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Nueve Universidades se blindan ante la incertidumbre de las reválidas

Los campus acuerdan mantener los criterios para subir nota de la Selectividad en su admisión y permitir que todos los alumnos aspiren a la calificación máxima: 14

Madrid / Sevilla

El gran cambio del curso, que para los alumnos de ESO y Bachillerato empieza a partir de la semana que viene, son las reválidas de la LOMCE. Llegan envueltas en incertidumbre porque hay comunidades que quieren mantener la selectividad y partidos que amenazan con suprimirlas si cambia el signo del Gobierno. Las universidades públicas de nueve comunidades cerraron ayer una vía intermedia de examen para que, pase lo que pase, los alumnos tengan “tranquilidad”.

Examen de Selectividad de finales de junio en la Complutense de Madrid. EL PAÍS

Es la primera vez que el llamado G-9 toma una decisión de este calado en sus casi 20 años de vida. Con este nombre, que recuerda al cónclave de potencias mundiales, se conoce desde 1997 a las nueve universidades públicas que operan solas en sus respectivas comunidades autónomas. Son las de Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura, Baleares, La Rioja, Navarra, Oviedo (por Asturias), País Vasco y la de Zaragoza (que representa a Aragón). Entre todos reciben a unos 200.000 alumnos universitarios, algo más del 15 % del total.

“Con este acuerdo, queremos abstraernos del ruido que hay alrededor sobre cómo van a ser exactamente las pruebas para mandar un mensaje de tranquilidad a los estudiantes”, explica el rector de La Rioja y miembro del grupo, Julio Rubio. “Sea cual sea la forma que adopte la prueba, mediremos de la misma manera y sin grandes cambios respecto a lo que los alumnos estaban habituados con la PAU [Prueba de Acceso a la Universidad, la selectividad]”.

El decreto que regula las reválidas de cuarto de la ESO (14 y 15 años) y segundo de Bachillerato (17 y 18) se publicó en julio y dejó un margen hasta el 30 de noviembre para detallar criterios. Durante este curso, serán exámenes piloto sin valor académico y no servirán para sacarse el título. Pero la de Bachillerato sustituye a la selectividad.

Cataluña y Andalucía ya han dicho que no piensan cambiar de prueba. Otras regiones amenazan llevar el decreto a los tribunales. Son 13 comunidades (las 12 en las que no gobierna el PP más Castilla y León, donde sí gobierna) las que critican el nuevo sistema.

El acuerdo del G-9, firmado ayer, afecta a regiones de distinto signo político. “No entramos en cómo se hará la prueba en cada una. Lo que hacemos, dentro de nuestra autonomía, es fijar lo que cuenta para entrar en la Universidad”, añade el rector de la Rioja.

La prueba final que cada comunidad decida hacer, sea la antigua PAU o la nueva reválida, supondrá un 40% de la nota de admisión en los nueve campus. Hasta ahora, con la selectividad, todos los alumnos se enfrentan a una prueba general con cuatro exámenes para obtener hasta un 10 y a una prueba específica, con asignaturas que eligen ellos, para subir la nota final hasta 14. El decreto que regula las reválidas no aclara cómo será la puntuación.

 Ponderaciones

Estas nueve universidades ya han decidido que la puntuación seguirá siendo 14 y que igualarán la tabla de ponderaciones (que señala, por ejemplo, qué porcentaje final representa Matemáticas para el que quiera estudiar Medicina) para que los alumnos sepan cuánto puede suponer cada asignatura según la carrera a la que opten. El acuerdo también prevé fórmulas para corregir las diferencias de currículo por comunidades.

Historia de la Filosofía, por ejemplo, es una materia de segundo de Bachillerato que deja de ser obligatoria con la LOMCE y que 10 comunidades han decidido rescatar en la parte que fijan del currículo. Es así en Extremadura, pero no en La Rioja, por ejemplo. “Garantizamos que todos los alumnos podrán optar al máximo de 14 tengan las asignaturas que tengan. Ellos podrán elegir las que más les convengan para subir nota”, añade Rubio. El G-9 trasladará este acuerdo a la conferencia de rectores CRUE para que evalúen su posible aplicación a más campus.

"No sabemos ni cuándo ni cómo va a ser el examen"

Cuando Paloma Domínguez se plante por primera vez frente a sus alumnos de segundo de Bachillerato el día 13, les dirá: “Esta es la planificación del curso, pero puede cambiar”. “Es una rémora para ellos”, explica esta docente con 23 años de experiencia, que imparte Lengua y Literatura en un instituto de Madrid. Domínguez alude a la “incertidumbre” del inicio de curso que han repetido todos los sindicatos docentes en estos primeros días de septiembre por las reválidas de ESO y Bachillerato. Hasta el ministro de Educación en funciones, Íñigo Méndez de Vigo, señalaba esta semana en una entrevista a Europa Press que, si hay pacto de Gobierno con Ciudadanos, “solo” se suspendería la reválida de cuarto de la ESO porque la de segundo de Bachillerato sustituye a la selectividad. Educación tiene hasta el 30 de noviembre para determinar el marco general de la prueba, que luego deben desarrollar las comunidades.

“No sabemos ni cuándo ni cómo va a ser el examen. En principio, haré mis contenidos como hasta ahora, pero no sé cuánto temario puedo ver sin saber la fecha y me gustaría que me aclararan si entran también las lecciones del primer curso”, añade Domínguez.

“Al principio cumpliremos la programación prevista para este curso y cuando tengamos instrucciones más claras intentaremos conectarla con las nuevas demandas”, explica por su parte Javier Puerto, profesor de Historia y Geografía de Bachillerato en un instituto andaluz y vicepresidente de la Asociación de Profesores de Institutos de Andalucía (APIA). Esta región ha avanzado que no seguirá las pautas del Gobierno y prevé implantar pruebas basadas en la evaluación continua, como ya hicieron el curso pasado con las de primaria.

“Todos los años hemos formado a los alumnos mirando en la dirección de la PAU [antigua selectividad] para que se enfrenten a ella con las máximas garantías posibles, pero la incertidumbre perjudica severamente a su formación”, denuncia Puerto.