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ANÁLISIS

Don Tancredo Rajoy

El presidente persevera en la inmovilidad y lidera un Gobierno en diferido que se abstiene de responder al Parlamento

Rajoy, en un momento de la entrevista en Telecinco. ATLAS

Mariano Rajoy no responde al Parlamento pero responde a la televisión, casi siempre para evangelizar sobre la intransigencia de Pedro Sánchez. Por eso dijo anoche a Pedro Piqueras que va a "dejar enfriar las cosas", perseverando en el concepto de la política crioniazada. Rajoy no se ha movido desde el 20D y permanece inmóvil.

Urge acordarse de Don Tancredo. Don Tancredo López, pionero del arte estático que luego ha cultivado Rajoy con donosura. Y cuya fama empezó a decaer con ocasión de un desgraciado festejo celebrado en Madrid el 1 de enero de 1901.

Allí se anunciaba como rey del valor y como sugestionador de toros, amparando su fama en la impresión que suscitó su quietud delante de una res llamada Espantavivos. Y delante de la cual permaneció inmóvil, subido a un taburete, como una figura de mármol.

Tanto fue el éxito que le obligaron a repetir, pero un toro de Miura se lo llevó por delante. Provocándole una herida en el muslo derecho y quedándose tan lívido "como un sepulcro blanqueado", de acuerdo con las impresiones de José Bergamín.

Fue un escarmiento para Don Tancredo y para quienes se obstinan en imitarlo. Verbigracia Rajoy, cuya estrategia de inhibición resulta irritante porque se acoraza en su pedestal como si no tuviera obligaciones institucionales y, como si en efecto, fuera el presidente de otro Gobierno o de otra época, hecho estatua.

Es el pretexto con el que ha decidido sustraerse al control del Parlamento. Un Gobierno antiguo no puede someterse a la fiscalización de un parlamento nuevo, nos explica Soraya Sáenz de Santamaría, de tal manera que el PP acaba de proclamar unilateralmente la novedad del Gobierno en diferido.

El desafío institucional se antoja irremediable, más aún cuando Rajoy ha decidido narcotizar la transición hasta las elecciones de junio. Quiere decirse que no habría un nuevo ejecutivo hasta septiembre -en el mejor de los casos- y que el Gobierno en funciones operaría casi un año sin responder ante la cámara de representación ciudadana, arañando la legislatura y el decoro democrático.

Mariano Rajoy se ha convertido en un estilita. Ensimismado en su propia quietud "no tenía ni idea", así dijo anoche, de los desmanes que corrompían el PP valenciano. Se recreaba en la ignorancia como un atenuante (¿?) e incurría en un sospechoso ejercicio de amnesia. Fue él quien dijo a Alfonso Rus "yo te quiero coño", quien definió a Alberto Fabra como "un político y ciudadano ejemplar" y quien protege obstinadamente al zombie de Rita Barberá, acaso consciente de que la matriarca valenciana, acorralada y herida, puede transformarse en el toro de Miura.

Quizá alguno de los cortesanos se atreva a decirle a Rajoy que su aspecto es tan lívido como un sepulcro blanqueado. Como una estatua de un Gobierno en diferido. Como un Espantavivos.