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Los teólogos afean la “insensibilidad” de los obispos con los refugiados

“Nosotros somos los bárbaros”, dice el manifiesto del congreso de la Asociación Juan XXIII

El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que denunció "la invasión" de refugiados. Ampliar foto
El arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que denunció "la invasión" de refugiados.

“Nosotros somos los bárbaros”. Con esta contundencia se expresan los teólogos de la Asociación Juan XXIII, que han celebrado su congreso anual este fin de semana en Madrid. Aprobado por unanimidad, con aplausos de indignación y dolor, un millar de personas, en su mayoría mujeres, subrayan en el documento su sorpresa por la actitud de la jerarquía católica y del Gobierno ante el drama de los refugiados, que mueren por miles en aguas del Mediterráneo o intentando atravesar algunas de las fronteras de la “civilizada y culta Unión Europea”. El congreso acordó enviar su manifiesto al papa Francisco, a la Conferencia Episcopal, al Gobierno español, a las autoridades de la UE y a los partidos políticos. Según sus datos, existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y cuatro millones de víctimas de trata. “Estas personas son consideradas población sobrante, producto de la cultura del descarte, víctimas de un sistema basado en el Dios Dinero, del capitalismo perverso y de la acumulación mafiosa del capital”, dice el manifiesto citando palabras del papa Francisco.

Se lee en la Biblia: “No maltratarás al migrante ni lo oprimirás, pues migrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Éxodo 22,20). En cambio, “Europa tiene los ojos secos y endurecidos. Por eso no puede llorar. Es el miedo a los bárbaros lo que nos lleva a actuar de manera tan inmisericorde y, en definitiva, criminal. En realidad, nosotros somos los bárbaros. Es el miedo a los bárbaros el que amenaza con convertirnos en bárbaros. Se invierte así el binomio barbarie-civilización, que consideraba “bárbaros” a los de fuera y “civilizados” a los europeos. Hoy los bárbaros somos nosotros. Ahora el grito “¡que viene los bárbaros!” pueden pronunciarlo los inmigrantes y refugiados referido a nosotros, a la vista de nuestros comportamientos tan poco humanitarios””, afirma el teólogo Juan José Tamayo, secretario general de la asociación organizadora del congreso desde hace 36 años.

El manifiesto contrapone “la actitud hospitalaria del Papa frente a la insensibilidad de un sector importante de la jerarquía católica española ante el drama de las personas migrantes y refugiadas, cuyos problemas parece serles ajenos o no son prioritarios en su agenda pastoral. Añade: “Amén de insensibilidad, hay obispos que amparándose en un mal uso de la libertad de expresión, adoptan actitudes racistas, xenófobas, excluyentes e inhospitalarias cuando alertan irresponsablemente sobre la ‘invasión’ de los refugiados, cuestionan que todas las personas que cruzan la frontera sean trigo limpio y afirman que a Europa vienen muy pocos porque sean perseguidos. Alguno ha llegado a decir que la llegada de los refugiados es el caballo de Troya de las sociedades europeas y, en concreto de la española, y que la acogida de los refugiados puede quedar muy bien, pero que hay que saber lo que hay detrás. Estas declaraciones se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de privilegios de todo tipo de parte del Estado (educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros), que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret”.

Sin citarlo, el manifiesto de los teólogos reproduce palabras textuales del cardenal Antonio Cañizares, pronunciadas hace un año ante el Fórum Europa, en Madrid. El prelado de la archidiócesis de Valencia y exmiembro de la Curia romana desató entonces la polémica con estas dos preguntas: “¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados es todo trigo limpio? ¿Dónde quedará Europa dentro de unos años?” Su tesis fue que la acogida a los refugiados “hoy puede ser algo que queda muy bien, pero realmente es el caballo de Troya dentro de las sociedades europeas y en concreto de la española”. También puso en duda que los refugiados que llaman a las puertas de Europa sean en realidad perseguidos. “Muy pocos lo son”, dijo.

El papa Francisco saluda a unos fieles el pasado 7 de septiembre durante su audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. ampliar foto
El papa Francisco saluda a unos fieles el pasado 7 de septiembre durante su audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. EFE

Los teólogos de la Asociación Juan XXIII sostienen que esas declaraciones y otras parecidas por otros obispos, “se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de privilegios de todo tipo de parte del Estado (educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros), que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret”. Añaden: “Tales declaraciones, que demuestran ausencia total de misericordia y falta de sentido de hospitalidad, se alejan del mensaje hospitalario de la Biblia, que pide amar a los emigrantes, no maltratarlos ni oprimirlos, y son contrarias a la práctica acogedora de Jesús de Nazaret, él mismo perseguido, emigrante e identificado con los emigrantes”. En palabras de Itziar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid, solo la sociedad civil puede hacer cambiar las políticas de los gobiernos en materia de inmigración, asilo y refugio. “La guerra no es la mejor arma para defender los derechos humanos. La peor forma de trabajar por la paz es la guerra. Se legitima la injusticia revistiéndola de justicia. Si no salimos a la calle, estamos legitimando la injusticia. El poder no es omnipotente. Ellos se mantienen en el poder porque nosotros no los cuestionamos”.

Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad ha sido el título del congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Han intervenido, entre otros especialistas, Itziar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid; Eva Suárez Llanos, directora adjunta de Amnistía Internacional en España; Helena Maleno, investigadora experta en Migraciones y Trata de Seres Humanos; la teóloga colombiana Elsa Tamez; Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III de Madrid, y Esteban Velázquez, jesuita promotor de Iniciativa Cambio Personal, Justicia Global y exresponsable de la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tánger, Zona Nador. Los congresistas escucharon también experiencias de solidaridad con refugiados y migrantes, entre otros al fundador de Mensajeros de la Paz, padre Ángel García, y a la coordinadora del Proyecto Esperanza-Adoratrices/Trata de Seres Humanos, Marta González. Tomaron la palabra, además, tres representantes de “pueblos oprimidos y olvidados”: Nazani Armanian, politóloga, por el pueblo kurdo; por el pueblo palestino Marwan Burini, consejero de la Misión Diplomática de Palestina en España, y por el pueblo saharaui Abdulá Arabi, delegado del Frente Polisario en Madrid.

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