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Rajoy llamará a Sánchez sin una nueva oferta y solo espera elecciones

El líder del PP vuelve a tratar a Ciudadanos como rival electoral

Mariano Rajoy, el pasado 13 de marzo en Pontevedra.

Mariano Rajoy afronta la cuenta atrás para la convocatoria de elecciones sin que esté prevista una nueva oferta para intentar formar Gobierno. Sabe que sus posibilidades de acuerdo con el PSOE son casi nulas y ante la probabilidad de nuevos comicios vuelve a tratar a Ciudadanos como rival electoral.

“La situación es la misma que el 21 de diciembre”, admiten miembros del Ejecutivo en funciones y dirigentes populares. Tres meses después del 20-D, el líder del PP, Mariano Rajoy, apenas se ha movido de su posición, la de exigir encabezar el Gobierno por haber sido el partido más votado. Mientras, el PSOE y Ciudadanos han firmado un pacto de 200 medidas y el líder socialista y el de Podemos se reúnen este miércoles. Aunque en público insisten en que repetir elecciones es “la última opción”, el PP se ha colocado ya en ese escenario y su estrategia para los próximos 35 días, el plazo hasta la convocatoria de nuevos comicios, consiste en trasladar el mensaje de que han hecho todo lo posible para llegar a un acuerdo y responsabilizar a Pedro Sánchez de la necesidad de volver a las urnas.

El PP anunció el 3 de marzo que llamaría a Pedro Sánchez para negociar, pero el presidente en funciones aclaró después que prefería “enfriar las cosas” hasta después de Semana Santa, contradiciéndose a sí mismo, pues en cada intervención alerta de los riesgos de la incertidumbre política para la recuperación económica. Rajoy no tiene prisa porque sabe, como admiten fuentes populares, de las nulas posibilidades de acuerdo con el líder socialista, entre otras cosas, porque el comité federal del PSOE aprobó una resolución el pasado 28 de diciembre por la que rechaza “facilitar el apoyo a la investidura de Mariano Rajoy o de cualquier otro candidato del PP”. El objetivo, pues, de esa llamada y eventual reunión con Sánchez es la de hacer ver que el PP sigue intentando negociar y culpar al “señor del No” —como denominan al líder socialista— del bloqueo.

Aislado y con el pleno del Congreso a punto de llevarles al Tribunal Constitucional por negarse a someterse al control parlamentario, el PP trata de mantener la iniciativa organizando convenciones por cada uno de los pactos que ofrecen para formar Gobierno —empleo, Estado del bienestar, unidad de España, reforma fiscal y lucha contra el terrorismo—. En la primera, sobre empleo, Rajoy repitió casi palabra por palabra su mensaje de la pasada campaña porque de hecho, esos pactos que presentan como oferta negociadora coinciden con los objetivos para la legislatura que el candidato popular trasladó por toda España en los días previos a las elecciones. El PP solo ha añadido uno nuevo, la lucha contra la corrupción, aunque según el portavoz Pablo Casado, no habrá convención específica sobre ello.

El PP incluso ha dado marcha atrás en una de las únicas nuevas ofertas desde el pasado 20-D. El vicesecretario de Sectorial, Javier Maroto, aseguró el pasado 18 de febrero: “Si el PSOE o Ciudadanos quieren una vicepresidencia del Gobierno, no tendríamos ningún problema en aceptarla”. La oferta fue recogida por todos los medios de comunicación, pero el PP se desmintió a sí mismo un mes después, a través de un comunicado en el que negaba “tajantemente” haber ofrecido una vicepresidencia a Rivera.

El desmentido da muestra de la tormentosa relación que el PP mantiene con Ciudadanos. Durante la campaña fueron el principal foco de sus ataques —eran un “producto de marketing” y “voto de alto riesgo”—. Tras las elecciones, los populares les invitaron a su gran coalición con el PSOE y durante semanas elogiaron su actitud “responsable” y “constructiva” en busca de acuerdos. Pero todo cambió tras el pacto entre Rivera y Sánchez y especialmente después de que Ciudadanos pidiera a Rajoy que se apartara. Desde entonces el PP ningunea al partido de Rivera. El portavoz popular en el Congreso, Rafael Hernando, respondió a la última oferta negociadora de Ciudadanos pidiéndoles únicamente que les ayudara a generar las condiciones para un encuentro “al máximo nivel” entre Rajoy y Sánchez —“vuestro socio”— sin Rivera presente.

El PP vuelve a tratar a Ciudadanos como rival electoral y el propio Rajoy admitió recientemente que les había arrebatado “muchos electores” el pasado 20-D. Los populares explotan las reuniones de Sánchez con el presidente catalán, Carles Puigdemont, y con Iglesias este miércoles para tratar de romper ese matrimonio y sobre todo para desgastar a Rivera, al que acusan de traicionar a sus votantes por aliarse con el PSOE.  

La corrupción frustra la estrategia del PP

N.J.

Dos asuntos frustran la estrategia del PP para las próximas semanas de culpar a sus rivales políticos del bloqueo político y recuperar sus promesas de la pasada campaña. Uno es la corrupción, que acapara titulares por el caso Taula y ha provocado una brecha en las disciplinadas filas populares, dividiendo a los jóvenes portavoces y los veteranos.

El otro debate que ha irrumpido con fuerza, pese a los intentos de los populares por enterrarlo, es el del liderazgo de Mariano Rajoy, que ayer cumplió 61 años.

El líder del partido repitió que Rita Barberá no había sido aún acusada de nada y se dio por satisfecho con sus explicaciones, pero el PP le abrió finalmente expediente informativo y en los próximos días la exalcaldesa valenciana tendrá que declarar —en persona o por escrito— ante el Comité de Derechos y Garantías del partido. El instructor elegido, Francisco Molinero, llevó anteriormente el expediente a Rodrigo Rato por las tarjetas black y el del diputado por Segovia Pedro Gómez de la Serna, que finalmente pidió la baja en el partido y fue relegado al Grupo Mixto. El martes hay pleno en el Senado y, salvo ausencia de Barberá, se debatirá en su presencia una moción del PSOE que insta a suprimir los aforamientos como el que disfruta la senadora popular.

El partido se enfrenta, además, a la rebeldía de los nueve —de 10— concejales del PP en Valencia imputados. Lleva desde enero intentando que dimitan, pero se resisten.

En cuanto al segundo debate que frustra la estrategia del PP, Rajoy trata de zanjarlo en cada intervención: “No me voy a rendir nunca”, dijo hace unos días. Pero ya no hay acto o entrevista en el que los populares no tengan que responder sobre el cuestionado liderazgo del presidente en funciones.

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