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La Escuela de Periodismo, pionera en las nuevas narrativas digitales

La institución fundada por la Universidad Autónoma de Madrid y el Grupo PRISA cumple 30 años de vida

Antonio Caño, director de EL PAÍS, Ignacio Polanco, Juan Luis Cebrián, presidente de EL PAÍS, Belén Cebrián, directora de la Escuela de Periodismo, José María Sanz y Soledad Alcaide, subdirectora de la Escuela. / Quality-EL PAÍS VÍDEO

A finales del verano de 1995, Gabriel García Márquez impartió un taller de periodismo a un reducido grupo de alumnos de la Escuela de Periodismo UAM-El PAÍS en la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra. Una tormenta, acompañada de un viento huracanado, provocó un pertinaz apagón eléctrico. El periodista y escritor colombiano continuó con el curso y, a la luz de las velas, desveló a los jóvenes periodistas el primer capítulo de Noticia de un secuestro. “Aquello fue fantástico. Auténtico realismo mágico”, recuerda Joaquín Estefanía, en aquella época director de la Escuela, cargo que desempeñó durante 21 años. 

Dentro de los actos por el 40 cumpleaños de EL PAÍS, ayer le tocó al turno a esa aventura que nació en 1986 de la mano de dos instituciones, una privada y otra pública, para formar profesionales del periodismo como apuntó el rector de la UAM, José María Sanz, en el masivo encuentro de alumnos de todas las promociones que se celebró en el Palacio de Cibeles.

Juan Luis Cebrián, presidente del grupo PRISA, tuvo un cálido recuerdo a los que hicieron posible este proyecto académico, entre ellos José Juan Toharia y Jesús de la Serna. “Tras EL PAÍS, la Escuela es la realización de la que nos sentimos más orgullosos. Ni en los peores momentos de PRISA, a nadie en el Consejo se le ocurrió proponer que se rebajara el presupuesto destinado a este centro”.

A lo largo de los 30 años de vida, por la institución académica pasaron, además de García Márquez, otros Premios Nobel de Literatura, como Mario Vargas Llosa y José Saramago, y numerosos profesores y conferenciantes. Para Estefanía, la creación del máster fue “un invento maravilloso” que “ha afrontado una gran transformación manteniendo intacto el espíritu con el que nació: ser una escuela de contenidos periodísticos”.

El centro ha formado a cerca de 1.200 alumnos (el 10% de ellos procedentes de América Latina) y en sus aulas han crecido muchos profesionales que ocupan hoy responsabilidades importantes dentro y fuera del grupo PRISA. Este máster sigue siendo una avanzadilla en el empleo de nuevas herramientas y soportes digitales. “Actualmente, los alumnos exploran los usos periodísticos de las redes sociales y experimentan el vídeo en 360 grados”, adelanta Belén Cebrián, que hace dos años tomó el relevo al frente de la Escuela. Pero, por encima de todo, su principal misión es, como enfatiza su directora, “la transmisión de los valores del periodismo de calidad”. Eso implica, añade, “alejarnos del periodismo espectáculo, confirmar las informaciones, no tomar un rumor por noticia, respetar a las fuentes, actuar con humildad y ser conscientes de que no somos los protagonistas sino que estamos al servicio de los demás”.

Pese a las tres décadas transcurridas desde que se fundó la Escuela, los intangibles siguen ahí, pasando de un curso a otro. Aitor Bengoa, de 28 años, forma parte de la 29ª promoción. “La Escuela te enseña a aprender sobre el terreno, saliendo a la calle y sumergiéndote en la redacción”, comenta este periodista, que desarrolla su etapa de prácticas en la sección de España. Bengoa valora las nuevas herramientas a disposición del oficio. “Ahora podemos hacer coberturas en directo con el teléfono móvil, grabar vídeos o explorar narrativas que se ajusten a los nuevos soportes”.

Un proyecto estratégico del grupo PRISA

La Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS la crearon Jesús de Polanco y Juan Luis Cebrián al darse cuenta de que los licenciados de las facultades de Ciencias de la Información no repondían al perfil de profesionales que necesitaba el diario y otros medios de PRISA. Para evitar conflictos, estableció una alianza con la Universidad Autónoma de Madrid, que no impartía la carrera de Periodismo, y contó con el decidido impulso de dos rectores: Josefina Gómez Mendoza y Cayetano López. “La Escuela fue una parte estratégica del grupo. Se convirtió en un laboratorio que en muchas ocasiones iba por delante de los propios periodistas en cuanto a la forma de trabajar”, asegura Joaquín Estefanía.