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Ceuta, ‘base’ de la flota rusa en el Estrecho

Grupos derechistas de EE UU y Reino Unido critican las frecuentes escalas de la Armada de Moscú en la plaza española

El submarino de la armada rusa “Novorossiysk” atracado en el muelle España de Ceuta el pasado agosto.

Once eurodiputados —el convergente Ramón Tremosa, un nacionalista flamenco y representantes de Polonia y las repúblicas bálticas— se han dirigido a la Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, Federica Mogherini, para denunciar las escalas de buques de la Marina rusa en el puerto español de Ceuta. Los eurodiputados quieren saber si Mogherini es consciente de que se están realizando estas operaciones, “fundamentales para el mantenimiento de las posiciones del Ejército ruso en Ucrania”, y si suponen una violación de las sanciones impuestas por la UE a Moscú tras la anexión de Crimea.

Desde 2011, más de 50 buques de guerra rusos han atracado en Ceuta para realizar avituallamiento y dar descanso a las tripulaciones. La lista incluye desde submarinos a fragatas, destructores, buques anfibios, de apoyo logístico o remolcadores.

La frecuencia de las escalas —al menos una decena cada año— ha convertido a esta plaza española del norte de África en principal base de la flota rusa en el Mediterráneo occidental. Al otro extremo de este mar, la Armada rusa cuenta con una base propiamente dicha en Tartus (Siria), pero sus buques también han atracado en Malta o Grecia.

Estas visitas son autorizadas caso por caso por el Negociado de Sobrevuelos y Escalas, dependiente de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Asuntos Exteriores, teniendo en cuenta la seguridad del entorno, la población y las características del puerto. Fuentes diplomáticas aseguran que estas operaciones no vulneran las sanciones impuestas a Rusia y que España no ha recibido ninguna queja de sus socios y aliados en la UE y la OTAN por una política que se aplica “con total transparencia”.

Las mismas fuentes agregan que “las escalas están ligadas a actividades rutinarias de la navegación y nunca a una actividad militar, ya se trate de maniobras o de cualquier otro tipo”.

Ingresos

Un aspecto no despreciable de estas visitas, que suelen prolongarse unos tres días, son los ingresos que suponen para la ciudad. Según la Autoridad Portuaria de Ceuta, en 2014 desembarcaron unos 2.300 marineros rusos. Del registro de venta de divisas se deduce que cada uno de ellos cambió una media de 450 euros, lo que supone más de un millón al año, que se gastan fundamentalmente en comercios y restaurantes locales.

A ello hay que sumar el coste en avituallamiento. Un buque anfibio reposta unas 300 toneladas de gasoil y 150 de agua; mientras que un petrolero puede llegar a las 3.750 toneladas.

La Embajada rusa en Madrid se sorprende de que levante polémica “una práctica tan común como las escalas en puertos extranjeros. Se realizan previa solicitud de permiso en plena consonancia con la legislación internacional e interna”, asegura un portavoz. “Su objetivo es el descanso del personal y abastecimiento de agua y alimentos. Además, la escala de buques resulta beneficiosa para los puertos y ciudades que los acogen”.

Tras la denuncia de los eurodiputados se encuentra Heritage, un think tank estadounidense vinculado al ultraconservador Centro Margaret Thatcher por la Libertad. Sus promotores son firmes defensores de la presencia británica en Gibraltar y acusan a España de hipócrita por permitir las escalas de buques rusos en Ceuta mientras prohíbe el tránsito directo de barcos de la OTAN entre la colonia y puertos españoles. Su campaña ha llegado al punto de instar a la Administración y al Congreso de EE UU a presionar al máximo nivel a España para que cese en un comportamiento que califica de “inaceptable”.

Frente a quienes insinúan desde Heritage que los buques rusos podrían espiar Gibraltar, expertos españoles sugieren que Ceuta se ha convertido en un observatorio privilegiado del estado de la flota de Moscú: entre las últimas escalas, en agosto pasado, figura la del Novorossiysk, un submarino de tercera generación que se considera casi imposible de detectar. Tampoco parece casual que España derive a sus huéspedes rusos a una ciudad cuya soberanía le disputa Marruecos, en vez de enviarlos a un puerto peninsular.

Pese a que se trate, en apariencia, de una decisión técnica y económica, no se oculta su trasfondo político. El Gobierno español cumple leal y escrupulosamente las sanciones impuestas a Moscú pero, al margen de ellas, intenta mantener las mejores relaciones posibles con Rusia. La última muestra es la invitación del jefe de la diplomacia rusa, Sergei Lavrov, a su colega español, José Manuel García-Margallo, para que España se sume al grupo que media en la guerra siria.