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Errores y dilemas

La crisis del PSOE tiene mucho que ver con el desconcierto de la socialdemocracia

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Carteles electorales del pasado septiembre. REUTERS

Decía Errejón en un tuit, que la crisis del PSOE, el partido central de la Transición, significa el fin del régimen que esta instaura. No está mal visto, y es un frame perfecto para que Podemos reclame su herencia. Aunque no haya sido precedida de ningún testamento, por parafrasear a Paul Valérie. Tanto obsesionarse con el sorpasso para acabar entregándoselo al final en bandeja, justo en el momento de mayor desconcierto del nuevo partido. Eso se llama don de la oportunidad por parte de unas y otras facciones socialistas. ¡Bingo!

¿Alguien se acuerda ahora de las propias fisuras en el interior de Podemos? Claro que no. ¿O de que la mayor lección a aprender de las elecciones vascas y gallegas es el valor que en estos tiempos de tribulación tienen los liderazgos tranquilos y pragmáticos? Tampoco.
Si ampliamos un poco el foco, me temo que la cosa es algo más complicada. Y tiene mucho que ver con el desconcierto de la socialdemocracia europea en general. El dilema es de manual: si se acerca en exceso al poder institucional acaba siendo abrasada por quienes creen realmente en él, los conservadores —véase el ejemplo de cualquier país europeo—; y si se alejan y le dan cancha al nuevo izquierdismo, son otros los que recogen las nueces, ya se llamen Podemos, Verdes, Syriza o comoquiera.

El error de Pedro Sánchez, aparte de ese atávico impulso de todo político por aferrarse al poder, fue inclinarse en exceso hacia el segundo de los cuernos del dilema. El de los “críticos”, el aferrarse al primero. En ambos casos, la solución tiene que ser necesariamente perdedora.
Ha sido fascinante contemplar como el “no es no” de Sánchez le ha consagrado como “el nuevo gran ídolo” de la izquierda mediática digital. Pero si triunfa, lo dejarán caer después por representar al establishment; igual que muchos de los que ahora le jalean jamás lo acabarán votando. Otro tanto ocurre en los medios de la derecha, encantados de que los barones territoriales traten de quitarle de en medio. Todos sabemos, sin embargo, que la “gente de orden” ya no apuesta por el PSOE.

Han hecho un pan como unas tortas, que dice el vulgo. Lo que aconseja el sentido común ante este destrozo es algo próximo a una refundación del partido. Si cualquiera de las facciones en liza acaba por imponerse y liquida a la derrotada, el PSOE seguirá vagando por la irrelevancia. Hace falta savia nueva, ideas novedosas, imaginación, ilusión. Justo aquello que no poseen los actuales contendientes. Porque, no nos equivoquemos, en el fondo todo es un juego de poder y la gente ya está harta. En particular en la izquierda. Quieren ideas, no consignas o frames más o menos ingeniosos; propuestas específicas, no el cansino recurso a lo malo y corrupto que es el adversario; desean un auténtico horizonte de cambio. Que entren otros, abran las ventanas y se renueve el aire.

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