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PP y PSOE atan sus planes a la capacidad de resistir de Podemos

Rajoy trabaja ya en las próximas elecciones y Sánchez está amarrado al pacto con Ciudadanos. Solo Iglesias puede evitar nuevos comicios

Reunión del 15 de marzo de los grupos de negociación de PSOE, Ciudadanos y Compromis, encabezados por Hernando, Gutierrez y Baldovi. EL PAÍS

Rajoy y Sánchez persiguen objetivos distintos, pero el diseño de su estrategia tiene los mismos ingredientes: el Partido Popular trabaja ya en las próximas elecciones y lo único que alteraría sus planes sería que Podemos no pudiera resistir las presiones internas y externas y acabara facilitando con su abstención un Gobierno presidido por el socialista en coalición con Ciudadanos. El PSOE está amarrado al pacto cerrado con la formación de Albert Rivera, y se concentra en traer a su terreno con acuerdos parciales a los partidos minoritarios. Solo si doblegan al partido de Pablo Iglesias evitarán nuevos comicios.

Han pasado ya tres meses desde las elecciones generales del 20-D, y las posibilidades de poner en marcha una gran negociación que ponga el contador a cero se han agotado. En todo este tiempo, el único esfuerzo por levantar un pacto de legislatura amplio y completo ha sido el realizado por el PSOE y Ciudadanos. Una carambola del destino, tras renunciar Rajoy a la iniciativa que le brindaba el Rey, que fue aprovechada por Sánchez y Rivera para emprender una negociación exhaustiva y compleja. El resultado: un acuerdo que sienta bases, pero que limita las posibilidades de ensayar otras fórmulas.

“A poco más de un mes para que se convoquen elecciones, si ese es el caso, es imposible renunciar a todo lo acordado para empezar de cero. ¿Con qué cara miras al electorado para explicarle que nada de este compromiso iba en serio?”, señalan fuentes del equipo negociador socialista.

Cartas, Whatsapp y citas por concretar

La reunión con Rajoy, a la que el líder del PP no puso en un principio pegas para que fuera a tres bandas, con Sánchez y Rivera, permanece en el limbo. Y con limitaciones. De momento, los populares ya han dejado claro que prefieren que los encuentros sean bilaterales, dan prioridad a una cita con el líder socialista y prefieren dejar pasar el tiempo. El propio Rajoy aclaró que esperará hasta después de Semana Santa.

El PP ha enviado una carta a Ciudadanos, firmada por su portavoz parlamentario Rafael Hernando, para dejarles claro, en tono despectivo, que les consideran irrelevantes y pedirles que faciliten el encuentro Rajoy-Sánchez.

Sánchez e Iglesias rompieron el hilo con un breve intercambio vía Whatsapp y Telegram, pero siguen sin verse cara a cara.

Eso no quiere decir que el tiempo que queda por delante, hasta que el mandato constitucional haga irremediable la convocatoria de nuevas elecciones, sean minutos basura. Los socialistas no dejarán de intentar el acuerdo con los partidos minoritarios y con los aliados territoriales de Podemos más proclives a facilitar un Gobierno de Sánchez. De ahí las reuniones con Izquierda Unida, con Compromís y con el PNV. O los encuentros, algunos no aireados públicamente, con agentes sociales y económicos.

Una envolvente

Persiguen una envolvente que achique el espacio del partido de Pablo Iglesias. Son conscientes de la dificultad del empeño, pero en el peor de los casos, consideran todo lo realizado “una inversión de futuro”. El objetivo, en cualquier caso, es muy limitado: la abstención de Podemos ante una investidura de Sánchez. Nada más. No se plantea en ningún caso que compartieran Gobierno dos partidos que hoy compiten a cara de perro por el espacio de la izquierda y que tienen visiones antitéticas sobre el modelo social y económico que necesita España en un entorno europeo.

Confía mucho el PSOE en que las tensiones internas que está sufriendo Podemos, apenas dos meses después de que hayan pisado por primera vez la moqueta del Congreso de los Diputados, les empujen a replantearse su negativa a permitir un Gobierno de Pedro Sánchez. Quizá porque conocen bien el debate ideológico, territorial y organizativo que atraviesa la nueva formación. Les suena familiar en la historia del socialismo, y confían en que pueda acabar triunfando la tesis de los que prefieren un periodo en la oposición que les permita construir un partido compacto, centralizado y homogéneo.

El Partido Popular también observa con atención todo lo que está sucediendo en Podemos, pero es mucho más escéptico respecto a una hipotética fragmentación del partido emergente. Creen que tienen más capacidad de resistir de la que se les presume, a pesar de las informaciones que leen y escuchan en las últimas semanas. En cualquier caso, es el único factor que podría alterar una estrategia que hoy contempla un único horizonte: unas nuevas elecciones generales. La posibilidad de negociar una gran coalición PP-PSOE, más allá de las reiteradas convocatorias de Rajoy en sus actos públicos, está descartada. Los socialistas quemaron esa nave en su primer comité federal tras el 20-D. Igual de imposible que un apoyo de los populares a un Gobierno de coalición PSOE-Ciudadanos.

Las especulaciones en torno a una retirada de Rajoy que facilitara las cosas no son más que eso, especulaciones. Ni existe una corriente interna organizada en el PP que pudiera forzar ese escenario, ni se entiende cuál sería el avance con ese movimiento. “¿O es que alguien cree que lo primero que haría un nuevo candidato popular sería darse un tiro en el pie y facilitar con su abstención un Gobierno de Sánchez?”, se pregunta retóricamente una fuente socialista.

“Quienes están impidiendo que se forme Gobierno son incapaces de formarlos por sí solos. Los márgenes los conocemos todos. El único modo de evitar nuevas elecciones es que uno de los dos ceda. No hay otra alternativa”, concluye.

La reunión Sánchez-Iglesias sigue en el aire

Ya se da por descontado que los líderes del PSOE y de Podemos se verán la próxima semana, pero lo cierto es que los socialistas mantienen sus dudas sobre la utilidad del encuentro.

La agenda de Sánchez ya está cerrada para el lunes y el martes, y se descarta cualquier encuentro durante los días festivos de Semana Santa. Es decir, la única ventana que se contempla es la del miércoles. Hasta ese día, los socialistas valoran la conveniencia de escenificar un acercamiento personal que, en un principio, después de alcanzar su acuerdo con Ciudadanos, descartaron. El PSOE prefería reuniones de los equipos negociadores en vez de una foto que, con toda seguridad, vendría seguida de ruedas de prensa y declaraciones en las que se evidenciara de nuevo la distancia de los planteamientos, y en las que surgieran de nuevo críticas y reproches.

Lo cierto es que a ese posible encuentro no se le ha dotado de contenido, y, de producirse, Sánchez e Iglesias acudirían a él con posturas que siguen siendo irreconciliables.

Los socialistas no piensan abandonar la estrategia conjunta que mantienen con Ciudadanos, y creen que solo desde el pacto ya alcanzado con la formación de Rivera se puede trabajar en la búsqueda de nuevos apoyos. No se acaban de fiar, además, de la verdadera voluntad de Pablo Iglesias de alcanzar un acuerdo realista, porque hasta ahora, dicen, solo han oído desplantes y exigencias imposibles. Y las dos cosas duelen. “Las formas importan tanto como el fondo”, dice un negociador socialista.