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Crecer sin madre por un asesino machista

Los olvidados huérfanos de la violencia de género protagonizan una emotiva jornada parlamentaria clausurada por el expresidente González

Felipe Gonzalez, acompanado por Joaquin Garcia Cazorla Taboada y de Marisa Soleto.

David, un muchacho apuesto y formal que no aparenta ni 30 años, subió al estrado de la sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados, tomó la palabra y en cinco minutos, sin una voz más alta que otra, propinó un puñetazo a la conciencia de los presentes, de la presidenta Ana Pastor para abajo. David es tío y tutor de su sobrina. Una niña de 6 años que, a los 2, en 2013, vio a su padre matar a su madre –la hermana de David– en su propia casa. Tras el asesinato, que tardó meses en investigarse, el homicida se llevó a la niña de su entorno, solicitó y obtuvo una pensión de viudedad de su víctima y aisló a la pequeña de su familia materna. Tras la condena firme a 20 años del homicida, David y su esposa, una joven pareja sin hijos, se hicieron cargo de la menor. El relato directo, sin victimismos, sentimentalismo ni tremendismo ninguno, de la gincana burocrática que supone criar a un huérfano de la violencia machista sacó los colores a todos. Y eso, sin escuchar a la pequeña, cuyo silencioso dolor atronaba la sala.

“Mi mujer y yo tomamos esta decisión, comprometida y madurada, de corazón. Volveríamos a hacer. Pero nuestra vida ha cambiado. Ahora somos una familia: un padre, una madre y una hija. No pedimos caridad. Solo, que no sea imposible”. Así, con tono emocionado pero sereno, relató David las dificultades para acceder a las escasas y dispersas ayudas a los huérfanos, la imposibilidad de incluir a su sobrina como hija en su declaración de IRPF, o la paradoja de que, si finalmente, consigue la adopción de la menor, esta deje de percibir la pensión de orfandad de 190 euros que percibe. “Somos sus tutores, podríamos seguir así, pero queremos adoptarla para protegerla de su padre. Ella nunca dejará de ser huérfana. No queremos compasión, sino que no se penalice la desgracia”, dijo. Un aplauso de varios minutos selló sus palabras. No se recordaba un testimonio más emocionante desde el de Pilar Manjón en la Comisión del 11-M.

La violencia machista deja unos 40 huérfanos al año, 8 solo en lo que va de año, 500 desde la entrada en vigor de la Ley de 2004. Son las víctimas más invisibles y olvidadas. La sensación en la jornada parlamentaria donde se presentaban las conclusiones del Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla para huérfanos de violencia de género era de hora de la verdad. Tras 13 años de vigencia de la ley, había en el aire el reconocimiento de cierto fracaso y cierta vergüenza. El Estado no ha atendido debidamente a los más vulnerables. Pero también un propósito de enmienda. “Estamos en una encrucijada histórica. Esto no es una cuestión de partido, sino un partido único. La atención de los menores víctimas de violencia nos alude, nos atañe, nos avergüenza”, dijo Mario Garcés, secretario de Estado de Asuntos Sociales. La fiscal de Violencia contra la Mujer, Teresa Peramato abundó en la idea: “Vamos avanzando, y fiscales fiscales cada vez muestran más preocupación por estos menores. Pero no estamos satisfechos. Estamos fallando, en la protección de las mujeres y los niños. Si no protegemos bien a los niños, no protegemos a las mujeres, y viceversa. Necesitamos, exigimos, más formación. Todos: jueces, policías, sanitarios. Necesitamos proteger para prevenir, y al revés. Esto es una necesidad conjunta”.

Luego vinieron, claro, los políticos. Las portavoces, porque fueron todas mujeres, de los grupos parlamentarios. La batería de medidas que propondrán en la subcomisión de Violencia de Género que estudia el futuro Pacto de Estado. La memoria de Soledad Cazorla, primera fiscal de Violencia para la Mujer hasta su muerte en 2015, y cuyo rostro bondadoso presidía las pantallas, sobrevolaba la sala. “¿Por qué te has muerto?, con todo lo que queda por hacer” llegó a preguntarle al aire su hermano, el letrado en Cortes Luis María Cazorla, mezclando en su testimonio la razón, el corazón y la prudencia necesaria para abordar tan complejo asunto. El dedo en la llaga lo había puesto David con su dignidad de padre sobrevenido del hijo de su hermana muerta. “A la niña le decimos que su mamá de barriguita está en el cielo, y su papá biológico está en el sitio donde se castiga a los mayores que no han sido buenos”.

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