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Un hogar contra la homofobia

Madrid cuenta con el primer centro de acogida de España para personas discriminadas por su orientación sexual

Manuel Ródenas (derecha) y el escritor francés Édouard Louis, en el hogar para víctimas de la homofobia abierto en Madrid. Ampliar foto
Manuel Ródenas (derecha) y el escritor francés Édouard Louis, en el hogar para víctimas de la homofobia abierto en Madrid.

Hay gais, como Karim (nombre ficticio), que hasta que llegaron a Madrid no habían visto nunca a dos hombres de la mano. En el pueblecito del Magreb de donde procede, semejante “ostentación” podría costarle la cárcel. Pero no hay que irse tan lejos para comprobar la discriminación, latente o sin disimulo, por orientación sexual o identidad de género. No muy lejos del barrio madrileño de Chueca, epicentro de la fiesta del Orgullo Gay, de los arcoíris que engalanan los balcones, del ambiente festivo, cinco homosexuales rehacen sus vidas en el primer, y de momento único, hogar para víctimas de la homofobia que hay en España. La ubicación exacta del piso, gestionado por la Fundación Eddy, es confidencial por razones de seguridad.

El objetivo del proyecto es atender a los jóvenes LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales), todos mayores de edad, víctimas de la violencia y la exclusión social. “No hemos inventado nada, este modelo existe en Estados Unidos, Israel, Reino Unido, Francia, Australia... Hablamos de sociedades civilizadas donde aparentemente existen unos derechos civiles, donde hay una legislación, pero también una cruda realidad: un rechazo familiar que aboca a la exclusión social. Como en el caso de España, avances como la aprobación del matrimonio homosexual hace ya 11 años, no han erradicado la homofobia, y mucho menos la familiar”, explica Manuel Ródenas, director de la fundación y abogado especialista en temas LGTBI.

Daniel Escobar, universitario de 18 años, entró el primero en la casa, el 25 de abril. Es el único que no oculta su nombre. “Ni mi padre ni mi madre saben dónde estoy ni cómo estoy. No quiero que vuelvan a invadir y a pisotear mi intimidad”, explica. Contando a Daniel, ahora son cinco inquilinos, más el responsable del hogar. Las dos plazas que quedan libres ya están reservadas para personas a las que deriva allí un trabajador social externo que acredita que se adaptarán al perfil del hogar. “Cada uno venimos de núcleos familiares distintos, tenemos nuestros demonios, de ahí que se le conceda muchísima importancia a la convivencia”, añade Escobar. Para facilitarla colaboran por parejas en la cocina o en las tareas de limpieza.

Si Escobar es el veterano, Paco, de 21 años, es, hasta la fecha, el último en llegar. “No tengo lazos con mi familia, es el típico caso de familia desestructurada”, se presenta. Cuando cumplió los 18 años se fue de casa y desde entonces no ha parado, sin rumbo fijo.

“Todos los gastos de la casa están cubiertos, desde el alquiler a la luz, pero la idea no es albergarles y ya está. El objetivo es que se formen, busquen un empleo, que se desarrollen como personas. Para ello cuentan con apoyo psicológico, se cuidan mucho las actividades culturales y tareas en común, interviene Ródenas. “Aquí aprenden a organizarse, a trabajar en equipo, a ver que no están aislados, que pueden vivir con otra gente sin problema alguno”, resume.

“Intentamos que las actividades que se hagan tengan fines pedagógicos, como los huertos ecológicos”, expone José, un latinoamericano de 33 años que se despidió de su país “harto del ambiente machista y agresivo”. Desde abril es el responsable del hogar. “La gente viene muy dañada, nadie entra aquí de la noche a la mañana... Implica que han roto con la familia, lo único que han conocido”, recalca.

La visita del escritor Édouard Louis provoca un pequeño terremoto en el hogar. Es el autor de Para acabar con Eddy Bellegueule (Salamandra), el libro más leído de la casa y que da nombre a la fundación. Su protagonista, un homosexual de 16 años, huye de casa y empieza de cero. “Cuando publiqué el libro recibí montones de cartas de personas de España que me contaban que habían tenido la misma infancia de dominación, de insultos, de violencia. En definitiva, de silencio... Por eso adquiere tanta importancia la apertura de este hogar. Me emociona que se ofrezca la posibilidad de reinventarse y empezar de nuevo”.

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