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Todos los partidos coinciden en pedir “más Europa” pero discrepan en cuál

Las cuatro principales fuerzas políticas piden responder al ‘Brexit’ con mayor integración europea

Pablo Bustinduy, José Manuel García-Margallo, Josep Borrell y Fernando Maura, durante el debate. JULIÁN ROJAS

Nunca un debate sobre política exterior había resultado tan oportuno. Y nunca el futuro de Europa, ausente habitual de los actos electorales, se había convertido en protagonista de la última jornada de campaña.

Pero el inesperado triunfo del Brexit, que desde primera hora de la mañana batió como un tsunami las bolsas de todo el mundo, convirtió el debate organizado este viernes por EL PAÍS en una ocasión única para conocer de primera mano cómo abordarán las fuerzas políticas con posibilidades de formar Gobierno tras las elecciones del domingo la crisis más grave a la que se enfrenta el proyecto europeo en sus 65 años de existencia.

Margallo (PP): "La integración europea no se para, se acelera"

Borrell (PSOE):  "Europa es la gran utopía realista de nuestro tiempo"

Bustinduy (Podemos): "Nunca se ha planetado la salida del euro"

Maura (Ciudadanos): "Londres no debe tener un pacto a la carta"

Moderó el periodista Carlos de Vega y debatieron, durante más de una hora, los representantes de los cuatro grandes partidos: José Manuel García-Margallo (PP), ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación en funciones; Josep Borrell (PSOE), expresidente del Parlamento Europeo; Fernando Maura, portavoz de Ciudadanos en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso; y Pablo Bustinduy (Unidos Podemos), coordinador de Relaciones Internacionales del Consejo Ciudadano de Podemos. Todos mostraron su respeto por la decisión democrática del pueblo británico, aun lamentándola y opinando, como Maura, que “se ha equivocado”.

La conclusión más clara del debate fue que en España no hay lugar para los euroescépticos. Ni entre los partidos tradicionales (PSOE y PP), ni entre los emergidos en los últimos tiempos (Ciudadanos y Podemos). “Es la hora de los europeístas”, proclamó Borrell. Y nadie se sintió excluido, pues los cuatro apostaron por responder a la fuga del Reino Unido con un “salto adelante” en la construcción europea.

Margallo defendió la necesidad de que los 27 socios restantes del club comunitario se conjuren en la cumbre del próximo martes en Bruselas contra el riesgo de deconstrucción de Europa (la tentación de renacionalizar políticas o cruzar la puerta de salida abierta por Londres), con un mensaje poderoso “hacia dentro y hacia fuera: el proceso [de integración europea] no se para, se acelera”.

Para el jefe de la diplomacia, la respuesta al Brexit pasa por subsanar las deficiencias institucionales que aquejan a la UE, que adoptó una moneda única sin contar con una unión bancaria ni un gobierno económico, “lo que ha provocado que los sucesivos mecanismos para rescatar a Grecia no funcionen”. La solución, agregó, pasa por avanzar hacia un presupuesto federal y la mutualización de la deuda, germen de los futuros Estados Unidos de Europa.

Maura advirtió de que el nacimiento del euro fue como “empezar la casa por el tajado” y propuso “aprovechar la oportunidad” para reconstruir el edificio europeo sobre bases más firmes.

La coincidencia en la apuesta europeísta no ocultó las diferencias de fondo sobre el proyecto. “No basta con pedir más Europa, hay que decir qué clase de Europa se quiere”, advirtió Borrell. Y ello requiere no errar en el diagnóstico de la dolencia que aqueja a Europa ni equivocarse de nuevo en la terapia, como sucedió con la crisis de 2008.

Para Bustinduy no hay ninguna duda: las políticas de austeridad a toda costa y los recortes sociales son los culpables del divorcio de los ciudadanos europeos con sus instituciones, del que constituye un “serio toque de atención” el resultado del referéndum británico. “Si siguen desmantelando [el Estado del bienestar] la cola de gente queriendo salir de la UE irá en aumento”, advirtió.

Margallo salió al paso de este argumento alegando que no ha sido la economía lo decisivo en el Brexit —la situación en Reino Unido es comparativamente mejor que en la zona euro—, sino la percepción, aunque injusta, de parte de la sociedad británica de que ha perdido el control de la inmigración y ha cedido demasiada soberanía a Bruselas.

Borrell terció: “Si queremos que la UE se encargue de derechos sociales, démosle competencias para ello”. Y propuso una batería de medidas, incluida la creación de un subsidio europeo de desempleo.

Todos trasladaron un mensaje de tranquilidad a los más de 200.000 españoles que viven en el Reino Unido y cuyos derechos se mantendrán, al menos durante los dos años que puede durar la negociación del divorcio entre la UE y Londres. Margallo aventuró que, pasadas las turbulencias iniciales, no deberían sufrir las inversiones españolas en Reino Unido (que acumulan 60.000 millones de euros) o las exportaciones (18.000 millones anuales), aunque ello dependerá del futuro marco de relaciones entre la UE y su hasta ahora socio, a través de un acuerdo que, advirtió Maura, en ningún caso puede ser “a la carta”.

A 48 horas de la cita con las urnas, los candidatos no desaprovecharon la oportunidad para subrayar su perfil propio buscando el cuerpo a cuerpo con el contrincante. Margallo se enfrentó a Bustinduy —para subrayar la polarización entre PP y Podemos— mientras que Borrell marcó diferencias con ambos, aunque por edad y formación estuviera más próximo al ministro. Maura se mantuvo más ajeno al rifirrafe, aunque también recibió, y propinó, alguna colleja dialéctica.

Borrell recordó a Bustinduy que su partido ha votado en el Parlamento Europeo a favor de abrir la vía para salir del euro, a lo que este le replicó que “nunca, jamás” Podemos ha planteado esa posibilidad, que sí defiende su socio Izquierda Unida.

Margallo emplazó sin éxito a Borrell y Bustinduy a contestar si, en caso de llegar a gobernar, denunciarían el acuerdo sobre inmigración entre la UE y Turquía, que previamente habían denostado; tras recordar que contó con el apoyo de los Gobiernos socialistas europeos y del izquierdista griego de Syriza.

Maura y Borrell acusaron al PP de dejar un déficit de 10.000 millones de euros y una amenaza de multa que hará muy difícil la negociación del próximo Gobierno con Bruselas y este se defendió elevando hasta los 190.000 millones la factura que dejó pendiente Zapatero.

El político socialista criticó la política de “piloto automático” aplicada por la canciller alemana, Angela Merkel, para imponer el ajuste a los países del sur de Europa, pero recordó a Bustinduy que su partido ha votado contra el Plan Juncker, el único intento hasta ahora, aunque tímido, de estimular la expansión de la economía.

Margallo, por su parte, reprochó al portavoz de Podemos que su programa económico sea una “carta a los Reyes Magos”, que propone aumentar el gasto público sin explicar cómo piensa financiarlo, mientras que Bustinduy le replicó con los 95.000 millones que el Gobierno del PP ha destinado “a reflotar a los bancos y no a las familias”.

Palabras y actos

Y todos los demás reprocharon a Margallo que su discurso europeísta se dé de bruces con la gestión de Rajoy en los últimos cuatro años. “Si tan crítico es con el modelo de construcción europea ¿por qué no ha hecho nada?”, le espetó Bustinduy. “Aquí estamos juzgando a su Gobierno, señor Margallo. ¿Dónde estaba usted cuando se han tomado las decisiones?”, remachó Borrell.

Todos criticaron la respuesta de la UE ante la crisis migratoria con palabras más o menos gruesas —parafraseando al Papa, Bustinduy dijo sentir “vergüenza”—, pero no hubo ideas novedosas. Borrell emplazó a Margallo a que el Gobierno “cumpla sus compromisos” de acogida de refugiados y este subrayó la buena nota de España, en comparación con otros socios europeos.

En un debate en el que hasta Bustinduy tuvo que reconocer que le resultaba difícil discrepar de los análisis del ministro del PP, los cuatro candidatos no compitieron en propuestas originales, sino en credibilidad: quién está capacitado para conducir la política exterior en los tiempos turbulentos que se avecinan. Porque, aun sin el Reino Unido y sumida en una profunda crisis de identidad, “Europa sigue siendo la gran utopía realista de nuestro tiempo”, en palabras de Borrell.

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