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Rajoy ya ha hablado con Puigdemont y no ve viable la reforma constitucional

El líder popular prevé un Congreso del PP cómodo y espera para el verano que PSOE y Ciudadanos refuercen sus liderazgos para fraguar tres grandes pactos de Estado

Rajoy y Puigdemont, el pasado mes de abril en La Moncloa.
Rajoy y Puigdemont, el pasado mes de abril en La Moncloa.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, parece hecho a que los 365 días del año sean o puedan ser inoportunos. Esa es la filosofía con la que se toma a día de hoy el desplante de José María Aznar con la renuncia, justo a un mes del Congreso Nacional del partido, a la presidencia de honor del PP. Rajoy concluye que no tiene sentido interpretar esa decisión ahora de Aznar. Quiere no darle más importancia. Se cree la explicación que su exjefe le dio el martes por teléfono cuando le llamó a Nueva York para comunicarle que no debía seguir siendo el único patrono de la FAES en mantener un cargo, aunque fuera decorativo, del PP. Le escuchó e hizo como que le pareció muy bien, según fuentes del Gobierno y de su entorno en La Moncloa. Entiende que Aznar está en sus trece pero Rajoy quiere fijarse en otros problemas de España.

El principal lío en el horizonte que admite ahora el presidente del Gobierno, tras superar el año en funciones, las dos elecciones generales y finalmente la investidura y la formación de su Gabinete, es el lío catalán. Rajoy no es optimista ni pesimista. Apuesta en esta nueva fase por hablar más, con los dirigentes catalanes y de los demás partidos, particularmente del PSOE y en privado, pero sin grandes expectativas de cambio en ningún sentido. Rajoy ha hablado ya hace unos días, alrededor de una semana, con el presidente catalán, Carles Puigdemont, y no ha sacado grandes conclusiones, según fuentes de su entorno directo. No han cerrado tampoco una cita para verse, como tienen pendiente.

La conversación con Puigdemont se desarrolló con normalidad y, según las mismas fuentes, no hubo una petición expresa de Rajoy a Puigdemont para que acuda a la Conferencia de Presidentes prevista el próximo 17 de enero en el Senado. No obstante, aseguran que al presidente del Gobierno le gustaría que Puigdemont estuviera presente en ella porque se trata de un foro propicio para el diálogo. El Gobierno, con Rajoy a la cabeza, reconoce que en Cataluña hay un problema y va a intentar avanzar en su solución. Muestra de ello será el diálogo iniciado por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Las mismas fuentes advierten, sin embargo,  en que no se puede liquidar la soberanía nacional y en que es el pueblo español el único que puede decidir sobre ella. El Gobierno recalca que, tal y como ha venido asegurando Rajoy en diferentes ocasiones, mientras él sea presidente del Gobierno, la soberanía nacional no se va a liquidar. Y han ido más allá al considerar que nadie, con independencia del partido al que pertenezca, va a ser presidente del Gobierno de España para liquidar el país. De la situación actual creen que se sale hablando y por eso hacen hincapié en que hay que comprobar la voluntad de diálogo de cada uno.

Lo que Rajoy no ve necesario es la reforma de la Constitución para ayudar a solventar la deriva separatista en Cataluña. No cree en ella, no le parece viable, no le encuentra sentido y no ha conseguido ni en público ni tampoco en privado que ninguno de los precursores de ese cambio de la Constitución de 1978 le explique en qué aspectos relevantes y concretos quiere promover ese cambio, según fuentes del ejecutivo. No es solo que haya escuchado posiciones contradictorias de distintos partidos sobre qué puntos y artículos se querrían enmendar ahora. Es que no ha visto ideas que él considere importantes que hagan necesaria una reforma del texto constitucional en estos momentos y mucho menos que vayan a lograr un consenso parlamentario amplio, según las mismas fuentes. No le parecen de esa relevancia ni incluir la entrada de España en Europa, ni citar la denominación de las comunidades autónomas, ni suprimir los aforamientos. Y no está por la labor de discutir un cambio de estatus de Cataluña.

Rajoy ha conversado sobre esos aspectos y sobre los límites de la Constitución que no se tocarían (unidad de España, papel actual de la monarquía y referéndum de autodeterminación) con el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, como avanzó EL PAÍS. Y le parece bien y a tener en cuenta la suma de apoyos entre el PP, el PSOE y Ciudadanos para evitar esos asuntos y fijar los topes de esa discusión si al final otros partidos, como Podemos y las fuerzas nacionalistas, proponen y logran imponer la creación de esa subcomisión en el Congreso. Pero Rajoy no cree necesario ni útil abordar la reforma de la Constitución para encarar el problema político con Cataluña, según fuentes del Gobierno.

Cuando se le pregunta directamente por su propuesta para rebajar en los próximos años el conflicto sobre Cataluña responde únicamente que hablar más y asegura con convicción que mientras él sea presidente lo seguro es que la unidad de España no será cuestionada entre otras razones porque esa competencia no está en sus manos ni en las del Gobierno ni en las del Parlamento español y solo la pueden ejercer todos los españoles. Rajoy matiza también que ningún presidente del Gobierno de España de otros posibles partidos aceptará jamás una consulta con el objetivo de partir el país, según fuentes de La Moncloa.

El líder del PP es consciente de que afronta en una posición política de partida mejor el año 2017 que sus adversarios de otros partidos. El Congreso Nacional del PP, previsto para el 10, 11 y 12 de febrero, no aportará grandes novedades ni cambios internos en su partido y se presenta en principio cómodo. No hay previsto candidatos alternativos ni grandes conflictos internos. A Rajoy nunca le ha gustado pronunciarse sobre las crisis de otras formaciones, para evitar que los demás se inmiscuyan en asuntos del PP, pero sí se atreve a demandar que sería bueno que PSOE y Ciudadanos, sus socios preferentes en esta legislatura, cuenten con liderazgos fuertes en el menor plazo de tiempo posible para encarar algunos pactos de Estado que querría poner en marcha para los próximos 25 años. Pactos sobre las pensiones y la educación, sobre todo.

A Rajoy le gustaría que el PSOE respaldase los presupuestos generales del Estado para 2017, porque es lo que toca ahora negociar y porque es el guion normal que se tiene en cuenta en los países europeos de nuestro entorno, pero agradece aún más el reciente apoyo conseguido de ese partido al techo de gasto para todas las administraciones públicas. Si hace falta y no es posible el acuerdo para las cuentas públicas, el Gobierno prorrogará los presupuestos. A Rajoy esa opción no le inquieta en exceso.

El presidente del ejecutivo central habla con frecuencia con el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, y admite que ha encontrado en el dirigente socialista un interlocutor fiable con el que se puede entablar una relación sosegada y fiable, según fuentes de La Moncloa. Después de la legislatura frustrada y el año en funciones, en el que ha visto muchas actuaciones políticas solo de cara a la galería mediática, Rajoy agradece ahora que las conversaciones con Fernández y con otros líderes sean discretas. Las promoverá más porque le parecen más útiles.

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