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Aprender a triunfar en Silicon Valley

50 jóvenes emprendedores españoles visitan con sus ‘startups’ la meca mundial de los negocios tecnológicos

Los participantes del certamen Yuzz frente al Golden Gate de San Francisco.

Dos minutos. Es el tiempo estipulado para contar la idea que te hará rico delante de una fila de tiburones (inversores en el argot). “Lo que cuenta de mejorar el mundo está muy bien. Pero, ¿cuánto gano yo?”, pregunta uno en mitad de un escenario con iluminación lúgubre en un teatro forrado de terciopelo. El presentador, con botas tejanas rojas, replica cada intervención con un “Fantastic! Great job!”. Estamos en el centro de San Francisco, a media hora de la cuna mundial de las startups, Silicon Valley. Aún faltan dos semanas para el triunfo de Donald Trump y 50 jóvenes emprendedores españoles (de 18 a 31 años) han viajado a la meca del emprendimiento tecnológico para aprender cómo lo hacen los mejores del mundo. Son los finalistas del programa YUZZ Jóvenes con ideas.

Raquel Serrano es una de los cinco españoles que compiten con 12 personas en el teatro de las startups. Su propuesta, para la que ya ha encontrado clientes en su Málaga natal, es un sustituto de la escayola: Fiixit. Una estructura que se imprime en 3D y deja la piel al descubierto.

Aprender a triunfar en Silicon Valley

“Cuando era pequeña, me rompí el brazo un par de veces”, empieza su intervención en inglés, cien veces ensayada. A la vuelta quiere triunfar en España. En el teatro, tras sus dos minutos, es la ganadora de la noche.

“Cuando empiezas, tienes que estar psicológicamente preparado de lo difícil que es”. Steve Hoffman, emprendedor e inversor californiano, dio a los españoles sus primeros consejos en San Francisco. Lanza mensajes píldora: “No es que Zuckerberg [Mark Zuckerberg, fundador de Facebook] sea increíble, es que se ha rodeado de un equipo increíble”. “Solo tienes dos trabas en tu camino: hacer un equipo y conseguir el dinero”. Y una más: “Si quieres cambiar el mundo de los restaurantes, trabaja allí, lava los platos. Ve donde están tus clientes, vive con ellos”.

“España tiene poco capital inversor y no hay voluntad de asumir riesgos, lo que supone que muchos jóvenes emprendedores no tienen oportunidad de alcanzar su auténtico potencial”, reflexiona después con EL PAÍS. Y presume: “Lo que hace maravilloso Silicon Valley es que traemos a las mejores mentes del mundo”.

Algunas de esas mentes fundaron desde la Universidad de Stanford proyectos como Facebook, Google, Linkedin o YouTube. “Somos tan grandes que tenemos nuestra propia ciudad”, explica en una ruta turística por el campus la alumna Heather. Los dos primeros cursos aquí —cono 60.000 dólares de matrícula anual y un 85% de alumnos con ayuda— son para decidir qué estudiar. “El 70% cambia de idea en ese tiempo”, añade. Frente a la pista deportiva de Stanford, cuatro españoles que investigan en este campus desgranan también su experiencia a los visitantes.

Aprender a triunfar en Silicon Valley

“Ni de broma”, responde Iván Cárcamo, biólogo de 36 años que investiga con células madre, cuando los chicos le preguntan si su investigación se podría llevar a cabo en España. Manejan un presupuesto de 10 millones de dólares y trabajan con pacientes a los que Stanford sigue la pista desde hace una década. “No creo que exista ningún proyecto individual europeo con este presupuesto”, dice el biólogo. El sueldo medio en el Valle es de 122.000 dólares (112.438 euros, frente a la media española de 44.500 en empleos relacionados con comunicaciones). “Lo importante es que la idea sea buena y que la sepas contar. Aquí no compran humo”, aconseja Cárcamo.

Las propuestas de los jóvenes emprendedores de Yuzz son variadas. Hay papel fabricado con residuo de mármol, una aplicación de móvil para juntar viajeros solitarios o robots educativos para niños impresos en 3D. Un pupitre digital, una máquina que hace zumo natural con cualquier fruta, una app que ayuda a controlar el uso del teléfono de los hijos, otra que te ayuda a elegir el plato, no el restaurante. Una plataforma web para buscar artistas callejeros, prótesis biónicas “hiperrealistas”, instalación de placas solares en azoteas alquiladas, sincronizar efectos pirotécnicos desde un ordenador

En una semana de agenda intensa, los participantes visitaron Linkedin, Facebook, Google, se entrevistaron con emprendedores españoles asentados y se fotografiaron en el Golden Gate y las colinas de Twin Peaks. La iniciativa partió del Banco Santander con el apoyo del Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE). Ambas entidades promovieron el viaje, al que también invitaron a EL PAÍS.

Marian Sánchez, una de las viajeras, mantuvo además un encuentro con el equipo de neurorehabilitación del hospital de San Francisco. Ha ideado una terapia para tratar cerebros dañados y prevenir el envejecimiento neuronal con la ayuda de un piano, un método que ha bautizado como Sáncal. “No pensaba que iba a ir tan bien”, explicaba tras encontrarse con los médicos, con los que cerró una colaboración para seguir investigando.“Aquí son más receptivos a cosas novedosas. En España cuesta más cambiar, es eso de ‘llevo toda la vida haciéndolo así”. Su cita exitosa se fraguó en apenas una semana. Para cerrar un encuentro con un equipo médico en España tardó un año.

Las gestiones son ágiles pero el cambio no es sencillo. “Te tiene que apetecer mucho venirte aquí a nivel personal, es un lugar desconocido y hostil”, explica Verónica Torras, emprendedora con “un pie en Estados Unidos y otro en España” afincada en San Francisco con Bwon, una aplicación sobre la salud íntima de la mujer. Estudiaron el mercado y vieron las posibilidades. También es fundamental, destaca, “saber qué contactos tienes, quién te puede ayudar”.

Aprender a triunfar en Silicon Valley

“Una startup necesita una velocidad que las Administraciones públicas no tienen, deberían hacer mucho más”. Carme Mitjans, coordinadora de la oficina de Yuzz de Sant Cugat (hay 50 en España), acompaña a los jóvenes en el viaje. Su principal función en su día a día es “motivar, motivar y motivar” y cree que, aunque el modelo californiano está muy lejos del español, las mentalidades están cambiando. “Me gusta pensar que todo es posible”.

Laura Lozano, otra de las jóvenes participantes, ha creado Chargy, que permite cargar el móvil gratis en cualquier local a cambio de contestar unas preguntas de una web. El negocio consigue datos que le interesan y el cliente, batería para el teléfono. Ya de vuelta, está cerrando una cita con inversores en Nueva York y negocia con el Santander para poner el cargador inalámbrico en sus oficinas de las universidades. Aún recuerda el día que llamó a su socioio y empezó toodo: “Tengo una idea con la que, si me ayudas, nos haremos ricos”.

Una ‘biotech’ contra el cáncer, batería para drones y un robot

Yolanda Gómez habla de su “experiencia personal” con cierto rubor. Su hermana melliza tuvo cáncer cuando eran niñas. Y, desde entonces, este asunto se convirtió en su obsesión: “Cáncer, cáncer, cáncer”. Su proyecto. Nanocore Biotech, es para encapsular en nanopartículas los fármacos para combatir el cáncer de hueso en niños ganó el primer premio Yuzz 2016 a la vuelta de Silicon Valley, dotado con 30.000 euros. La extremeña de 27 años, estudiante de la Universidad de Navarra, fue la primera galardonada.

El segundo premio, dotado con 20.000 euros, recayó en LightEnergy, desarrollado por Luis Miguel Sanz (30 años), investigador de la Universidad de Valladolid. Su startup patenta un sistema de almacenamiento de hidrógeno más ligero y compacto para dar más autonomía a drones y otros vehículos.

El tercer premio, de 10.000 euros, fue para Nao Therapist. Su impulsor es José Carlos González, con 30 años recién cumplidos y proveniente de la Universidad Carlos III de Madrid. A través de un robot terapeuta ayuda a los niños con discapacidades en las extremidades superiores a hacer correctamente sus ejercicios de rehabilitación.

Una de las menciones especiales recayó en el proyecto Plactherm, de Lluc Martí, que ha desarrollado un suelo radiante con una tecnología que permite calentar y sensorizar cada baldosa de la oficina de manera independiente y conectada con el móvil del trabajador, para que cada uno ponga la temperatura que necesita.