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Dolores de Cospedal, el estereotipo de la guardiana

En 2008, Mariano Rajoy quiso marcar un giro en el PP, pasar del aznarismo al marianismo

 La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal.
La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. EFE

En 2008, fue toda una sorpresa, un cambio radical, el estereotipo del giro que Mariano Rajoy quiso marcar en el PP. La cara y la cruz del tránsito del aznarismo al marianismo. Dolores de Cospedal, que tiene 51 años actualmente, llegó a la secretaría general, el segundo despacho de poder en Génova 13, poco después de que Rajoy volviera a perder unas elecciones frente a José Luis Rodríguez Zapatero y antes de que explotara en su brutal dimensión el caso Gürtel y los papeles de Bárcenas. Rajoy la nominó su guardiana en el partido y allí la abandonó a su suerte. Sin instrucciones de uso ni memoria.

Cospedal, casi nueve años después, aún no se ha granjeado la complicidad del aparato y sigue desconfiando del pasado de su partido. Pero no quiere renunciar a ese despacho ni a su poder territorial ante lo que pueda ocurrir en el futuro si alguna vez Rajoy se va.

Aquella primavera de 2008, tras desatarse una descarnada crisis interna sin precedentes en el PP, Rajoy emprendió la búsqueda de un escudero fiable que relevara a los epítomes del aznarismo: Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. Barajó varias opciones. Su amigo Javier Arenas rechazó el cargo que ya había ostentado, la opción del consejero madrileño Manuel Lamela no cuajó y varias personas de su entorno le recomendaron el perfil de una mujer, entonces de 44 años, abogada del Estado, con experiencia en distintos ministerios y que había sido consejera de Transportes en el Gobierno de Esperanza Aguirre, que entonces sopesaba presentarse como su rival.

Cospedal fue al final la única salida que encontró en su lista de 35 integrantes al Comité Ejecutivo. En su primer discurso prometió trabajar más en la calle que en los despachos, unidad y fortaleza. En Sevilla, cuatro años después, Rajoy continuó con el juego de equilibrios y la arropó con un vicesecretario como Carlos Floriano para liberarla de comparecer en público. Floriano acabó inmolado. Rajoy parece haber hallado ahora en Fernando Martínez-Maillo el sustituto ideal para Cospedal sin que lo parezca.

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