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La transición de Sánchez y Rivera

El PSOE y Ciudadanos son los primeros partidos en ceder en sus posiciones iniciales para alcanzar acuerdos que desbloqueen la formación de Gobierno

Pedro Sanchez y Albert Rivera se saludan en el Congreso. EL PAÍS

Los cuatro partidos con mayor representación han experimentado cambios notables desde las elecciones del 20-D. No tanto en las posiciones programáticas como en los discursos. Los adversarios de la campaña son ahora compañeros de viaje. Los más adelantados han sido el PSOE y Ciudadanos, que han hecho su síntesis programática en 66 páginas con 200 propuestas susceptibles de ser aceptadas en su mayoría por el PP y Podemos.

Pedro Sánchez y Albert Rivera se cruzaron duras críticas durante la campaña, pero desde el Pacto del Círculo de Bellas Artes, del sábado 5 de marzo, han sellado un acuerdo al que tratan de atraer a otros. La invocación a los pactos de la Transición ha sido el asidero al que se ha aferrado Rivera y lo que le permite justificar su acercamiento al PSOE. Su argumento: si tras una dictadura personajes tan diferentes como Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Felipe González, además de Manuel Fraga, fueron capaces de ceder para que la democracia echara a andar, cómo ahora no va a ser posible. Una segunda transición es merecedora de cesiones de todos.

Este es un repaso del antes y el ahora de los cuatro grandes partidos.

PSOE. Ciudadanos ya no son “las Nuevas Generaciones del PP”; ni “la marca blanca del PP”; o “simplemente un partido de derechas”, como repitió Sánchez en campaña. Ahora es un partido “de centro-derecha” que ha pactado “con el centro-izquierda”.

Sánchez “quiso ser portugués pero se ha hecho alemán”, reprocha con sorna el líder de Podemos, Pablo Iglesias. El socialista estudió de primera mano el pacto por la izquierda de Portugal, que desbancó al partido conservador ganador de las elecciones. Sin embargo, el comité federal del PSOE prohíbe un acuerdo con partidos que defiendan el derecho de autodeterminación, como hace Podemos. Sánchez por ahora no se ha saltado esa línea roja porque nada ha pactado de momento con el partido de Iglesias. No es la única cuestión que les separa. En el documento con el que el PSOE contestó a la oferta de Podemos se tachaban los planteamientos de la formación emergente referidos a la economía, las libertades y la separación de poderes, que los socialistas consideran inaceptables.

Desde el primer momento, el PSOE quiso mirar “a derecha e izquierda”. Nada había en el programa de Ciudadanos que le resultara imposible de abordar. Los socialistas tan solo reconocen abiertamente que ha aceptado la implantación del “complemento salarial” que rechazó de plano durante la campaña electoral. Sobre las Diputaciones la propuesta ha quedado en su sustitución por un Consejo provincial de alcaldes, que se parece a la “modernización” que proponía el PSOE. La argamasa para hacer el acuerdo ha solidificado. Si se resquebraja no será por el programa. Será por razones políticas y electorales.

Así están las negociaciones para la formación de Gobierno

Felipe VI no elegirá candidato a la presidencia hasta que algún líder disponga de votos suficientes para lograr la investidura. El plazo expira la primera semana de mayo. Si para entonces no se ha formado Gobierno, el 26 de junio habrá elecciones.

Pedro Sánchez (PSOE) logró 131 votos en la segunda votación para su investidura como presidente. Tuvo mayoría absoluta de votos en contra pese al apoyo de Ciudadanos y CC.

Mariano Rajoy (PP) cuenta con 122 votos, pero es improbable que aumente su cuenta. Ciudadanos está dispuesto a negociar con la formación de Génova, pero difícilmente apoyará la continuidad del presidente en funciones.

Pablo Iglesias (Podemos), sus aliados electorales, e Izquierda Unida, quieren unir sus 71 votos a los 90 del PSOE para hacer a Sánchez presidente. Como Podemos pide una consulta de autodeterminación en Cataluña a cambio, la operación no es viable. Además, no suman los 176 votos que marcan la mayoría absoluta.

Ciudadanos. Anunció que nunca votaría a favor del candidato de otro partido y que jamás entraría en un Gobierno que no presidiera. La primera de esas dos reglas de oro quedó hecha añicos en la primera votación para la investidura de Sánchez como presidente. La segunda podría romperse en las próximas semanas. “No descarto entrar en el Gobierno si hay un gran acuerdo”, dijo Rivera en febrero, asegurando que preferiría no tener que hacerlo.

Estos no han sido sus únicos cambios de posición. La formación ha expulsado a una decena de concejales en la Comunidad Valenciana por pactar con Compromís. Juan Carlos Girauta, portavoz parlamentario, dijo que era “imposible” llegar a un acuerdo de gobierno con este partido. Ahora, sin embargo, Ciudadanos está abierto a negociar sobre la base del documento suscrito con el PSOE. Ocurre lo mismo con Podemos, cuya abstención ya pide abiertamente Rivera. El PNV, que antes no era un socio deseable, tendría abiertas las puertas del acuerdo si no exige una consulta de autodeterminación o el acercamiento de los presos de ETA. En su lista negra quedan ERC, DiL y Bildu.

¿Cómo explica estos cambios Rivera? “Me equivoqué al decir que no apoyaría ni a Sánchez ni a Rajoy. No imaginaba el escenario que iba a salir de las elecciones. Ni siquiera se dan la mano”, dice.

Partido Popular. El PP es el que menos se ha movido desde el pasado 20 de diciembre. Sus líneas rojas siguen intactas: no aceptan ninguna negociación de Gobierno que no encabece Mariano Rajoy y votarán en contra de cualquier otra opción.

Se niegan también a dialogar sobre el documento de 200 medidas pactadas entre el PSOE y Ciudadanos y ofrecen como alternativa, o el suyo propio, con cinco propuestas de pacto de Estado, o empezar a hablar sobre “un folio en blanco”. Sus únicos movimientos han sido la oferta de sendas vicepresidencias a Sánchez y Rivera y la promesa de apoyar al PSOE en el caso de que un eventual pacto con ellos pusiera en riesgo los gobiernos autonómicos y municipales que los socialistas comparten con Podemos.

Podemos. Iglesias anunció que nunca entraría en un Gobierno del PSOE y que jamás sería vicepresidente de Sánchez. Eso, precisamente, fue lo que ofreció tras las elecciones.

La formación pidió un puñado de ministerios, recogió en un documento las funciones que tendría su líder, ofreció la participación de IU, y avanzó condicionantes como la celebración de una consulta de autodeterminación en Cataluña en 2016. Desde diciembre, Podemos ha mantenido una postura ambigua sobre Ciudadanos. Primero exigió a Sánchez que no negociara con Rivera si quería hacerlo con Iglesias. Luego, rectificó, y admitió que hubiera negociaciones en paralelo. Ahora ha vuelto al punto inicial: Podemos y Ciudadanos, advierte Iglesias, son mutuamente excluyentes.

Mientras tanto, la formación emergente afronta el debate interno sobre una cuestión clave: seguir votando en contra de una investidura de Sánchez apoyada por Rivera, o abstenerse para permitir un Gobierno del PSOE.

Con información de Francesco Manetto y Natalia Junquera.

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