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Sombrillas y fumigaciones químicas

La propuesta, que parece tener en mente Trump, es esparcir dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera para que actúen de sombrilla química

Varias estelas de condensación cruzan el cielo de Madrid el pasado 30 de marzo.
Varias estelas de condensación cruzan el cielo de Madrid el pasado 30 de marzo.

Donald Trump ha decidido dar carpetazo a los planes de su antecesor en los esfuerzos de Estados Unidos en la reducción de gases de efecto invernadero. En vez de negar los efectos del calentamiento global debido al uso de combustibles fósiles, ha optado por cambiar de estrategia y utiliza la geoingeniería.

La geoingeniería es un intento de modificar el tiempo meteorológico mediante métodos de lo más diverso. La propuesta —que parece tener en mente Trump— es esparcir dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera para que actúen de sombrilla química, reflejando parte de la energía del sol. Esta sombrilla funcionaría de forma similar a las nubes, reduciendo la cantidad de energía disponible para calentar la atmósfera y paliando así, los efectos globales del cambio climático.

La propuesta, que parece tener en mente Trump, es esparcir dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera para que actúen de sombrilla química

Está plenamente constatado que la emisión masiva de partículas de dióxido de azufre tienen efectos en el clima. En 1815, la erupción del Tambora dejo sin verano al mundo. La erupción fue tan brutal que arrojó a la atmósfera millones de toneladas de polvo, cenizas volcánicas y dióxido de azufre. Como consecuencia de la emisión, se produjo un descenso medio de la temperatura de entre 0,4 y 0,7 grados centígrados, provocando una grave hambruna en el hemisferio norte.

El plan propuesto por el entorno de Trump plantearía poner millones de toneladas de dióxido de azufre para reducir el calentamiento. Aunque pudiera funcionar los riesgos y consecuencias serían de carácter global.

Estas ideas de modificar el tiempo artificialmente, pese a su baja o nula efectividad, han dado pábulo a creencias en conspiraciones internacionales para alterar el comportamiento de la atmósfera. El auge de internet, y su falta de control de la veracidad de la información, ha permitido el crecimiento exponencial de bulos y teorías paranoides, como es el caso de los chemtrails.

Los que creen en los chemtrails, o estelas químicas, mantienen que hay un gran plan para que los aviones que fumiguen con químicos con diversos objetivos como destruir cultivos, propagar enfermedades o provocar infertilidad. Con un poco de pensamiento crítico resulta fácil destruir esta peregrina teoría.

Las estelas son el resultado de la condensación de vapor de agua alrededor de las partículas emitidas durante combustión de los motores de los aviones. A la altura normal de vuelo la temperatura del aire es muy baja, las partículas que emiten los aviones ayudan a la condensación de gotitas de agua, como en el espejo del baño tras la ducha.

Dependiendo del contenido de humedad del aire, y de los vientos, las estelas pueden ser efímeras, tener una mayor duración o deformarse con el paso del tiempo.

La altura de vuelo de un avión comercial ronda los 30.000 pies, uno 9.000 metros. En el caso de que estuvieran fumigándonos sería necesario hacerlo a menor altura con una gran cantidad de producto para que algo llegase hasta nosotros; basta ver como se fumigan los campos de cultivo. Además, de tener cualquier viso de verosimilitud, qué necesidad existiría de fumigar con algo visible y que forma estelas que permanecen en el cielo cierto tiempo dependiendo de las condiciones meteorológicas, cuando la mayoría de los venenos son invisibles.

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