Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El mal resultado cuestiona la alianza de Podemos e IU y la estrategia de Iglesias

El líder de la formación y Errejón reconocen el fiasco, pero Iglesias evita hablar de "fracaso"

Pablo Iglesias no lo logró. El candidato de Unidos Podemos, la coalición de izquierdas que insistió en fraguar pese a las resistencias de su número dos, Íñigo Errejón, no ha funcionado en las urnas. No consigue convertirse en la principal alternativa al PP y queda lejos del sorpasso al PSOE. La alianza con IU le vale a Iglesias, con sus candidaturas territoriales, solo dos escaños más que el 20-D, los mismos que obtuvo la federación. Las dos fuerzas se dejan 1,2 millones de los votos que consiguieron por separado. Su estrategia queda así cuestionada.

Resultados elecciones generales. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, este domingo. BERNARDO PÉREZ / QUALITY ATLAS

“Esperábamos unos resultados diferentes. Es el momento de reflexionar”. Estas fueron las primeras palabras de Iglesias, quien, pese a todo, rechazó pronunciar la palabra “fracaso” y defendió que “la confluencia se ha revelado como el camino correcto desde la responsabilidad de Estado”. “Estamos para asumir la responsabilidad, pero creo que nos queda mucho futuro en este país”, sostuvo.

El resultado de este 26-J, en el que Unidos Podemos consigue 71 diputados, invalida de forma nítida la estrategia adoptada por la dirección, especialmente las tesis de Iglesias y del líder de IU, Alberto Garzón. La coalición, alentada hace dos años y medio por la idea de la transversalidad, hizo durante toda la campaña equilibrios con su identidad y con el legado de la federación de izquierdas. La alianza dio lugar a una suma de mensajes de difícil encaje o comprensión para los electores, que, lejos de desactivar el discurso del miedo esgrimidos por sus rivales, se tradujo en el mitin de cierre en una exaltación del concepto de patria y una reivindicación del PCE.

“Estos no son unos buenos resultados; no son los que esperábamos”, reconoció Errejón, director de campaña. “No lo son para la confluencia Unidos Podemos y no lo son para España. Hemos demostrado que nuestro espacio político se consolida, pero que en ocasiones estos procesos no se dan ni de forma lineal ni de la forma que nos gustaría”, agregó tan solo una hora después de que Garzón se congratulara del resultado que dibujaban los sondeos a pie de urna, que situaban a la formación delante del PSOE.La única incógnita de estas elecciones para la coalición y sus candidaturas en Cataluña, Valencia y Galicia era ese adelantamiento a los socialistas. Iglesias pactó con Garzón con el único objetivo de lograr más votos en las circunscripciones menores, arañar los escaños que el 20-D estuvieron a punto de lograr y tratar así de superar a Sánchez para ofrecerle un Gobierno de coalición en condición de superioridad.

Disposición al diálogo

Las urnas han dejado todo ese plan en agua de borrajas. Unidos Podemos no adelanta al PSOE en escaños, pero tampoco en votos. Las dos fuerzas se dejan más de un millón por el camino. Durante toda la campaña, los portavoces de la alianza insistieron en el mensaje de que el número de papeletas tenía más relevancia que el de diputados para llevar la iniciativa de las negociaciones. La dirección de Podemos siempre había dado por hecho que, sumando sus más de cinco millones de sufragios de diciembre y los 900.000 de IU se situaría por encima del PSOE. Al final, se queda a cerca de 380.000 de los socialistas. Iglesias escribió a Sánchez para felicitarle y mantuvo su disposición al diálogo, pero evitó hacer hincapié en la posibilidad de formar un Gobierno de coalición con el PSOE.

Podemos llegaba a estos comicios después de seis meses de bloqueo en el Congreso, tras oponerse de plano a la investidura de Sánchez y con las relaciones con el PSOE muy desgastadas. La estrategia de la formación, que desde su inicio se propuso disputar a los socialistas la hegemonía de la izquierda, se ha enfrentado de nuevo a una paradoja: Iglesias no dejó en ningún momento de la campaña el discurso de la mano tendida y, al tiempo, se esforzó en demostrar que el secretario general del PSOE no ha dejado de ser su mayor rival en las urnas.

En este contexto, intentó redoblar la presión para que Sánchez se definiera sobre los acuerdos poselectorales, se apropió del patrimonio simbólico de la socialdemocracia y hasta reivindicó a José Luis Rodríguez Zapatero como el mejor presidente de la democracia. En cualquier caso, terminó la campaña con la promesa de “ponérselo fácil” a Sánchez a partir de hoy. Tampoco le funcionó.

El resultado supondrá también un examen a la estrategia diseñada por Errejón. En las últimas dos semanas, el candidato a La Moncloa solo participó en la mitad de los grandes actos para centrarse en los debates, las entrevistas y las apariciones televisivas. El peso de los mítines le correspondió al propio Errejón, quien llamó al “voto en familia” y al “pacto intergeneracional” para llegar a las franjas de mayores de 50 años, uno de los talones de Aquiles de Unidos Podemos.

Alberto Garzón, tras conocerse los resultados.

Más información