Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Homenaje a los vendedores de 5.200 millones de ejemplares de EL PAÍS

Los quiosqueros celebran el 40 cumpleaños del diario global y reivindican el papel como un soporte de prestigio

Juan Vicioso entrega una condecoración a Antonio Caño por el 40º aniversario de EL PAÍS.
Juan Vicioso entrega una condecoración a Antonio Caño por el 40º aniversario de EL PAÍS. EL PAÍS

Los quioscos solo cierran tres días al año, pero este serán cuatro, porque este viernes alguno bajó la persiana para celebrar el 40º aniversario de EL PAÍS. El de la calle Alcalá 111, en Madrid, se permitió ese lujo y asistió a la recepción que ofreció este diario a todas esas personas que, desde su garita en la calle, han visto pasar las vertiginosas décadas que has transformado el paisaje español. José Ignacio Fernández echó los dientes en aquel quiosco de la calle Alcalá que regentaba su padre y se acercó a las rotativas el 4 de mayo de 1976 para llevarse 400 ejemplares del primer número de EL PAÍS. “Allí estaba yo, comiendo un bocadillo de caballa, sin pimientos, eh, que no me gustan”, mira a su mujer para que lo ratifique. “Vendimos todos los ejemplares, claro, pero esto se acaba”, lamenta.

¿Se acaba? Los quioscos están sometidos a un régimen particular, porque ocupan un espacio público y en algunas ciudades han de abrir todos los días. "Es un negocio sacrificado que las nuevas generaciones no quieren heredar”, dice Javier Larrea, el presidente de la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid. Pero siempre hay una excepción para confirmar la regla. Luis Miguel Armenteros ha seguido los pasos del padre, con su quiosco en el número 18 de la calle Andaluces,  en el barrio madrileño de Vallecas. Reconoce que la prensa escrita conoció tiempos mejores: en cuatro años han cerrado en toda España más de un 15% de los puntos de venta de periódicos y revistas. Y ahora hay que apoyarse en el tabaco, la lotería, los billetes de autobús, las chucherías para los niños. Armenteros no desespera. Él y Analía Aguerre se pasaron toda una noche pariendo ideas para que se siga comprando prensa en el quiosco. Las presentaron al concurso convocado por EL PAÍS. Son muy buenas: “Hacer promociones con los bares del barrio, en plan, si compras tantos periódicos puedes tomar una caña gratis hoy domingo; que los periódicos incluyan más suplementos infantiles, pues los niños son los que tiran de todos los negocios; que las revistas de EL PAÍS, que ahora se pueden comprar toda la semana, se hagan en formato bolsillo; y sorteos, muchos sorteos: por la compra de periódicos toda una semana entra usted en un sorteo de lo que sea”, señalan animados.

"Los periódicos tienen que hacer sorteos", propone Armenteros

Ay, pero ellos no se llevaron el premio, el primero fue para Nuria Casadó Castelnou, que tiene una tienda de prensa en la calle del Pilar, 92 de Vinaròs (Castellón) que propone que la publicidad que los periódicos hacen en televisión o en web de sus productos incluyan una aplicación informática (app) de tal forma que el usuario pueda, mediante ella, comprar lo que se le ofrece en el quiosco elegido y hacerlo de forma telemática. Es como dejar el periódico y el libro encargados y luego pasar a recogerlos, “casi como un servicio de paquetería”. Casadó se llevó este viernes los 2.000 euros con los que estaba dotado ese premio. El pobre Armenteros, de Vallecas, reconoció que era buena idea, pero él ya soñaba con poner ese inmenso cheque de cartón en la visera de su quiosco.

Segundo premio. Este fue a parar a Ferrol, a la calle Alegre 76-78. Rebeca Rodríguez Yáñez regenta otra tiendita de prensa donde también vende pan y otras muchas cosas. “Yo me puse como una metralleta a dar ideas, por ejemplo, que haya una aplicación en el móvil que permita saber dónde están los quioscos más cercanos en cualquier sitio en que uno esté, o vender códigos con lo que descargarse libros electrónicos, o revistas, pero que las venda el quiosquero”, explicó. Y más ideas. 1.000 euritos y una placa que va a colocar en su quiosco.

Nuria Casadó Castelnou logró el primer premio con una idea informática

Los quioscos son parte del paisaje de las ciudades. Ellos han vendido, desde aquel 4 de mayo de 1976, 5.200 millones de ejemplares de este periódico. Más de uno los compró el que ahora es director de este diario, Antonio Caño, que este viernes se acercó a saludar a los quiosqueros y a darles las gracias por su labor. “Qué mejores amigos que los que venden nuestros productos. Sé que son tiempos complicados, que los jóvenes no se acercan al quiosco. Estamos buscando las fórmulas para que sigan yendo, mejorando nuestros productos de papel. Mientras los lectores quieran comprar, EL PAÍS seguirá ofreciendo productos de calidad”, les dijo. Juan Vicioso, presidente de la Confederación de Vendedores de Prensa de España, le entregó un regalo por el cumpleaños del periódico.

“Creo que el papel sigue dando categoría a un medio, da clase, da marca y es un soporte publicitario muy estable. Quizá ahora, con las nuevas tecnologías, el futuro del papel sea solo semanal, con buenas firmas”, vaticinó el presidente de la Agrupación Nacional de Vendedores de Publicaciones, Rafael Artacho. A pesar de ello, Cristina Anes, presidenta de la Associació Professional de Venedors de Premsa de Barcelona i Província, solo le da al papel “dos generaciones más"; “podremos mantener a los que tienen ahora 15 y 30 años, pero más allá de eso… Si hasta en la escuela quieren eliminarlo”, dice.

Artacho ve el futuro con “preocupación”. “Creo que se ha devaluado pagar por la información de calidad, nadie quiere hacerlo, pero la calidad hay que pagarla”. Como sea, los quiosqueros quieren seguir al pie del cañón, “diversificando productos y atendiendo las demandas de los vecinos”. Todas, porque ellos son parte del paisaje. “Nosotros hacemos barrio, los vecinos nos dejan la bolsa para que se la guardemos, la llave para que se la demos al hijo cuando venga, nos preguntan por la ubicación de las calles. Somos un servicio público”, se ríen. Y adornan las plazas.