La eutanasia siempre queda para más adelante

Médicos, bioéticos y pacientes piden que se garanticen los cuidados antes de regular otras opciones

José Antonio Arrabal en su casa en febrero.

El caso de José Antonio Arrabal, el hombre con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que se suicidó el domingo para evitar llegar a una fase de dependencia total, “muestra un fallo” del sistema. La frase tiene múltiples autores: bioéticos (Jacinto Batiz, de la Organización Médica Colegial), especialistas (Rafael Mora, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos), abogados (Federico Montalvo, del Comité Español de Bioética), pacientes (Mayte Sola, presidenta de la Fundación Española para la Investigación en ELA, Fundela) y políticos (Carmen Sánchez Carazo, bioética y miembro del PSOE madrileño).

Todos, desde su punto de vista particular, opinan que hay otras prioridades antes que hablar de suicidio asistido y eutanasia. El más claro es el paliativista Mota. “En 26 años he asistido a muchos pacientes con ELA y me parece terrible que José Antonio no haya podido estar acompañado por profesionales que le hayan podido aliviar el sufrimiento. Muchos llegan deseando morir, pero con una buena atención, cuidados y control de síntomas se alivia mucho su situación”, afirma. Por eso, a él lo que de verdad le preocupa “son los más de 50.000 enfermos que no tienen acceso a unos cuidados paliativos en España”. “Cuando estos estén bien desarrollados, es posible que muy excepcionalmente haya quien no encuentre ayuda en el contexto de unos paliativos, pero eso es lo primero que hay que desarrollar”, añade.

Batiz, médico en el Hospital de San Juan de Dios, en Santurtzi (Bizkaia), coincide, pero lo que le preocupa del último caso “es que haya acceso tan fácil a comprar medicamentos por Internet”. “Todos queremos combatir el sufrimiento de las personas, pero para poder aliviar el sufrimiento no hay que eliminar a la persona”, dice. “Hay otras formas de ayudar” a aliviarlo, aunque admite que si después de desarrollar los paliativos alguien pide la eutanasia, “habrá que hacer una ley”. Pero “los medios solo sacan esta excepcionalidad y no se puede legislar solo para estos casos”, añade.

Sánchez Carazo destaca otras carencias: la de cuidados “a la dependencia y al transporte”. “Lo que hay que hacer es facilitar la vida”, afirma. Sola añade que, “ante una enfermedad que es una sentencia de muerte, solo la investigación, que se ha abandonado, anima a los pacientes”.

Montalvo critica el fallo en “asistencia, acogimiento y cuidado” y tampoco es partidario de regular la eutanasia. Afirma que su prohibición actúa más como un “valor simbólico”, ya que, a la hora de la verdad, “son tantos los atenuantes que no se ingresa en prisión” por lo que denomina “homicidios piadosos”. Por eso él cree que no hace falta “institucionalizar la práctica”.

Cecilia Borràs tiene otro punto de vista. Preside de la Asociación de Supervivientes Después del Suicidio. Para ella, el de Arrabal, organizado, con la familia informada, es más bien “una eutanasia en su sentido etimológico de buena muerte”. “Cumple con la regla de oro: dejar el menor peso posible en los que sobreviven”, dice.

Solo Derecho a Morir Dignamente cree que Arrabal ha puesto de manifiesto “que hay miles de personas en situación terminal que intentan quitarse la vida”. “La sociedad está perfectamente preparada para que se regule la muerte digna”, dice su presidente en Madrid, Fernando Marín.

Pero Marín, como Arrabal, ya estaban convencidos. El resto tiene otras prioridades: la eutanasia, puede ser, pero más adelante.

Archivado en:

Y además:

Outbrain