Los votantes siguen rechazando las mayorías absolutas y el bipartidismo

La formación de Rivera arrebata el tercer puesto a la de Iglesias tras el debate fallido de investidura

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El debate de investidura de la semana pasada se saldó con un claro vencedor: Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, resulta a ojos de la ciudadanía el político con una capacidad de liderazgo más transversal. Su formación mejora en más de cinco puntos los resultados que obtuvo en las elecciones generales del 20-D y arrebata a Podemos la tercera posición, según la encuesta elaborada por Metroscopia para EL PAÍS. Pablo Iglesias sufre el castigo de los electores por su dureza en el debate parlamentario y por su negativa a permitir, siquiera con la abstención, que prosperara la investidura de Pedro Sánchez.

El intento del líder socialista, tras recibir el encargo del Rey, de presentar en el Congreso una propuesta de Gobierno y obtener la investidura, resultó fallido. Pero el debate parlamentario tuvo su utilidad. La actitud de los diferentes líderes políticos desde la tribuna permitió a los ciudadanos valorar los esfuerzos de cada uno de ellos para dar una salida a la actual situación de bloqueo político.

Albert Rivera fue el más beneficiado en esa primera prueba de cintura política. Su expectativa de voto, si se celebraran ahora unas nuevas elecciones generales, es del 19,5%, es decir, 5,6 puntos porcentuales por encima del resultado que obtuvo Ciudadanos el pasado 20-D, que fue un 13,9%.

La actitud constructiva de Rivera a lo largo de la sesión parlamentaria, que solo adquirió un tono de especial dureza cuando cuestionó el liderazgo de Mariano Rajoy ante los suyos y sugirió a los diputados del PP que se atrevieran a renovar la cabeza de su partido, ha gustado a los electores. Ciudadanos logra, según la encuesta de Metroscopia, arrebatar a Podemos la tercera posición y se sitúa a menos de cuatro puntos del PSOE.

Se aleja el 'sorpasso'

Justo lo contrario de lo que le sucede al partido de Pablo Iglesias. El tono agresivo empleado por el líder de Podemos durante el intercambio parlamentario (ofendió seriamente a los diputados socialistas al acusar al expresidente del Gobierno Felipe González de "tener el pasado manchado de cal viva") le pasa factura. Tras su primera semana de actividad en el Congreso, ve reducida su expectativa de voto. De celebrarse hoy nuevas elecciones, Podemos perdería la tercera posición que obtuvo el pasado mes de diciembre. En estos momentos, su voto estimado es del 16,8%, casi cuatro puntos por debajo del resultado que logró el 20-D, que fue de un 20,7%.

No solo ven cómo se aleja su anhelado sorpasso, el intento de sobrepasar al PSOE y convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda, sino que provocan un trasvase de parte de sus votantes a las filas de Unidad Popular (Izquierda Unida). Los electores han visto más honestidad y templanza en los esfuerzos del líder de esta formación, Alberto Garzón, por construir una coalición de fuerzas de izquierda para desplazar al PP del poder.

En estos momentos, la expectativa de voto de Unidad Popular sube hasta el 5,4%, es decir, 1,7 puntos por encima de la cifra que consiguió el pasado mes de diciembre.

El Partido Popular ha salvado, en cierta medida, los muebles. Con un tono pretendidamente sarcástico y de dura crítica contra la alianza construida entre Sánchez y Rivera, Rajoy logró insuflar en sus parlamentarios y en su base electoral más fiel algo de ánimo. La encuesta de Metroscopia le otorga una estimación de voto del 26%, dos puntos por encima de lo que el mismo sondeo le atribuía hace un mes, pero todavía casi tres puntos (2,7%) por debajo del resultado obtenido en las generales de diciembre. El PP sigue siendo el partido más votado, pero el mérito parece más atribuible a la marca de partido que a su candidato. Solo un 42% de los votantes populares querría que Rajoy repitiera como candidato si se celebraran unas nuevas elecciones generales. Es como si los suyos le reconocieran los servicios prestados pero no le percibieran como un líder de futuro.

En el caso de Pedro Sánchez la situación es la inversa. Si el PSOE se mantiene indemne tras el debate, con una estimación de voto del 23,1% (superior en poco más de un punto al resultado del 20-D), la imagen del secretario general del partido se ha consolidado firmemente entre los suyos. Llega hasta el 80% el número de votantes socialistas que cree que Sánchez debe ser el candidato del partido si se celebran nuevas elecciones.

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