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De Ciutadans a Ciudadanos

Un año después de las elecciones andaluzas, primeras en la expansión nacional del partido, la formación emergente presume de casi 100 diputados autonómicos y 40 nacionales

Juan Marín y Albert Rivera, tras las elecciones andaluzas, el 22 de marzo de 2015. (EFE)

Todo empieza ahora hace un año, en Andalucía. Cuando la madrugada llega, Albert Rivera se sube a la tarima de un hotel de Sevilla rodeado de aplausos. Levanta nueve dedos de las manos, y decenas de personas gritan y le imitan. Ya han acabado las elecciones autonómicas andaluzas de 2015. Ciudadanos ha logrado nueve diputados (9,28% de los votos) con un candidato desconocido (Juan Marín), sin apenas presupuesto (dos millones de euros) y con una estructura inexistente. Hay gestos de sorpresa. Al fin y al cabo, esta formación nació en 2006 en Cataluña y solo ahora pone un pie en el resto de España. Rivera todavía no puede saberlo, pero ese es el pistoletazo de salida para que Ciudadanos se expanda con éxito por todo el país y logre 40 diputados en las elecciones generales del 20-D.

"Lo que podía ser un problema se convirtió en una oportunidad", recuerda Fran Hervías, secretario de organización, sobre la decisión de Susana Díaz (PSOE) de adelantar las elecciones. "Por primera vez, en el equipo central de Ciudadanos planificaríamos y dirigiríamos una campaña fuera de Cataluña. Andalucía era clave. Desde la dirección teníamos claro que si queríamos ser un Partido nacional no podíamos decir no a presentarnos. Dimos un paso al frente, fuimos valientes, y nos pusimos como objetivo sacar representación", describe. "El éxito de esas elecciones para Ciudadanos se convirtió en la imagen de que veníamos en serio a la política nacional. Durante los siguientes días hubieron 5.000 nuevas afiliaciones en toda España". Y añade: "El mayor éxito ha sido, sin duda, pasar de ser Ciutadans a ser Ciudadanos. Por primera vez, un partido nacido de la sociedad civil catalana y que ha luchado contra el separatismo y la corrupción se implanta y se consolida en toda España".

Fue una explosión fulgurante. Ciudadanos arrancó 2015 con apenas unas decenas de concejales, nueve diputados autonómicos en el Parlamento catalán, dos eurodiputados y 15.000 afiliados. Su sede barcelonesa era tan pequeña que obligaba a los dirigentes a compartir despachos. Solo dos personas cobraban directamente del partido. Rivera era su única cara identificable. El partido presume hoy de más de 1.500 concejales, tiene 99 diputados autonómicos, 40 diputados nacionales, tres senadores y más de 32.000 afiliados. Nunca hubo un partido en la historia de España que se expandiera tan rápido y en tantos sitios al mismo tiempo. Inés Arrimadas se ha creado su propio espacio como líder de la oposición en Cataluña. La sede del partido se ha trasladado a Madrid y tiene cinco pisos. El mejor resumen de los cambios.

Una expansión en primera persona

"Han sido dos años muy duros", describe Fran Hervías, secretario de organización de Ciudadanos que dedicó ese tiempo a viajar por España en su coche para sentar las bases del proyecto del partido. "Desde que pusimos en marcha Movimiento Ciudadano a finales del 2013, cuando éramos un proyecto encima de un papel, me he pasado el tiempo viajando por toda España para expandir, implantar y estructurar un nuevo partido", recuerda. "Te encontrabas con decenas de personas, que no se conocían entre ellas, ilusionadas con lo que estábamos construyendo. Era una responsabilidad muy grande. Tenía que cohesionarlos y después orientarlos", añade. "Tuve que sacrificar mi vida personal y familiar, pero creo que ha merecido la pena el esfuerzo".

La Ejecutiva nacional considera “un éxito” su estrategia de implantación nacional. Se ha cumplido, aseguran, el mandato de los fundadores, que pidieron que se actuara con prudencia. No ha habido  crisis de crecimiento. Sí que se han tomado "riesgos". Ciudadanos se extendió absorbiendo uno a uno a los integrantes de otros partidos previamente disueltos. A toda prisa. Así llegó a sus filas, por ejemplo, Eva Borox, que ha dimitido esta semana como diputada autonómica por su relación con David Marjaliza, muñidor de la trama Púnica, pese a que no está imputada. El partido ha tenido 1.800 bajas entre sus afiliados y le ha cerrado las puertas a 700 personas que querían darse de alta y fueron consideradas como “arribistas”, en descripción de miembros de la Ejecutiva. Eso no ha evitado que nuevos miembros protagonizaran declaraciones polémicas o rompieran la disciplina interna.

 Así es como ha luchado el núcleo duro de Rivera para mantener las riendas del partido. Casi 60 concejales están fuera de la formación tras ser expulsados o abandonarlo por voluntad propia, y la estructura territorial, según reconocen fuentes de la dirección, se ha diseñado para evitar el surgimiento de baronías autonómicas como las del PP y el PSOE.

Este modelo separa a Ciudadanos de Podemos, la otra formación que ha irrumpido con fuerza en la política nacional. Mientras que el partido de Rivera creció empleando siempre sus siglas, el de Pablo Iglesias lo hizo con alianzas territoriales.

“Ciudadanos está formado por profesionales, cuadros medios y burguesía bastante ilustrada, según dicen las encuestas”, fotografía Félix de Azúa, fundador del partido. “Ha dado ejemplo de talento negociador frente a unos partidos cerrados y dictatoriales que sólo buscan el beneficio personal de sus jefes”, sigue sobre los pactos autonómicos firmados por Rivera con el PP (Madrid, La Rioja, Murcia y Castilla y León) y el PSOE (Andalucía); y el acuerdo de Gobierno suscrito con Pedro Sánchez. “Creo que no ha defendido a los catalanes de cultura española, por ejemplo, a los padres que piden educación en español”.

Los dirigentes de Ciudadanos aseguran que las raíces del partido son fuertes. Su estructura será examinada este año por las elecciones en Galicia y el País Vasco, dos Comunidades en las que la implantación de la formación es débil. Puede haber, también, generales. Ciudadanos se enfrenta ahora al examen de la consolidación de su crecimiento.