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Viajeros a pesar de la crisis

El gasto en viajes no se desplomó durante el periodo de dificultades económicas y ha vuelto a crecer con el inicio de la recuperación

¿Cómo ha influido la crisis económica en nuestros hábitos viajeros? ¿Nos gusta más ir al extranjero o descubrir España? Los datos de Familitur trazan una radiografía del turismo español.

Durante 2005, cuando todavía éramos ricos, o eso creíamos, los españoles realizamos 171,6 millones de viajes, un 5,8% más que el año anterior, según los datos de Familitur (encuesta sobre los movimientos turísticos de los españoles) elaborados por Turespaña (Instituto de Turismo de España, dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo). En 2009, con la crisis en todo su esplendor, todavía sobrepasamos esa cima. A partir de ahí comenzó el descenso, aunque con diversos repuntes, y en 2014 el número de escapadas había bajado a menos de 151,5 millones, aunque ya empezaba a intuirse un cierto repunte en las salidas de ocio de fin de semana. En 2015, el Instituto Nacional de Estadística (INE) se hizo cargo de las series de encuestas de Familitur: le salieron 175,5 millones de viajes, un 4,7% más que en 2014.

Dejando a un lado el desfase estadístico por el cambio metodológico, los datos llevan a Manuel Figuerola, director del Doctorado en Turismo de la Universidad de Nebrija de Madrid (y muy crítico, por cierto, con la información turística desagregada), a pensar que el desplome no ha sido tan agudo teniendo en cuenta la profundidad de la crisis, y que, en cuanto hemos podido, “en cuanto hemos visto un rayo de luz”, hemos vuelto a viajar. Según apunta el experto, dedicamos, de media, más de 11% del presupuesto familiar al capítulo viajero. Nada mal si comparamos con Estados Unidos, “el país con mayor nivel de emisión sobre su consumo familiar”, donde esta cuota roza el 17%.

“La crisis económica nos ha llevado a lo que llamamos una nueva normalidad: no nos hemos recuperado pero nos hemos acostumbrado a la nueva situación; estamos revisando el turismo internacional, con menos viajes, pero buscando que los que hagamos nos proporcionen una buena experiencia”, explica Gerard Costa, profesor de marketing de la escuela de negocios Esade. Sigue mandando Europa, y dentro de ella el eje de destinos estrella, con Francia y Portugal (los favoritos de los españoles por proximidad, con París como gran Meca turística), e Italia (con Roma como gran atractivo). Pero los destinos alejados, exóticos y poco explorados por los españoles ganan fuerza. En 2014 hubo más de un millón de viajes a América y algo más de un millón a África (donde Marruecos es el destino favorito). “El viaje de novios ya no es a Mallorca o a Canarias; es a Mauricio o a bucear a las Seychelles”, comenta Figuerola.

Por otro lado, estamos redescubriendo, o directamente descubriendo, España. Pero no en plan de tostarse vuelta y vuelta en una playa, que también, sino poniendo rumbo al interior, a un pueblo con encanto, a un paisaje con río, a ver flora y fauna. “Al final, se trata de buscar la experiencia, de vivir la emoción de viajar, y eso se consigue igual visitando Estonia que conduciendo a la provincia de al lado a probar un guiso en un restaurante que pocos conocen, mientras hablamos con el dueño”, dice Costa.

La búsqueda de experiencias es uno de los elementos diferenciadores de los millennials (la generación que nació entre 1981 y 1995), que ya pican los 35 años y se plantean el turismo de otro modo. “Viajar forma parte de su ADN; son viajeros sociales que visitan los sitios que les recomiendan sus amigos”, los define el profesor de Esade. Costa cree que ya no tiene tanto sentido plantearse, “¿hago un viaje nacional o internacional?”, sino preguntarse, “¿qué tipo de escapada me va a proporcionar la experiencia viajera que busco en este momento?”. Porque la decisión se toma más sobre la marcha. “Una persona de 50 años contrata sus vacaciones con 90 días de antelación; los millennials, con 40 días”, compara. Internet permite la compra rápida, por impulso, de un billete o de un alojamiento. Sin paquete turístico de por medio.

Las compañías de bajo coste, las plataformas online de coche compartido o de alojamientos alternativos a los hoteles llevan a los viajeros cada vez más lejos por menos dinero. La barrera idiomática también se va difuminando. Más de 60 de cada 100 turistas españoles eligieron para sus vacaciones una vivienda “no de mercado”, según los datos del Familitur del INE de 2015, sin transacción monetaria de por medio: pueden ser casas de familiares o amigos, intercambiadas gratuitamente entre dos particulares, o el llamado turismo de sofá. “El viajero millennial lo prefiere, no solo por el precio, sino porque implica convivir y relacionarse con una familia del punto de destino”, dice Costa.

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