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Repetir curso: ni se mejora ni se aprende más

La alta tasa de repetidores es uno de los lastres del sistema educativo. España fulminó durante la crisis los programas de apoyo para combatirla. Aspira a recuperarlos en 2017

Alumnos repetidores del instituto El Espinillo, en Madrid.

Los cinco tienen la sensación de haber perdido o estar perdiendo un año de su vida. Valeria, Arturo, Nerea, Ignacio y Adrián son adolescentes y forman parte de un amplio grupo de estudiantes españoles: los repetidores. Un estatus por el que han pasado casi un tercio de los alumnos del país, según el informe PISA, que sitúa reiteradamente a España a la cabeza de una práctica que desaconseja de forma tajante.

Tienen entre 18 y 19 años y van uno o dos cursos por detrás de la gente de su edad. Arturo Capilla –que repite 2º de Bachillerato con dos asignaturas- está aprovechando para seguir con sus estudios del conservatorio. Ignacio Llorente, que se vuelve también al último año de Bachillerato con solo una asignatura, dice que esto le ha ayudado a madurar y usa el tiempo libre para sacarse el carné. Valeria Álvarez lo considera una segunda oportunidad. Ella, dice, asume “toda la responsabilidad” de lo ocurrido aunque muchos expertos creen que esta está en otra parte.

Repetir curso: ni se mejora ni se aprende más

“Que los estudiantes repitan es un fallo del sistema, no de los estudiantes”, destaca Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE y principal impulsor del informe PISA. Es quizá una de los especialistas más críticos con la repetición de curso e incluso ha convencido al ministro de Educación: “He comprendido que no es la solución”, señaló hace unos días a este periódico Íñigo Méndez de Vigo tras citarse con el responsable de la evaluación internacional. Schleicher lo considera “una estrategia cara, ineficaz y estigmatizante”, según resumía en una entrevista reciente con EL PAÍS. Supone 20.000 euros por alumno y hasta un 8% del gasto total educativo en primaria y secundaria –entre los porcentajes más altos de la OCDE, alerta este organismo-.

“España tiene una tolerancia muy alta con este asunto. Si el 20% de los pacientes de un hospital mueren, se encenderían todas las alarmas. Parece un ejemplo extremo, pero en el fondo se parece. Al estudiante que vuelve al mismo curso le dejas sin un montón de opciones vitales y le empujas al borde del fracaso”, añade Schleicher. “En educación nada es blanco o negro, pero la repetición no funciona la mayoría de las veces. Se cree que los alumnos se van a esforzar más, pero al curso siguiente suspenden las mismas asignaturas o más, se desmotivan”, añade Alberto Arriazu, presidente de la federación de directores de instituto Fedadi.

Un nuevo plan de apoyo en función de los resultados

J. J. MATEO/ P. Á.

El Gobierno cerró un compromiso con Ciudadanos dentro del pacto de investidura para poner en marcha en 2017 el Programa de Refuerzo Educativo para la lucha contra el Fracaso Escolar (PREFE), aunque el proyecto similar que el Gobierno del PP eliminó en 2013 – plan PROA- contaba con el doble de presupuesto. Su compromiso inicial con sus socios de Ciudadanos era también destinar 60 millones a esta nueva iniciativa, los mismos de los qu disponía el plan de refuerzo que el Gobierno del PP eliminó en 2013. Se destinarán la elaboración de programas de innovación para atender la diversidad de los centros y fondos para profesores de apoyo adicionales. Que los centros mantengan la financiaión de estos programas, según la propuesta de Ciudadanos, dependerá “de la mejora del desempeño educativo del centro y la reducción de las tasas de abandono escolar temprano”.

La joven Nerea Pastor fue la que dudó más y casi tira la toalla. “Me he planteado dejar el instituto en momentos de desesperación, pero en seguida se me pasa la idea. No quiero dejarlo porque tendría que ponerme a trabajar. Con mi currículo no podría optar a trabajos muy buenos”. Sus cuatro compañeros nunca barajaron abandonar , pero todos han descartado la Universidad: optarán por la Formación Profesional. Les preocupa ser una carga económica para sus padres, vivir demasiado tiempo de sus familias. Son alumnos del instituto El Espinillo, situado en el distrito de Villaverde, uno de los más humiles de Madrid capital.

El origen del que provienen también marcará el futuro de estos chicos. Aun con conocimientos idénticos, a los 15 años los hijos de familias con pocos recursos tienen una posibilidad hasta cinco veces mayor de haber repetido anteriormente que aquellos con una situación socioeconómica media-alta, según el último informe PISA. Entre las dos últimas ediciones de esta evaluación internacional la probabilidad ha aumentado de tres a cinco.

“Esto abre un debate enorme en España. Si miramos el fracaso y el abandono escolar, vemos que se ha reducido mucho durante la crisis, pero este grupo más bajo tiene la misma tasa que antes de la crisis. Las causas están en las dificultades que puede haber en casa pero también en lo que ha pasado en la escuela, resentida con la crisis. Deberían recibir más apoyo, pero hay menos”, añade Lucas Gortázar, investigador de la Universidad del País Vasco y coordinador del ciclo de educación del colectivo de análisis Politikon, que ha elaborado distintos trabajos sobre este asunto, como Cinco razones para acabar con la repetición, escrito en 2014.

Finlandia, uno de los países paradigmas del éxito educativo, dedica un tercio de la instrucción a revisar la evolución de los alumnos fuera de clases formales para detectar fallos. “La cuestión no es suplantar la repetición con promoción automática, sino dar a los alumnos los recursos que necesitan y a los profesores la confianza para que eso sea posible”, considera Schleicher.

Aunque más dinero no sea siempre la solución para mejorar un sistema educativo, “hay ámbitos donde no se puede recortar”, valora Francisco López Rupérez, expresidente del Consejo Escolar del Estado. Lamenta que el debate sobre la repetición de curso “ha sido muy precario en España, se le ha dedicado poco tiempo y no se ha trabajado en las causas”. Entre otros motivos, añade, porque “no interesa”. “Tenemos responsables políticos de alto nivel que saben muy poco de política educativa”.

En 2013, después de iniciar una reducción de las plantillas de profesores que ponía ya en riesgo la atención a los alumnos más necesitado, el Gobierno del PP eliminó la partida para los planes PROA (Programas de Refuerzo, Orientación y Apoyo), que suponían 60 millones de euros en su última edición, en la que participaron más de 4.200 centros educativos. Ahora el Gobierno anuncia la puesta en marcha de un plan similar en el marco de su acuerdo de Gobierno con Ciudadanos, aunque con la mitad de presupuesto.

Necesitará un tiempo amplio de rodaje para despegar, como los chicos de este reportaje. ¿Cómo se ven en 10 años? “Aún no sé cómo será la Valeria de 29 años, pero me gustaría progresar”. “Me veo trabajando detrás de las cámaras”, imagina el estudiante Arturo Capilla. Nerea Pastor se intuye “feliz e independiente”. Adrián Reyero, de informático y con su propia casa. Ignacio Llorente vuela un poco más alto: “Con la vida resuelta, una casa, un salario y pocas preocupaciones. Después de estar repitiendo con una sola asignatura hay que ser optimista, ¿no?”.