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Los contratos de las Fuerzas Armadas

El Ejército mantiene sus blindados de combate con ofertas a precio de chatarra

Las empresa ofertan rebajas de casi el 90% en repuestos y mano de obra

¿Confiaría el mantenimiento de un Mercedes de alta gama a un mecánico que cobrase 7,7 euros la hora, poco más del salario mínimo de una empleada de hogar? ¿Estaría tranquilo si el taller le cobrara los repuestos por menos de la cuarta parte del precio de catálogo? El Ejército español trabaja con ofertas para mantener vehículos de combate como el RG-31, que cuestan 800.000 euros cada uno y están desplegados en zonas en guerra, como Malí o Irak, a precios más propios del mercado de la chatarra que de blindados de última generación.

Un blindado RG-31, en la base de Qala-i-Naw, Afganistán, en octubre de 2012. Ampliar foto
Un blindado RG-31, en la base de Qala-i-Naw, Afganistán, en octubre de 2012. EL PAÍS

El pasado 24 de enero se abrieron las ofertas del expediente de apoyo al mantenimiento de RG-31, un blindado diseñado para resistir ataques con artefactos explosivos improvisados (IED) del que España adquirió 110 unidades para proteger a sus tropas en Afganistán. El importe del acuerdo marco, que debe plasmarse en sucesivos contratos, suma 2,3 millones (sin IVA) hasta 2019 y una posible prórroga de dos años por 1,4.

Como argumentaba el coronel César Espíritu en un informe referido a otro concurso, “no se trata de la contratación del servicio de mantenimiento de un turismo, ni de un vehículo de transporte o entrenamiento, sino de un vehículo blindado de combate [...] Si las piezas de repuesto no cumplen los estándares de calidad exigidos, podrían provocar un accidente, riesgo que este órgano de contratación no está dispuesto a asumir”.

El reparto del pastel del Centauro

El Ejército de Tierra adjudicó en marzo de 2016 el contrato de reparación de conjuntos y subconjuntos del Centauro (un blindado sobre ruedas con un cañón de 105 milímetros del que España adquirió 84 unidades y cuyo coste unitario ronda el millón de euros) por 1,5 millones a la empresa SDLE. Esta ganó el concurso al ofrecer una rebaja del 92,20% sobre la hora de trabajo, valorada en 35 euros. Es decir, ofertó a 2,73 euros la hora.

Parece difícil que se pueda hacer negocio con esa tarida pero, simultáneamente, SDLE ganó otro concurso, esta vez de piezas de repuesto para el Centauro, por 2,4 millones de euros. Ello fue posible porque la empresa fabricante del blindado, la italiana Iveco-Oto Melara, quedó excluida del concurso al no presentar toda la documentación exigida en el pliego. SDLE ofrecía solo un 1% de descuento sobre las tarifas de los repuestos, mientras que la firma COHEMO ofertó una rebaja del 5%, lo que la convertía en ganadora. Sin embargo, esta última retiró su oferta, tras haber sido admitida, por lo que SDLE se quedó como única opción y se llevó el contrato.

Meses después, en el verano de 2016, el Ejército de Tierra sacó un nuevo concurso de adquisición de repuestos del Centauro, con un presupuesto base de 218.605 euros. Esta vez COHEMO resultó adjudicataria, por un importe mayor al inicial: 468.604 euros.

El precio de salida era de 70 euros la hora de trabajo en el parque de mantenimiento de vehículos del Ejército en Córdoba (PCMRV 2), 90 euros en las unidades que tienen el RG-31 (lo que exige desplazarse a distintos lugares de España) y una dieta de 215 euros diarios por trabajar en zona de operaciones. Esta última incluye gastos de viaje, alojamiento, manutención y seguro en Mali, Líbano o Irak.

La empresa ganadora, ITE, ofertó una rebaja del 89% en la mano de obra; es decir, 7,7 euros por hora de trabajo en el centro de Córdoba, 9,9 en unidades militares y 23,65 euros de dieta por día en zona de guerra. No fue una excepción: la segunda clasificada, Casli-Cohemo ofreció 6,3 euros la hora; y la tercera, SDLE, 3,5 euros. Estas tres empresas se han llevado en los últimos años gran parte de los contratos de mantenimiento del Ejército reventando los precios.

El consejero delegado de ITE, Oven Martín Acedo, asegura que, aunque su oferta es muy ajustada, trabaja con un 15% de margen y que los números le salen porque sus empleados son capaces de realizar las tareas de mantenimiento en una tercera o cuarta parte del tiempo previsto. Admite que es imposible ir a Mali o Irak por menos de 24 euros diarios pero explica que “el descuento tenía que ser lineal y esa es una eventualidad que puede darse una o dos veces al año, o ninguna, por lo que no la consideramos económicamente”.

Ofertas admitidas para el concurso de mantenimiento de los vehículos RG-31

Descuento en los repuestos

Fuentes del sector no lo ven tan claro: el mantenimiento lo regula el tempario, un protocolo del fabricante que fija las tareas a realizar y los tiempos necesarios para cada una. Acortarlos no es fácil; sobre todo si no se conoce el vehículo, como es el caso. “Es posible que no haya que ir a zona de guerra en un año, pero también que haya que hacerlo tres veces en un mes”, agregan.

Si ITE ha ganado no ha sido por tirar el precio de la mano de obra sino, sobre todo, por ofrecer un descuento del 69% en los repuestos. Oven Martín asegura que el tarifario —un catálogo de 682 repuestos con sus precios incluido en el pliego del concurso— está “muy inflado” y que es posible adquirir piezas mucho más baratas acudiendo directamente a quienes las fabrican.

Otras fuentes consideran que, salvo los que son comunes a otros vehículos, es imposible comprar recambios originales del RG-31 con una rebaja de ese calibre. Santa Bárbara Sistemas, que suministró los RG-31 al Ejército y los mantenía hasta ahora, ofertó un 10% de descuento.

Un portavoz del Ejército de Tierra explicó a EL PAÍS que aún no se ha adjudicado el mantenimiento de los RG-31 y que la Mesa de Contratación no elevará su propuesta hasta que reciba los informes técnicos. Subrayó que, tras la entrada en vigor de la Ley de Apoyo a los Emprendedores, ya no existe la baja temeraria, por lo que no se puede eliminar una oferta por barata. Lo que sí puede hacer el órgano de contratación es desechar la oferta ganadora si incluye “valores anormales o desproporcionados” que cuestionen su viabilidad, tras pedir informes técnicos.

“Tenemos las manos atadas por la ley, que obliga a elegir las ofertas más baratas”, se queja un mando del Ejército. “Si luego hay problemas, es muy complicado rescindir un contrato y, mientras tanto, la operatividad se resiente”. El objetivo de la ley de emprendedores era romper el círculo vicioso por el que solo las empresas con experiencia lograban nuevos contratos.

Controles y corruptelas

El mantenimiento del RG-31 aún no se ha adjudicado, pero en los últimos años se han adjudicado contratos para mantener vehículos de combate como el BMR o el Centauro con descuentos que rondan el 90% y precios de 4,04 y 2,73 euros por hora de trabajo. Si las adjudicaciones fueron correctas, entonces el pliego de condiciones debía estar mal hecho, pero nadie parece tomar nota, pues la distancia abismal entre el precio inicial y el final se repite en los nuevos concursos.

Los expertos admiten que las grandes empresas son más caras que las medianas y pequeñas, al cargar sus gastos generales, pero aún así consideran inexplicables estas tarifas.

El Ejercito tiene sistemas de control y seguimiento de los contratos que, en teoría, harían imposibles corruptelas que históricamente se han dado en sus centros de mantenimiento: el que trabajadores civiles de Defensa, o militares, trabajen para las empresas privadas en sus horas libres, o incluso en su jornada laboral; que en vez de piezas originales del fabricante se pongan réplicas o copias encargadas a un taller o que se saquen del propio stock de repuestos del Ejército.

Al margen de conductas irregulares, hay huecos en los pliegos que aprovechan las empresas: repuestos que no figuran en el tarifario y reparaciones que no están en el tempario. El precio de ambas es libre.