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Los movimientos en la izquierda

Iglesias y Garzón ya pactaron una alianza antes del 20-D

Los obstáculos que frustraron el acuerdo anterior a las elecciones se han salvado, según los implicados

Alberto Garzón y Antonio Maíllo, en la fiesta del PCA en Córdoba. Ampliar foto
Alberto Garzón y Antonio Maíllo, en la fiesta del PCA en Córdoba. EFE

Podemos e Izquierda Unida se aproximan a un acuerdo para concurrir en una lista conjunta a las elecciones. Las dos formaciones han retomado los contactos tras una experiencia frustrada de pacto antes del 20-D. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el candidato de IU, Alberto Garzón, llegaron a un principio de acuerdo el verano pasado para suscribir alianzas autonómicas a través de la plataforma Ahora en Común. Podemos rompió cuando IU buscó un cambio de las condiciones. Los obstáculos de entonces estarían salvados, según los implicados.

Iglesias y Garzón llevan ya casi un año hablando de la posibilidad de ir juntos a las elecciones. Esta vez el acuerdo se toca casi con la punta de los dedos. La negociación ha vuelto a dar un impulso después de que se haya confirmado como irremediable la nueva cita con las urnas, pero viene de largo. Pudo haber cuajado para el pasado 20 de diciembre. La probable alianza se había venido fraguando casi en exclusiva entre los dos líderes de izquierdas, por su buena sintonía personal, aunque ayudados por algunos cargos de IU, como la coordinadora en Galicia, Yolanda Díaz, o el exresponsable de estrategia electoral de IU Ramón Luque, que por su especial relación con el líder de Podemos — fue asesor de la coalición— propiciaron el acercamiento.

Durante las vacaciones de verano, alejados del foco mediático, Iglesias y Garzón llegaron a cerrar un principio de acuerdo que les habría llevado juntos a las elecciones del 20-D, según diversas fuentes conocedoras de las conversaciones. A principios de octubre, sin embargo, el pacto se frustró. Podemos ha cambiado ahora de estrategia y aceptaría lo que entonces fue imposible.

Los dos líderes se reunieron en privado durante el verano pasado. En esos encuentros Iglesias fue sincero en su planteamiento: no irían a una alianza estatal con IU y sus siglas; habría que buscar una fórmula alternativa. Con ese objetivo, Garzón aceptó impulsar la plataforma Ahora en Común (que después cambiaría de nombre al actual de Unidad Popular), con la que sortear las siglas de IU. El candidato de IU asumió también que las alianzas serían a escala autonómica y cerró con su socio una cifra de menos de una decena de diputados de IU que irían en las listas. El puesto del dirigente de IU —que ahora también es una de las claves del pacto— no se cerró, pero él estaba dispuesto si hacía falta a encabezar la candidatura por Málaga.

A finales de septiembre, un encuentro secreto reunió en el piso de Garzón en Madrid a los dos dirigentes, además de a Íñigo Errejón, número dos de Podemos, y a Irene Montero, jefa de gabinete de Iglesias; a Yolanda Díaz, coordinadora de IU en Galicia y a Joan Josep Nuet, coordinador de EUiA. Quedaron en abrir la negociación en torno a esas premisas.

Las claves del acuerdo

 Estas son las condiciones de un acuerdo entre Podemos e Izquierda Unida.

La fórmula jurídica. El fracaso del pacto antes del 20-D tuvo mucho que ver con el choque por su forma legal, que tiene su trascendencia en términos de la identidad de las dos organizaciones. Antes de las generales, Podemos se opuso a la coalición electoral entre los dos partidos, salvo en Galicia, Cataluña y Comunidad Valenciana. En su lugar, pretendía que dirigentes de IU se integraran en sus listas. La federación de izquierdas reclama la coalición para asegurar su autonomía.

Alianza estatal o autonómica. Antes del 20-D, Podemos pretendió solo acuerdos territoriales, mientras IU prefería un pacto estatal. El partido de Iglesias se ha abierto ahora a esta última posibilidad.

La marca. Podemos no quiere que las siglas de IU aparezcan en la papeleta electoral, mientras el sector identitario de la federación busca preservarlas.

Las listas. Los dos partidos tienen que negociar cómo integrar a sus dirigentes en las listas conjuntas. El puesto de Alberto Garzón, que tendría que desplazar a miembros de la cúpula de Podemos en Madrid, será clave.

La última reunión, ya oficial, se celebró el 1 de octubre en la sede de Podemos. Los negociadores de este partido, según fuentes próximas, llegaron con líneas rojas muy claras: no aceptarían una coalición estatal, tampoco las siglas de IU, y era imprescindible un acuerdo económico que dejara muy claras las responsabilidades de cada uno, sobre todo acerca de la abultada deuda de IU. Pero el secretario de Organización de IU planteó la coalición federal. “Era lo que habíamos aprobado en nuestros órganos de dirección del partido”, asegura Barrena a EL PAÍS. “Si no lo aceptaban, no había margen de negociación”, apunta. Los interlocutores de Podemos no entendieron el cambio de IU, e Iglesias decidió romper ese mismo día. “La lógica de acuerdos entre partidos nunca ha estado en la hoja de ruta de Podemos”, dijo el comunicado de la organización.

 Clima de desconfianza

 Los implicados de nuevo en las negociaciones aprecian ahora un cambio sustancial en Podemos. “Entonces había un clima de desconfianza, que ahora no está cien por cien superado, pero que ha cambiado. Todo se puso en contra”, recuerda el diputado catalán Nuet. El partido emergente ha dado un giro estratégico y está dispuesto a admitir las condiciones de Garzón. “El clima es positivo y Podemos ya ha dejado claro que la coalición no sería un obstáculo”, indica. Aupado por su repunte en las encuestas y el desgaste de Podemos, Garzón se ha permitido poner nuevas premisas: no aceptará “confluencias a la carta”, esto es, solo por territorios, sino un solo pacto estatal. Y esta vez buscará ir en la lista de Madrid. De las siglas de IU no se ha pronunciado, consciente de que es muy probable que tengan que desaparecer de la papeleta. “Las siglas son trincheras para ser derribadas”, dijo la semana pasada la diputada gallega de IU por En Marea Yolanda Díaz.

Los escollos parecen salvados. Falta la concreción, que se abordará esta semana. Los negociadores son optimistas: “Ahora hay una idea instalada de que juntos podemos ganar, ese viento de cola nos empuja”, augura Nuet.