“Los narcos ya no son personajes carismáticos”

Luis Uriarte, fiscal antidroga de Pontevedra, afirma que el tráfico de cocaína en Galicia no ha bajado de intensidad sino que las descargas en la costa se han contenido

Mayor planeadora incautada en Europa, hallada en una playa de Nigrán en el año 2009.

En las poblaciones costeras de las Rías Baixas hace tiempo que no se oye el zumbido nocturno de los motores de las planeadoras que delatan a los narcotraficantes en acción. El trasiego de fardos a bordo de estas lanchas superveloces -en ocasiones huyendo de la persecución de Aduanas- ha dejado de ser un hecho habitual en el litoral gallego incluso a plena luz del día. Pero los narcos no han dejado de trabajar sino que utilizan vías alternativas para asegurar los cargamentos, hostigadas por la policía en tierra y mar, donde se han desplegado dos sistemas combinados de videocámaras con infrarrojos y repetidores de señal de radares en siete puntos del litoral y en las cuatro islas atlánticas.

El fiscal antidroga de Pontevedra, Luis Uriarte, afirma que “la actividad no se ha parado y Galicia sigue siendo una de las principales puertas de la cocaína a Europa, ya que aunque ahora muchos alijos se están desviando hacia enclaves portuarios de Bélgica y Holanda, el 70% de esta droga se consume en España, Italia e Inglaterra.”

La diferencia, explica Uriarte, está en la forma de trabajar de los narcotraficantes: "Se han vuelto más cautos porque el transporte de los grandes cargamentos tiene mayores riesgos para ellos y los puertos y aeropuertos han adquirido mayor protagonismo por la presión policial”.

El fiscal advierte que los indicadores del narcotráfico fluctúan constantemente y la situación puede cambiar con gran rapidez a igual que las tendencias del transporte. “Las descargas han bajado en número y creemos que entra menos droga, lo que hace que los precios de la cocaína también hayan subido. Pero todo depende del propio abastecimiento del mercado y si entra un cargamento grande en Galicia, mañana [esos precios] vuelven a bajar. Las planeadoras no se ven pero siguen estando ahí”, asegura sobre un negocio "muy arraigado" en las Rías Baixas, una "frontera estratégica" para la entrada de cocaína por los "buenos contactos con Sudamérica" y la "experiencia marinera del traficante gallego".

El fiscal antidroga de Pontevedra, Luis Uriarte. EFE

Galicia acapara el 25% de las aprehensiones de esta sustancia en todo el territorio nacional, que arrojan un promedio de 20 toneladas anuales; unos indicadores que según el fiscal antidroga no han variado con la captura de al menos dos o tres grandes cargamentos al año a través de barcos nodrizas. “El problema persiste y no podemos hablar de un cambio radical, sí de un cambio de actitud de la sociedad que ahora consiente menos y hace que el traficante que antes se exhibía ahora se esconda”, subraya.

En su radiografía del narcotráfico después de seis años como delegado especial antidroga en la provincia, este fiscal también experto en ciberdelitos incide en que “los protagonistas en el narcotráfico gallego ya no son los mismos, aunque queden algunos históricos que podrían volver a trabajar en cualquier momento al salir de prisión". "Lo cierto es que los grupos más operativos ahora tienen distintas formas de trabajar y sus dirigentes ya no son figuras carismáticas", añade.

Uriarte descarta hablar de mafia a la italiana pero la infraestructura que se emplea en Galicia en cada transporte y el volumen de los envíos es mucho mayor que por ejemplo en Sicilia, donde los alijos incautados apenas superan los 300 kilos. “Detrás de un cargamento hay mucha logística y varias organizaciones y esto ha hecho que surjan con facilidad. Sin embargo, no me cabe duda de que la policía, Aduanas y la Guardia Civil han evitado que la actividad repunte y que se multipliquen estos grupos sin control. De lo contrario no sabemos a qué camino nos hubiera llevado”.

Alta reincidencia y bajas condenas

A pesar de los golpes policiales y decenas de detenidos en la última década, el índice de reincidencia del narcotraficante es, sino el mayor, uno de los más elevados. Uriarte admite que las penas no resultan proporcionales al beneficio que produce el tráfico a gran escala y cree que deberían ser más severas. “En España, aunque depende de los supuestos, las condenas previstas son mucho menores si las comparamos con otros países de nuestro entorno como Portugal, Italia o Francia. Habría que preguntarse si 3.000 kilos de cocaína compensan por nueve años de prisión; muchos creen que sí”.

Los acuerdos de conformidad agilizan la justicia pero también facilitan las rebajas de penas para los traficantes confesos lo que hace que se perciba que el crimen ya no sale tan caro para el delincuente como antes. “Tenemos un ordenamiento jurídico y no podemos traspasar sus límites, pero no creo que este sea un factor de reincidencia porque el problema, insisto, no es el acuerdo sino las penas que prevé la ley que, que en mi opinión, debería ser más severas para el narcotráfico”, afirma.

“A pequeña escala, yo creo que ha habido una mala aplicación de la suspensión de ejecución de penas en los casos de consumo de drogas; es decir, el adicto que trafica para consumir. Esta previsión legal se ha aplicado de manera abusiva y eso ha podido animar a que se siga traficando”, apunta Uriarte.

Con fama de duro en las negociaciones para cerrar acuerdos de conformidad, Uriarte ha tenido que lidiar con grandes jefes de la cocaína que se confiesan en su despacho y lo hace fríamente. “No podemos olvidar que la droga mata, que el traficante pone en peligro la vida de la gente por tener un coche mejor o una casa más grande. Esto es lo absurdo del narcotráfico y también lo más llamativo desde un aspecto más humano”, explica el fiscal.

Los mayores avances en la lucha contra el narcotráfico se han producido en perseguir el beneficio económico del delito, con reformas legales para privar al narcotraficante de su patrimonio. “El trabajo del Servicio de Vigilancia Aduanera ha sido fundamental contra el blanqueo de dinero, lo que ha derivado en los mayores procesos con ramificaciones internacionales”, concluye Uriarte.