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Así cubrimos el 11-M

La cobertura de la tragedia fue, probablemente, la tarea más descomunal emprendida por esta redacción

El día más largo de mi vida en EL PAÍS comenzó a las 7.20 horas del 11 de marzo de 2004. A esa hora estallaron 10 bombas en cuatro trenes que circulaban entre Alcalá de Henares y Madrid. Murieron 191 personas y hubo 1.700 heridos. La cobertura informativa de aquella tragedia se convirtió probablemente en la tarea más descomunal emprendida por la redacción de EL PAÍS en sus 40 años de historia.

El atentado ocurrió tres días antes de las elecciones generales del 14-M, lo que transformó el desempeño profesional de aquel momento en un ejercicio complejo y resbaladizo. El camino de las noticias se llenó de trampas y de manipulaciones que agitaron una grotesca batalla de intereses políticos. El trabajo se complicó desde la misma mañana del ataque, cuando el presidente José María Aznar llamó al periódico para comunicar que ETA había cometido ese atentado. EL PAÍS distribuyó una edición especial donde la versión del presidente ocupaba toda la portada: "Matanza de ETA en Madrid". Pese a aquella apuesta equivocada, el diario mantuvo desde entonces una línea informativa basada en la investigación que atribuyó la matanza a los terroristas islamistas que realmente la cometieron.

Equivocarse en aquel ambiente de trabajo era casi un accidente inevitable. Hubo muchos desmanes periodísticos donde la verdad salió malherida. Pero la hemeroteca de EL PAÍS resiste hoy con dignidad el examen más riguroso de aquellos días.

La plantilla respondió con un colosal esfuerzo al tremendo desafío. Internacional buscó y encontró información de inteligencia extranjera relevante para la investigación. Domingo y Sociedad honraron a todas las víctimas con la serie "Vidas Rotas"; decenas de periodistas completaron 191 perfiles durante semanas de trabajo extenuante y triste. Infografía y Fotografía explicaron con imágenes y gráficos la complejidad de la tragedia. Nacional y Local se afanaron en contar los hechos relevantes y contrarrestar con informaciones diarias las infames teorías de la conspiración jaleadas por el PP.

 EL PAÍS, unido y equipo, utilizó las mejores herramientas del oficio para contar el drama y defender la verdad.

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