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El “duelo colectivo” pendiente del 11-M

Alfonso del Álamo relata en un libro su experiencia como director de Emergencias del Ayuntamiento de Madrid tras los atentados terroristas de 2004

Bomberos y personal sanitario examinan varios cadáveres entre los restos de uno de los vagones de la estación de Atocha.
Bomberos y personal sanitario examinan varios cadáveres entre los restos de uno de los vagones de la estación de Atocha. EFE

La burocracia funciona. Por mucho que sobre la palabra haya caído todo el desprecio colectivo imaginable, funciona. Porque cuando nada tiene sentido y las peores pesadillas se hacen realidad bajo la forma de decenas de muertos que hay que enterrar (fueron 192) y cientos de heridos que hay que atender (unos 1.700), lo único que permite mantener la cordura es un conjunto de normas que establezcan un orden racional para distribuir y gestionar (así es la primera acepción de burocracia en el diccionario). De hecho, 11M El honor de servir, el libro en el que Alfonso del Álamo relata, con precisión de cirujano (aunque él es, en realidad, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria), su experiencia como director de Emergencias del Ayuntamiento de Madrid tras los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004, iba a llevar al principio otro título: La Lista. “La lista, que a la vez que símbolo del horror era tabernáculo del orden, el reducto de un mundo funcionando”, escribe Del Álamo en el prefacio del libro.

Se refiere a la lista de heridos (la que se esforzaron en pedir a los hospitales desde primera hora pese a las resistencias de los sanitarios que lidiaban con asuntos mucho más urgentes), a la de desaparecidos que una y otra vez pasaban a la de muertos. La misma que tuvieron que custodiar mientras iban informando a las familias en el IFEMA, en medio de un complejo dispositivo de forenses, policías científicos, psicólogos y voluntarios que nunca antes se había montado y que también tuvieron que ordenar, con normas y jerarquías muy claras, sobre la marcha. “La frase de Pedro Calvo [en 2004, concejal de Seguridad de Madrid] fue definitiva: ‘Los terroristas han intentado hacer daño y provocar el caos. El daño ya lo han hecho; vamos a intentar que el caos no se produzca”.

Está en el texto (publicado por la editorial La Esfera de los Libros), pero Del Álamo recuerda la frase de viva voz un jueves. Con su gesto serio, con una de esas caras curtidas que parece sacada de una película de Sergio Leone, reconoce que hay gente a la que seguramente no le guste cómo sale retratado en el libro (algún político, algún psiquiatra…) y que en aquellas horas terribles también se cruzó con algunas miserias, tan humanas ("Me parecía increíble que hubiera quien me pedía prebendas para ellos o sus familias”). Sin embargo, insiste: “Son muchas más las luces que las sombras. Y creo que en esas luces no se ha insistido lo suficiente”. Habla del comportamiento “excepcional” de los profesionales, de todo el pueblo de Madrid que se volcó en ayudar; el título finalmente elegido, El honor de servir, juega con la idea de servicio público y también con el deseo de todo el mundo aquel día de “servir para algo”.

Por eso se decidió Del Álamo a tomar el cuaderno con las notas que empezó a tomar apenas un mes después de los atentados para escribir un libro en el que cuenta lo que vivió entre el 11 y el 13 de marzo, casi minuto a minuto. Ha querido aportar su granito de arena para intentar pasar una especie “duelo colectivo” que aún está pendiente. “Toda la discusión política nos secuestró la digestión del proceso a todos los españoles”. Cree que hacen falta muchas más investigaciones médicas y sociológicas para comprender qué nos pasó como sociedad después del 11M, si tenemos más miedo, menos confianza… “Si buscas estudios sobre el 11S [los atentados en Nueva York en 2001] te salen miles de resultados; si los buscas sobre el 11-M encuentras 30, 20 decentes”. Él mismo duda cuando se le pregunta cómo le afectó. “Sé que me cambió, pero no sabría muy bien decir cómo. Creo que me hizo comprender que toda mi vida anterior [dedicado a la cooperación, se había visto envuelto en graves accidentes, en maremotos, en situaciones límite en bosques tropicales] me había preparado para algo mucho más potente que me deparaba la vida”, cuenta este hombre que todavía después del 11M tendría que lidiar con los atentados terroristas en el aeropuerto de Barajas en 2006 o el accidente de Spanair en 2008.

Para entonces, ya pudo aplicar todo lo que habían aprendido en 2004. Porque, eso sí lo tiene claro, aquel horror les ayudó a mejorar los medios de emergencias, los protocolos. Bendita burocracia.

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