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Posverdades y exageraciones del independentismo

El circuito de pequeñas conferencias tiene pocos filtros para los gurús de la desconexión

Santiago Vidal ha afirmado que el Govern catalán tiene de forma "ilegal" datos fiscales de los catalanes e investiga a jueces en Cataluña.
Santiago Vidal ha afirmado que el Govern catalán tiene de forma "ilegal" datos fiscales de los catalanes e investiga a jueces en Cataluña. EFE

El senador de ERC Santiago Vidal explicó en cuatro conferencias de finales de 2016 presuntos preparativos que hacía la Generalitat para la independencia. EL PAÍS reveló algunas de sus sorprendentes declaraciones: el Gobierno catalán ya tenía los datos fiscales de los ciudadanos “y no diré cómo se han conseguido porque los hemos conseguido de un modo absolutamente ilegal”, se manejaban listas de jueces fieles y opuestos al proceso, y la promesa de un salario mínimo de 1.000 euros para todos. La Generalitat negó las frases de Vidal y dijo que eran solo “opiniones”.

El contexto de las afirmaciones de Santiago Vidal —charlas por diferentes ciudades catalanas— es un canal común de conformación de la opinión pública en los últimos años. Líderes de opinión han usado esos foros para difundir en ocasiones exageraciones o medias verdades. Las opiniones son allí más sueltas porque las palabras quedan en una sala pequeña. Pero Youtube ha hecho que la sensación de intimidad desaparezca. Una vez colgado el vídeo en la web, las conferencias tienen una audiencia mayor.

La Assemblea Nacional Catalana (ANC) es la asociación más destacada a la hora de montar charlas: tiene 584 sedes locales que organizan frecuentes encuentros con el objetivo de animar a los afiliados. Òmnium, o los mismos partidos políticos, también son organizadores habituales.

En el caso de la ANC, las territoriales son soberanas. No hay ningún filtro que les impida traer a conferenciantes. Según fuentes de la asociación, solo ha habido una petición de veto desde la central. Fue precisamente con Santiago Vidal, a quien recomendaban no invitar a nuevos actos desde hace unos meses. Hasta el caso de Vidal, desde la ANC, todo lo que hacían para filtrar era enviar una carta diciendo que un conferenciante estaba más dispuesto o estaba quemado y que le dejaran descansar. Cada sede hace lo que quiere.

Esta libertad provoca declaraciones sorprendentes, incluso noticiosas. El 7 de octubre de 2016, en Bellaterra, el director del digital Vilaweb, Vicent Partal, dio una charla para la ANC local. Allí dijo que “la mayor parte de la vida cotidiana de los catalanes ya la controla la Generalitat y solo se necesita un plus, un porcentaje pequeño” para la independencia. La opinión de Partal sería menos valiosa si no fuera porque, según dijo, le han enseñado “cosas que no serían tanto confidenciales como más bien discretas” que le confirmaron que “todo estará preparado [para la independencia] en junio” y además “no hará falta que nadie haga nada”. Ningún catalán será llamado a hacer “nada insólito” porque será “muy normal, muy tranquilo”, dijo Partal.

Tras estas frases, una asistente preguntó a Partal si realmente era así, si realmente podía mirarse con una amiga y suspirar. Partal contestó que sí y pasó a contar detalles de asuntos en elaboración: el Instituto Cartográfico está delimitando la frontera con España, se ha nombrado ya a un encargado para un Laboratorio de Pruebas Animales porque un organismo así es necesario para entrar en la Unión Europea. “Esto es un gran puzle en el que debes ir moviendo todas las piezas para que encajen el día que toque sin que el Estado tenga todo el dibujo”, añadió. Nadie se enterará de nada hasta que llegue el día exacto, según Partal: “Nos la jugaremos en dos días. Si declaramos la independencia y, al día siguiente, España sigue mandando, habremos hecho el ridículo”. Para evitarlo, “en el minuto que toque, todos los concejales, policías, directores de empresas públicas recibirán un protocolo que les dirá qué deberán hacer mañana”. La noche de la independencia habrá miles de personas leyendo el dossier que les cambiará la vida.

Miquel Sellarès, fundador de Convergencia Democrática de Catalunya y antiguo director general de Seguridad Ciudadana, en una conferencia en Gracia (Barcelona) el 25 de octubre de 2016, era menos optimista sobre el proceso de la independencia: “Nos enfrentamos a un Estado. Llegará un momento en que [la desobediencia civil] será normal. Y si son tan burros que les metan en la cárcel. ¿Nos quieren llevar a la cárcel? Que nos lleven, ¡500 personas en la cárcel!”, celebraba. A Sellarés le preocupan los tentáculos del Estado: “Desde Fort Apache [la delegación del Gobierno en Cataluña] mandan lo que les da la gana a los Mossos”, dijo. O daba por hecho que “el Estado infiltra a gente de extrema derecha en los Mossos”.

Creía también que el establishment español siempre se iba a oponer a la independencia: “En Madrid se ha hecho ahora un informe genial que espero que los de Podemos publiquen”, dijo. “Es una base de datos con todos los nombres y apellidos del franquismo, y luego de Ciudadanos y del PP: son los mismos”, añadió.

En el circuito de pequeñas charlas, se dan a veces opiniones difíciles de encontrar en otros foros. Mireia Mata, nueva directora general de Igualdad de la Generalitat, dijo en un acto en Cabrils en octubre de 2016 que su infancia y juventud en la Cataluña española había sido terrorífica: “Hemos crecido tutelados, dirigidos, rodeados y reprimidos por un sistema estatal bajo un imperio colonial, luego real, y ahora autonómico, basado en la represión y en la desigualdad y a muchos les han conseguido dominar la mente de manera que parezca natural la represión, la injusticia como un mal divino”. El problema era, según Mata, también cultural: “Vivimos en un Estado con la cultura española de los pillos, la literatura española es la única que ha creado al bicho, al que fastidia, el Lazarillo de Tormes”.

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