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Iglesias y Errejón ocultan su pugna ante el clamor de unidad de las bases

Los dos dirigentes escenifican una tregua en la primera jornada del congreso de Vistalegre, cuyo resultado se conocerá hoy hacia las 13.30

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, este sábado, en Vistalegre. BERNARDO PÉREZ / Vídeo: Quality

Un clamor recorrió este sábado el Palacio de Vistalegre, en Madrid, donde Podemos celebraba la primera jornada de su congreso: “unidad”. Lo corearon durante todo el día los casi 9.000 simpatizantes congregados, como un reproche directo a los dirigentes. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, líder y número dos enfrentados por el control del partido, se vieron obligados a ocultar su pugna y escenificar una tregua. La cúpula contiene el aliento por el resultado de la consulta a las bases cuyo resultado se sabrá hoy y será clave para el futuro del partido.

La escalada de tensión, fuego cruzado y guerra sucia de los días precedentes al congreso de Vistalegre 2 auguraba un cónclave bronco y de batalla total. Lo que sucedió en la primera jornada, sin embargo, fue la representación de una tregua entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que soslayaron su disputa y se esforzaron en rebajar el tono, forzados por la petición de unidad de las bases. “El ensimismamiento y la división trabajan para el enemigo”, proclamó el secretario general nada más subirse al escenario. “A partir del lunes, más Podemos, más unidos y más fuertes”, se comprometió el número dos.

Entre bambalinas, sin embargo, la división era incuestionable. Iglesias y Errejón entraron por separado en el foso, pasaron el día en camerinos diferentes, y solo se saludaron una vez, con un forzado abrazo delante de las cámaras. Los dos sectores enfrentados aguardan en vilo el resultado de la consulta a las bases (en la que han participado 155.275 personas, el 34% del censo total, su récord histórico) conscientes de que puede suponer la ruptura total. El “psicodrama”, reconocía un dirigente de la cúpula, puede desencadenarse este domingo, cuando se anuncien los números delante de la militancia. Iglesias y Errejón se juegan su futuro: el líder se ha comprometido a dimitir si pierde su lista a la dirección y sus ponencias, aunque sea refrendado como secretario general en la votación separada. El número dos sabe que si pierde de forma rotunda será apartado. Perderá la Secretaría Política que dirige y está en duda su permanencia como portavoz parlamentario de Podemos.

Iglesias entonó un tibio mea culpa en la apertura del congreso. “Hemos cometido muchos errores, pero hoy y mañana esta asamblea tiene que ser un ejemplo de unidad, fraternidad e inteligencia”, subrayó, también como un aviso a sus críticos. El secretario general no dirigió reproches a su número dos, al que citó solo una vez, al final de su última intervención. “Hablar de mi proyecto para la secretaría general es hablar de Íñigo Errejón y de Miguel Urbán. Cuento con vosotros, compañeros”. En realidad, Iglesias puso así al mismo nivel a su secretario político, quien hasta hace no tanto era su mano derecha y con quien formó el tándem que construyó Podemos, y al líder de Anticapitalistas, también cofundador del partido pero representante de la tercera familia minoritaria. Iglesias les citó a ambos como líderes de dos corrientes, en la constatación definitiva de que Podemos es ya una formación integrada por tres facciones.

LA CÚPULA DE PODEMOS, EN 2014 Y HOY

Los errejonistas recibieron con desagrado su discurso de candidato a secretario general, que entendieron de parte. El sector afín al número dos consideró que el discurso no fue integrador, porque Iglesias debía explicar su proyecto como líder de todos y lo dedicó íntegramente a presentar a los miembros de su lista a la dirección. La clave es que esa es la votación determinante, la de la lista al Consejo Ciudadano Estatal. Fuentes del equipo del líder reconocieron que había sido un acto de campaña, porque las bases seguían metiendo votos en la urna —digital— durante todo el día. A las ocho de la tarde se cerró la votación telemática, tras una semana abierta (desde el sábado 4). Durante este sábado, la participación aumentó en 10.245 votos.

Iglesias y Errejón ocultaron su pugna disparando al enemigo común: las élites, y el PP, el PSOE y Ciudadanos, al mismo nivel. “Nos gobierna una gran coalición, una triple alianza atrincherada en el inmovilismo”, clamó el líder. “Mintieron a los españoles, dijeron que no investirían al PP y hoy sostienen al Gobierno”, reprochó a los socialistas, a quienes situó en la misma categoría de establishment que los populares. “Soy de izquierdas, pero no me creo la geografía parlamentaria, que el PP esté en la derecha y PSOE en la izquierda. Son los representantes del proyecto de las élites”, subrayó Iglesias, que auguró: “El viento del cambio sigue soplando”.

Errejón reprochó al PSOE que haya declarado que su enemigo a batir es el populismo, “que es como le llaman al cambio quienes llevan mucho tiempo lejos del pueblo”, criticó. “Pues aquí estamos”, sostuvo con tono desafiante. El número dos fue especialmente duro con los populares: “Tened cuidado si el siguiente congreso lo tenéis que hacer en un centro penitenciario”.

La incertidumbre es total por el resultado de la consulta, que no será sencillo de interpretar. Las bases votaban simultáneamente pero de forma separada la lista a la dirección, los documentos políticos, organizativo, ético y de igualdad, y la secretaría general. Eso significa que Iglesias —que será refrendado como líder, porque enfrente tenía solo a un diputado andaluz sin apenas proyección— puede perder o ganar la lista y/o los documentos, o alguno de ellos. Los errejonistas creen que la alta participación les beneficia, porque cuantos más votantes más se parece el grupo decisorio al electorado más diverso de Podemos. Los pablistas consideran que han ganado la pregunta de la campaña, que ha sido ¿Iglesias o Errejón? y eso favorece su victoria.

El sábado no hubo drama en Vistalegre, pero el día decisivo es el domingo. Si Iglesias pierde, se ha comprometido a dimitir, y el plan de su número dos solo pasa por convencerle de que no lo haga. La plaza de toros vibró, pero el ambiente no era festivo, sino de protesta por la división. El más aplaudido fue, de hecho, el líder de Anticapitalistas, Miguel Urbán, al grito desgañitado de “¡En Vistalegre no hay enemigos internos!”.

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