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ANÁLISIS

Lo mejor para Cataluña, lo mejor para toda España

Uno de los grandes retos que tiene España es afrontar el desafío separatista que se ha impulsado desde el Gobierno de Cataluña

Uno de los grandes retos que tiene España es afrontar el desafío separatista que se ha impulsado desde el Gobierno de Cataluña y ser capaces, como país, de reconducirlo, aprender de los errores y salir reforzados.

En las elecciones del 27 de septiembre quedó demostrado que no existe una mayoría independentista en Cataluña. Sin embargo, son muchos los catalanes y catalanas que han desconectado del proyecto común español. La solución mágica de la independencia es una quimera, pero tras años de un Gobierno de Cataluña lanzando el mensaje de que la culpa de todo es de Madrid, para muchos ha sido más factible soñar con un país nuevo ideal que pensar que un Gobierno de Mariano Rajoy sea capaz de hacer reformas y regenerar la política.

Pero no todo está perdido. El Acuerdo de Gobierno Reformista y de Progreso firmado por Ciudadanos y PSOE supone una oportunidad histórica para cambiar este país y regenerar nuestra democracia. Para impulsar una hoja de ruta con más de 200 medidas que apuesten por la economía del conocimiento; por los autónomos y las pymes; por un pacto por la educación y por una Administración sencilla y transparente.

Transformar este país es el mejor proyecto para garantizar un futuro próspero para todos los españoles, incluidos los catalanes. Por ello, la mejor alternativa al mito de la independencia es una España que funcione, y los catalanes no debemos ser meros espectadores de esta nueva etapa de cambio, sino también protagonistas.

Para conseguirlo hace falta recuperar la capacidad de dialogar con los que piensan distinto. Necesitamos un Gobierno de España que aplique estas reformas y que también sea capaz de tender puentes abandonando el “cuanto peor, mejor”. Ante el insistente y falaz “España nos roba” o “España no nos quiere”, el Gobierno del Partido Popular ha apelado únicamente al cumplimiento de la ley. Sin duda, en democracia las leyes y las resoluciones de los jueces se tienen que cumplir; pero también hay que escuchar, dialogar, rebatir argumentos tramposos y negociar las peticiones sensatas. Hacer política no es enrocarse, sino conversar y buscar soluciones.

A pesar de que el Gobierno de la Generalitat ha renunciado a ello, merece la pena debatir ciertas reivindicaciones legítimas defendidas tradicionalmente desde Cataluña que serían asimismo beneficiosas para todo el país, como un nuevo sistema de financiación de los servicios básicos que garantice principios como equidad, suficiencia financiera, corresponsabilidad fiscal y transparencia; o el impulso de infraestructuras necesarias para la industria y el comercio como el corredor mediterráneo.

Trabajar por todo ello debe ser compatible con defender firmemente y sin complejos principios como la unión, la igualdad y la solidaridad, explicando por qué son cuestiones irrenunciables en un país democrático de la Unión Europea. Porque en democracia, además de cumplir la ley, los Gobiernos deben hacer política.

No será fácil ni rápido; son muchos los puentes que tendremos que reconstruir, pero es posible, urgente e ineludible, encontrar una solución a la altura de este reto.Necesitamos poner en marcha un Gobierno que empiece a solucionar problemas de todos los españoles. Cuando lo consigamos, la solución para el desafío secesionista se habrá puesto en marcha.

Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos en Cataluña.

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