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La semana en la que José Manuel Soria se perdió en el laberinto

El exministro se vio desbordado por la abundancia de pruebas en su contra, contra las que fue incapaz de aportar una explicación convincente

José Manuel Soria, en una imagen de archivo.

La última vez que EL PAÍS pudo hablar con el ya exministro José Manuel Soria, este jueves a primera hora de la tarde, sonaba como un boxeador noqueado, intentando dar con las cuerdas para buscar apoyo y consciente de que ya sonaba el conteo para su KO definitivo.

"Me he sobreexpuesto, al querer dar de inmediato explicaciones que no tenía", intentaba explicar. "Hace 20 años que dejé los negocios y me volqué en la política. No tengo ni idea de dónde ha salido todo eso. Le estoy pidiendo a mi hermano que me aclare todo cuanto antes, porque necesito contar algo".

Alguien le había avisado 15 días antes de que su nombre figuraba en los papeles de Panamá. Su convencimiento —o su prepotencia—  de que no había nada contra él, le llevó a no reaccionar. Fue avisado de nuevo, dos días antes de la publicación. No hizo nada, más allá de negarlo. Una mínima prudencia le hubiera obligado a rastrear en los papeles de su pasado empresarial para tener algo a lo que agarrarse.

El lunes estallaba finalmente la primera de las noticias que acabarían por acorralar al ministro, amigo personal del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y hombre fuerte de ese Ejecutivo. El Confidencial y La Sexta Noticias publicaban que el nombre y la firma de Soria aparecían en un documento salido del despacho panameño Mossack Fonseca, origen de las filtraciones. 

El exministro figuraba como administrador de la sociedad UK Lines Limited, inscrita en el registro de Bahamas, un paraíso fiscal, en septiembre de 1992. Junto a su nombre estaban los de Tomás Poggio y Méndez Fernández de Lugo. 

El nombre de Soria se borró del documento dos meses después, en noviembre de 1992. Una carta dirigida al despacho aseguraba que se trataba de un error. Le sustituyó como administrador de la sociedad Luis Alberto Soria, su hermano, hasta la disolución de la sociedad en 1995.

¿Quién envió esa carta advirtiendo del error? Canal Trust Company Limited, una compañía fiduciaria dedicada a gestionar sociedades. Fue creada por BBV Privanza, una división del banco BBV que fue investigada y, en parte, desmantelada, después de un complejo proceso judicial. Entre sus accionistas figuraban BIBJ Nominees Limited y BBJ Management Limited.

Soria parecía estar muy seguro de su inocencia. Ese mismo lunes, desde Lanzarote, improvisaba una rueda de prensa en la que anunciaba que nunca había tenido empresa alguna, ni en Panamá ni en ningún paraíso fiscal. Explicaba, además, que había dado órdenes a su abogado para que iniciara los trámites para solicitar una comisión rogatoria al país caribeño y reclamara cualquier información existente sobre su persona. 

Así de rotundo se mostraba en la defensa de su inocencia, y nadie en el Gobierno dudó de su palabra.

Al día siguiente, sin embargo, surgían nuevos documentos. Soria figuraba como secretario, entre 1991 y 1997, de una sociedad con el mismo nombre que la anterior, UK Lines Limited, pero en esta ocasión registrada en el Reino Unido.

Las explicaciones de Soria comenzaban a perder consistencia a chorros. El exministro aseguró que no sabía que había sido secretario de esa sociedad, ni mucho menos que fue su padre, Manuel Soria Segovia, quien había fundado la compañía junto a otro socio. Estuvo al frente de ella hasta su fallecimiento en 1990, cuando le sustituyó su hijo.

Soria hablaba constantemente con Rajoy, y hasta el último minuto estuvo convencido de que contaba con el respaldo de su amigo. 

Las primeras declaraciones de los dirigentes del Gobierno y del PP fueron firmes, en defensa del político. Había desavenencias respecto al modo apresurado en que había salido a dar explicaciones, sin contar con todos los datos, pero se creía en su inocencia.

Hasta que este jueves diversos medios, entre ellos EL PAÍS, publicaron el documento en el que los hermanos Soria aparecían como administradores de Mechanical Trading Limited, ubicada en la isla británica de Jersey, uno de los mayores paraísos fiscales en Europa. Sus nombres y firmas figuraban en el acta de resolución de la compañía, fechada en el 2002. Durante todos los años anteriores, aparecían como accionistas principales BIBJ Nominees Limited y BBJ Management limited. Eran las dos empresas socias de Canal Trust Limited, precisamente la compañía que creó UK Lines Limited en Bahamas, que había dado instrucciones para que figurara el nombre de Soria y que luego solicitó que fuera eliminado al tratarse de un error.

El círculo se cerró en ese momento. Soria perdió la confianza del presidente del Gobierno y de sus compañeros de Ejecutivo y del PP. Hasta ese momento aún se mostraban convencidos de que sería capaz de aportar explicaciones convincentes en la comparecencia ante el Congreso que estaba prevista para el próximo lunes.

"No creo que se trate de fuego amigo, ni de una conspiración, pero es cierto que me he labrado enemigos poderosos durante estos cuatro años", explicaba a EL PAÍS José Manuel Soria. "He decidido encerrarme en mi despacho y estoy estudiando todo como si fuera un opositor, para poder enterarme yo mismo de qué ha sucedido. Esto último, lo de la empresa de Jersey, lo he sabido hace unas horas. No tengo ni idea de dónde ha salido. Sí, esa es mi firma, está claro, pero no recuerdo haber firmado eso".

Soria reconocía en esa conversación que se hallaba encerrado en un laberinto del que no conocía la salida, ni entendía cómo había acabado dentro. Incapaz de entender, hasta el último momento, que ya no era tan importante que él se aclarara como impedir cuanto antes que arrastrara con él a su estrecho amigo y jefe político, Mariano Rajoy.

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