes por la mañana al llegar a su despacho, junto a las noticias periodísticas sobre el ataque.

Horas después, el Gobierno español difundió un comunicado en el que calificaba la acción estadounidense de “respuesta medida y proporcionada a la utilización por el ejército sirio de armas químicas”. Sin embargo, el comunicado que siete mandatarios del sur de Europa, incluido Rajoy, firmaron el pasado lunes en El Pardo evitaba culpar expresamente a El Asad de la matanza de Idlib, recordaba que tanto Damasco como el ISIS han usado armas químicas y pedía que “todos los autores identificados” rindan cuentas por este crimen de guerra. Hasta ahora, ninguna investigación independiente ha determinado su autoría pero, aunque así fuera en el futuro, ello no legitimaría a posteriori una acción realizada al margen de la legalidad internacional y de un convenio aprobado por las Cortes españolas.

El Gobierno español ha lamentado que el veto ruso bloqueara la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU en la guerra siria. En efecto, así es el defectuoso orden mundial que tenemos. Otra cosa es tomarse la justicia por su mano. Lo que ha hecho Trump. ¿Por última vez?